Imprímeme

Los memes del perdón sincero

Por: Rav Daniel Shmuels

Los avances de la tecnología cada vez me asombran más; si bien, ellos nos ayudan en el día a día en diferentes circunstancias también están colaborando en el detrimento de nuestras interacciones sociales. Indudable que en esta época de pandemia nos han ayudado en muchísimos aspectos debido al distanciamiento social. De cualquier forma, estamos en el umbral de la pérdida absoluta del individuo como lo conocíamos hasta ahora.

Estos dispositivos tecnológicos que tenemos en nuestras manos actualmente se han convertido en el nuevo “yo” del individuo. Hoy en día vemos como los padres entregan a sus hijos pequeños la versión moderna de “pacificadores” (chupos) bajo la forma de un teléfono inteligente o una tableta electrónica y asunto arreglado. Estos padres modernos introducen a sus hijos en una nueva forma de alienación en el Otro (Autre como diría Lacan) que esculpe sus egos en la más exacta réplica de un avatar para logra sumergirse en la nueva socialización despersonalizada. 

El ideal del niño ya no es el bombero, el policía o el súper héroe que salvaba el mundo. Ahora la aspiración promedio de los niños es ser “influencer” o “youtuber” para ganar millones y ser famoso haciendo lo que sea y a costa de lo que sea. Vemos entonces cientos de miles de niños, jóvenes y adultos en la fortuita búsqueda del re-conocimiento del Otro para finalmente llegar a ser. La lucha del mundo ya no es por la justicia y la verdad sino por obtener la mayor cantidad de seguidores en Instagram o Facebook. Dicen que el emperador romano se sentó a tocar el arpa mientras veía quemar Roma; nosotros, en cambio vemos como se quema nuestro mundo y no hacemos más que echarle leña al fuego. Porque no sólo son los niños o los jóvenes los dependientes de estos aparatos electrónicos, son los padres que no pueden vivir sin ellos quienes están dando el ejemplo.

Desde los más jóvenes hasta los más viejos, todos en unísono se aíslan de los demás para observar quién ha colgado algo nuevo en sus plataformas sociales o para hacer sus programas o tomarse fotos y así obtener más seguidores que le aseguran esa completud instantánea que se desvanece entre las manos cuando el espectador ansioso nunca aparece. El campo de la depresión exógena ahora se debe en su mayoría por la falta de seguidores y no por las atrocidades que le pueden suceder a alguien. Entonces vemos a padres e hijos llorar ríos de lágrimas porque le cancelaron la cuenta de Instagram o YouTube a cualquiera de los dos. Esta es la realidad en la que nos encontramos.

El futuro del mundo será el mundo impersonal pero hasta que pueda también seguiré en mi lucha contra ese desprendimiento de la interacción social básica que nuestro judaísmo y Halajá contemplan como parte básica de nuestros valores y acciones en esta tierra. El concepto de interacción social, la familia como el núcleo de la sociedad, nuestro comportamiento con los demás está estipulado por nuestra sagrada Halajá y aún entre observantes de ella vemos la despersonalización de las interacciones por medio de las plataformas, paradójicamente llamadas, sociales. 

Actualmente, en nuestro calendario, estamos en un periodo que nuestra Halajá llama de reflexión, de introspección, para poder enmendar y mejorar aquello en que fallamos el año anterior. Así mismo, en estos Aseret Yemei Teshuvá (Diez Días de Arrepentimiento), la Halajá nos da la oportunidad de acércanos al prójimo a quien hemos herido o aquel que nos ha herido para recordarle su error contra nosotros para no llegar a Yom Kipur con odios, resentimientos y rencores hacia los demás porque en Yom Kipur Dios perdona los pecados que hemos cometido contra Él pero no aquellos que cometemos contra nuestro prójimo sin que su perdón sea dado sinceramente hacia nosotros. 

Cada año que pasa, más impersonal se convierte este aspecto fundamental de Yom Kipur y de estos Aseret Yemei Teshuvá. Hoy en día el perdón es grupal e impersonal. No sólo los diferentes Jaguim (festividades) ahora son parte de los “threads” de Facebook, Instagram o Whats App, ahora también el perdón de Yom Kipur aparece bajo la forma de meme en cualquiera de estas plataformas como el más sincero arrepentimiento. 

Tal vez la expresión más deplorable de esta pseudo versión de perdón es aquella donde existen grupos de personas en Whats App, bien sea de colegas, familia, amigos, etcétera, donde Piluní pone un meme diciendo algo como: “Si ofendí a alguien durante este año, perdón no fue mi intención”, muy probablemente acompañado de una foto de Mr. Bean o cualquier comediante. Obvio también encontramos los personalizados con una foto o composición del individuo que procura el más sincero perdón. Esto no es pedir perdón ni reconocer nuestro error a partir de una introspección, esto resulta ser un chiste de muy mal gusto.

Puedo entender la generalización de uno de estos grupos para los Jaguim e igualmente sigue cayendo en la despersonalización absoluta del regocijo que un Jag debe representar para todos y cada uno de nosotros. Y no, no se trata de eliminar la tecnología y regresar a vivir en las cavernas. Sencillamente se trata de tomar el tiempo de comunicarse individualmente, por cualquiera de estos medios, con cada una de aquellas personas que forman parte de nuestro círculo social cercano y lejano para desearle un buen Jag con nombre propio o pedirle perdón directo y sincero a quien sea. No de palabras, porque las palabras se las lleva el viento y caen en ridículo cuando no se reconoce de alma y corazón el crimen que se ha cometido, sino de acción, acción de tomarse el tiempo y la dedicación de dirigirse puntualmente a alguien.

Pero eso también puede ser insuficiente. Pienso en los casos de difamación. El Talmud nos relata la historia de la almohada de plumas lanzada al viento y la compara con la difamación porque reparar ese agravio equivale a volver a poner todas las plumas de regreso a la almohada. Algunas se podrán regresar pero no todas. Y aquel que cometió el crimen, ¿qué hizo para subsanar su error? Hablar palabras repetidas sin jamás reconocer su error. Y aquel que propició la almohada para ser destrozada, ¿qué hizo para limpiar la difamación de la víctima? Hablar palabras repetidas sin jamás reconocer su error.

Dice el dicho que las acciones valen más que mil palabras y en esta ocasión la acción no es decir individualmente palabras bonitas cuyas acciones subsecuentes son contradictorias, mucho menos colgar en la plataforma respectiva el meme del perdón sincero dirigido a todos. La acción es que tengamos una introspección sincera y ello conlleve a pedir perdón de verdad y que a su vez esté acompañado de las acciones correctivas respectivas.