Imprímeme

Quema de libros en pleno siglo XXI

Por: Raquel Goldschmidt

Mayo 10 de 1933. Viene a mi mente la imagen de lo que fuera el día después de Kristal Nacht, cuando los integrantes del régimen nacionalista Nazi salieron a quemar las tiendas de judíos, sus hogares y la acumulación de libros de los judíos, sidurim, Torot, etc. haciendo fogatas de ellos por considerarlos “peligrosos”.

Uno pensaría “Gracias a Dios que esas épocas ya pasaron”, pero se han visto revividas recientemente en Suecia, donde un iraquí de 37 años resolvió que era una buena idea parase frente a una mezquita, patear y luego quemar un libro sagrado de la religión islámica: El Corán. Esto sería un crimen de odio, xenofóbico, racista, discriminatorio, etc. Pero el tema que lo hace grave es que este hecho simplemente no está prohibido (al menos en Suecia) por lo tanto la policía presente no hizo nada al respecto y el hecho no fue condenado por el gobierno sueco.

Países de religión islámica protestaron por el hecho de la no condena, pero no se escuchó ninguna protesta de otro país. Es como si se ignorara la gravedad del asunto.

Me pregunto, si alguien hubiese sacado un cristo frente a una iglesia, para quemarlo… o una Torah, ¿hubiese habido alguna reacción? O ¿se consideraría también parte de los derechos democráticos de libre expresión?

Y lo dicho anteriormente: la libertad y derechos de las personas e instituciones, comunidades, religiones deben tener límites y los límites son donde empiezan los derechos de los demás.

Finalmente, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, después de un debate, -además polémico, porque hubo por lo visto, posiciones que defendieron este crimen de odio, como Estados Unidos y la Unión Europea, porque consideraron que este hecho no incitaba a la violencia-, emitió una resolución condenatoria.

Definitivamente no tiene presentación solamente una condena, porque no frena los actos que pueden surgir posteriormente, ¿Una condena?, ¡huy qué miedo!

Todos los países del planeta -ONU, UE, etc.- deberían tomar ejemplo de Colombia -y de la OEA,-, donde la constitución abriga leyes contra el racismo, el antisemitismo o cualquier tipo de segregacionismo que genera odio y atente contra la dignidad y los derechos de identidad, de manera punitiva. 

Claro está que cualquier secta o ideología en común cuya identidad produzca daño a otro, debería estar prohibido, como el nazismo, sectas antropófagas, que obliguen a mutilaciones traumáticas, cultos satánicos, etc.

Se necesita solamente un poco de cordura, un poquitín de raciocinio y mucho amor a la humanidad y a la vida. ¿Será que algún día podremos los humanos gozar de gobernantes y líderes así?