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Lo que queda de la comunidad judía de Sudán

Por: Jack Goldstein

Como en tantos lugares, la respuesta se reduce a unos cementerios abandonados. 

Sudán corresponde a lo que fuera la bíblica tierra de Kush, la de los faraones negros que hace 27 siglos fueran nuestros aliados. Pero su lejanía en el desierto y Nilo arriba protegida por los diferentes raudales que imposibilitan su navegabilidad, hizo que apenas con el Imperio Británico, algunos paisanos llegaran a asentarse ahí. Desde finales del siglo XIX y hasta 1956, existió una comunidad de casi 1.000 personas en ciudades como Khartoum y Omdurman. Incluso existen poblados hacia el norte del país donde la tradición dice que ahí también vivieron judíos, e incluso, en su dialecto árabe, un pueblo cerca de Karima se llama “el lugar de los judíos”.

Al igual que como en ocurriera en tantas zonas de mayoría árabe desde Marruecos hasta Iraq, el auge del sionismo llevó a la población o gobiernos árabes a realizar varios pogroms contra sus comunidades judías o a legislar en su contra. Sudán no fue la excepción. Tras su independencia y la Guerra del Sinai, la comunidad judía, (tanto sefaradí de origen egipcio como ashkenazi de raíces inglesas y centro-europeas), debió escapar y abandonar todo. 

En las últimas décadas, Sudán sirvió como punto de escape para decenas de miles de judíos etíopes en operaciones secretas. Pero después de la muerte del General Nimieri, el islamismo se tomó el país y Sudán se convirtió en la base y refugio de personajes macabros de la talla del Chacal y Osama bin Laden. En varias oportunidades también, la fuerza aérea israelí ha bombardeado en Sudán varios convoys de tráfico de armas iraníes con destino a Gaza o fábricas militares.

En mi reciente viaje a Sudán busqué lo que queda hoy: unas pocas tumbas bien tenidas dentro del cementerio militar británico y que datan de la Segunda Guerra Mundial, y un lamentable lote abandonado en pleno centro de la capital. Unas veinte lápidas semi destruidas, dentro de lo que fuera un botadero de basura y que recientemente fue “mejorado” con una cerca que evita el robo de lápidas más no la continua botadera de basura. Cabe decir también que no todas las lápidas que faltan fueron robadas ya que varias tumbas pudieron ser trasladadas hace unas décadas a Jerusalem.

Sudán fue para Sandy y para mí una muy grata experiencia. Gente extremadamente amable y un país lleno de paisajes maravillosos y arqueología formidable. El único impasse que tuvimos fue precisamente ahí, tomando fotos del cementerio y rezando El Maale Rajamim.