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David Reubeni, uno de los precursores de la patria judía

Por: Victor Zajdenberg

Como Teodoro Hertzl, David Reubeni, no pudo llegar a ver realizado en vida su anhelado proyecto nacional, pero su abnegada entrega al ideal de la restauración de la patria judía en Eretz Israel debe ser recordada con pletórica intensidad pues prodigó, al igual que Hertzl, su joven y corta existencia, sus activas energías y su profundo amor a la causa de su amado y sufrido pueblo, desarrollando las tácticas y estrategias necesarias que, en esos momentos de la historia, estuvieron muy cerca de su soñada y posible concreción. 

Hertzl en 1896, ante los terribles pogroms que sufrían los judíos en Rusia, Ucrania y Polonia,  y observando el furibundo antisemitismo de una sociedad surgida de las entrañas mismas de la Revolución Francesa  con su lema de  “Libertad, Igualdad y Fraternidad”  encarnado en el lamentable “Proceso Dreyfus”, sintió en la profundidad de su ser la necesidad impostergable  de restablecer en Eretz Israel un lugar judío en el mundo, libre de persecuciones e injusticias.

400 años antes de estos cercanos sucesos, otros dolorosos acontecimientos medievales acontecieron en España, Portugal e Italia. En el Reino de España eran expulsados, convertidos forzosamente y quemados en la hoguera por la Santa Inquisición los judíos de una Sefarad que consideraban su hogar, su vida y su cultura. En Portugal un Rey extorsionador dejaba entrar a los refugiados judíos por el pago de sumas exorbitantes para someterlos como esclavos y luego echarlos de esas tierras. Italia y en particular la poderosa Venecia recibían a los judíos más ricos encerrándolos en los guetos mientras que la multitud empobrecida debía sobrevivir en la miseria de los helados suburbios invernales, identificados con gorros y señas amarillas.

Es en el año 1524 que se presenta en Venecia con su comitiva un fascinante y esbelto David Reubeni como enviado por su hermano, el Rey judío de Chabor (norte de Arabia), con el objeto de presentar un Proyecto para recuperar Eretz Israel en manos de los turcos, restableciendo el Reino Judío como hogar de los centenares de miles de refugiados e infortunados judíos y otorgar al mundo de la cristiandad el control de los Santos Lugares, arrebatados a las Cruzadas primero por los árabes del Sultán Saladino y conquistados luego por el Imperio Otomano. La idea era formar un Ejército de mar y tierra combinado entre los Reinos cristianos de Europa, los caballeros del Reino de Chabor y la formación de un nuevo cuerpo militarizado judío.

Durante siete años David Reubeni, el Príncipe de Chabor, se entrevistó con los poderosos de aquel entonces. El Papa Clemente VII se interesó por el proyecto pero sus capacidades eran limitadas por no tener un Ejército propio y por los problemas con Lutero por la Reforma. El Papa lo presentó al Rey Juan III de Portugal quien, al comienzo lo acogió atraído por la causa para finalmente  mostrar el ambicioso rostro de quien solo le preocupan sus propios intereses. Años después se produce el vital encuentro con un amable Carlos V, Emperador de  Alemania y España, donde David Reubeni le plantea: “os propongo movilizar a toda Europa para ayudarme a crear el Ejército Judío y trasladarlo a las tierras de Israel que se reforzarían por el sur con la Caballería de Chabor” (“El Mesías” de Marek Halter y “Manual” de Simón Dubnow).

Entonces sucedió la tragedia. Chlomo Molkho, uno de los fanáticos seguidores de Reubeni, comienza a exclamar que “el Emperador de Europa vuelve a la verdadera fe de Moisés”. Ese fue el final de esta dramática odisea en la cual Molkho terminó quemado en la hoguera y David Reubeni, quien fomentó los sueños de todo un pueblo, desapareció no se sabe dónde.