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Cambio de Chip

Por: Raquel Goldschmidt

En Israel, casi desde su creación, se hablaba de paz, de “nunca más”, de amor, de solidaridad, de unión, se realizaban trabajos y estudios sobre amistad con los palestinos, habían notado la educación de odio que recibían en sus casas y escuelas, entonces se diagnosticó que la pobreza era un factor de resentimiento y odio, por eso y en un esfuerzo de romper esas barreras Israel abrió sus puertas no solamente para dotar a los palestinos de sus necesidades básicas, agua, luz, alimentación en su territorio, sino que también se abrieron las puertas de Israel para recibirlos como trabajadores, como profesionales y como estudiantes en las mejores universidades, institutos, empresas, hospitales, etc.

Los palestinos llegaron a ser amigos, muy buenos amigos.

Hasta que esos amigos del alma que trabajaban tan cercanamente y con tanto cariño, dejaron ver sus verdaderas intenciones de un odio incurable y asesino. Aunque no era la primera vez que algo así sucedía, fue la primera vez que fue tan atroz, sádico y degenerado.

Israel vio de frente la realidad: muchos “amigos” por épocas y lugares, pero nunca un amigo fiel. Entonces Israel comprendió que eso de “paz”, “amistad, y cercanía”, etc. Era falso y además imposible.

Hay que reconocer que hoy, hay varias comunidades cristianas evangélicas y mesiánicas, que desde hace décadas han apoyado a Israel y siempre mantuvieron la embajada en Jerusalem.

Debido a los hechos crueles desatados el 7 de octubre pasado, agregado a la cantidad de organizaciones, universidades, institutos, empresas, periodistas, gobiernos, etc. Que deberían embanderar la ideología de la justicia, de la verdad y la sabiduría, apoyan el terrorismo y que desearían abiertamente desparecer a Israel y al pueblo judío.

Frente a esto, Israel cambió su chip, ya no quiere tragar entero y pasar la página, como la mitad del mundo quisiera. No quiere dejarse asesinar nuevamente, no quiere ser nuevamente crucificado.

Finalmente se dio cuenta que el mundo en general no “admira” al pueblo de Israel y su aporte a la humanidad, un mundo que ciertamente parecería perturbado, que no le interesa realmente si Israel ha asistido médicamente y ayudado en momentos de desastres a casi todo el país que lo ha necesitado, no importa si ha sido pionero en el campo de la medicina, ciencias, y otros campos, para ayudar a una mejor calidad de vida a todo el planeta.

A mi manera de ver, lo más doloroso, es la posición de algunos judíos (que pienso que no merecen serlo), pro-Hamas y anti-Israel, también aquellos que quisieran que sigan las rivalidades políticas a toda costa, sin importar el momento que se está viviendo. Totalmente incapaces de captar la situación.

El resultado de todo esto es la furia, la ira, el dolor y el primer campo donde se ve es en la música, el arte y las oraciones, también en autoodio y pugnas internas.

Quiera Dios que reaccione la conciencia de los perturbados, que son como las estatuas, como los ídolos paganos: que tienen ojos que no ven, que ojalá vean, que tienen oídos y no escuchan, pero que ojalá escuchen y entiendan. Para poder reencontrar un mundo donde se pueda vivir con las verdaderas leyes Divinas que traen amor, paz, justicia y bienestar a la humanidad. 

Para que Israel pueda volver a crear arte, ciencia y bienestar para todos.

El ejemplo es la canción Harbu Darbu (publicada en la edición pasada de Hashavúa) interpretada por el dúo Nes Vestilla, la cual, hay que destacar que no envía un mensaje de ir a matar palestinos sino un mensaje de dolor y rabia (a diferencia de las arengas y nuevas canciones antisemitas que incitan al genocidio).