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Haredim – judíos ultraortodoxos

Por: León Celnik

Definición de Haredim tomada de Wikipedia1 

“El judaísmo haredí (hebreo: חֲרֵדִי  Ḥaredi, también escrito Charedi, plural Haredim o Charedim) es un amplio espectro de grupos dentro del judaísmo ortodoxo, todos caracterizados por un rechazo de la cultura secular moderna. Sus miembros son referidos a menudo como estrictamente ortodoxos o ultraortodoxos en inglés, aunque el término "ultraortodoxo" es considerado peyorativo por muchos de sus seguidores. Los haredim se consideran a sí mismos como el grupo de judíos más auténticamente religioso, aunque esta afirmación es impugnada por otras corrientes”.

Leímos por estos días en el New York Times (NYT) el titular “An Outbreak Spreads Fear: Of Measles, of Ultra-Orthodox Jews, of Anti-Semitism”, “Una epidemia siembra el miedo: al sarampión, a los judíos ultraortodoxos, al antisemitismo”, escrito por Sarah Maslin Nir y Michael Gold, momento a partir del cual y hasta el día de hoy, se han producido una serie creciente de eventos sanitarios, sociales, económicos y legales, poco menos que difíciles de digerir.

Cito textualmente, del mismo artículo: “…Otra compradora que estaba a su lado (de un judío ultraortodoxo) soltó repentinamente el artículo que había estado sosteniendo este y agarró a su hijo. "Ella estaba comprando algo, y simplemente lo tiró", recordó la Sra. Wingate. "Ella dijo: '¡Vamos, vamos! Los judíos no están vacunados”.

¡Otro “punto” más para los judíos ultraortodoxos! No se vacunan porque de acuerdo con su peculiar interpretación de la Halajá (ley judía), esto está prohibido. Entonces, según esta misma doctrina, es mejor contagiarse entre ellos mismos, sus mujeres, sus hijos, esparcir al mundo entero y dejar que cualquiera pueda padecer de un mal potencialmente peligroso, ya largamente identificado, diagnosticado y erradicado de la mayor parte del planeta, que “transgredir” sus vetustas convicciones. También nos enteramos de que en un vuelo de EL-AL procedente de Nueva York a Tel Aviv detectaron y, por supuesto, aislaron a un pasajero con sarampión. Entre otras, todavía no he logrado entender por qué viajan en EL-AL, si es la aerolínea estatal, insignia del Estado de Israel, ya que no reconocen a este país. El 9 de abril presente, Bill de Blasio, alcalde de Nueva York, con motivo del brote de sarampión en la comunidad de judíos ultraortodoxos de esta ciudad, decretó la “Alerta de Emergencia Pública de Salud”, advirtiendo que la gente no vacunada, será obligada a hacerlo. Ya han presentado contrademandas y el caso adquiere cada vez más notoriedad.

Hay que entender que la gente comúnmente relaciona una persona de estas, vestida de negro, con sombrero oscuro y “peyot” (patillas de pelo largas y rizadas), con la caricatura que generaliza y vulgariza a los judíos. Es más; este modelo es el ícono utilizado por el antisemitismo internacional para identificar prejuiciosamente al judío, sin distingo de su nivel cultural, social o religioso. No saben, ni tienen por qué saberlo, que hay toda una gama de tipologías judías, desde los más recalcitrantes fanáticos fundamentalistas como los previamente mencionados, que se autoproclaman los únicos judíos auténticos y repudian a los demás correligionarios, pasando por los ortodoxos no fanáticos, los ortodoxos modernos, usualmente gente tolerante y productiva, hasta los totalmente laicos y que a veces llegan al extremo del antisemitismo autodestructivo, con lo cual se identifican con las extremas políticas que logran que, como dije en artículo anterior, “los extremos se toquen”.

Pero retomemos otras palabras del titular del NYT: “…miedo a los judíos…”.

De alguna manera, el efecto de lo que ocasionan personajes alienados como estos extremistas, es aprovechado por la propaganda antisemita, que se nutren de un argumento más para generalizarnos a todos, gracias a la indiscriminada tipificación del pueblo hebreo y aprovechan esta para acusarnos de otro más de los tantos males que agobian al planeta.

Y sí, entre ellos hay hombres sabios y bienintencionados, no lo voy a negar y merecen todo nuestro respeto, pero también hay algunos pederastas, homófobos y abusadores de mujeres. De hecho, estúpidamente podrían proveer de una evidencia para quienes acusan a Israel de “Estado Apartheid” (sistema institucionalizado de segregación), al discriminar a las mujeres, en las calles obligándolas a circular por un andén diferente al de los hombres y en el transporte público, donde algunos de sus vehículos tienen “secciones” para hombres adelante y mujeres atrás y se prohíbe la “mezcla”.  

Y por favor, a pesar de las controvertibles similitudes, no nos comparen con las costumbres de otras religiones cuyos conceptos sobre el género, la ética y otros valores, son válidos y respetables para cada una de sus observantes, pero distan de los nuestros en muchos sentidos, que solo los grandes exégetas pueden explicar y que están muy lejos del alcance de mis muy limitados conocimientos y espacio para cubrirlos. La diferencia es que, con el poder que tienen los Haredim, mayormente económico a nivel mundial y político en Israel, se encubren los unos a los otros por los hechos que cometen, haciéndolos de facto a una buena parte de ellos, virtuales cómplices de estas atrocidades, incluso a quienes callan, sean cuales sean sus razones y luego desaparecen las noticias publicadas en los medios y al final, son eximidos del cumplimiento de la ley. Definitivamente no son los únicos humanos que cometen estos repudiables actos en el mudo, pero la diferencia está en que, como ya lo dijimos, mucha gente nos identifica con ellos. 

No me cabe la menor duda de que es un hecho factual el que no somos diferentes y que, al igual que cualquier otro colectivo humano, tenemos todo tipo de individuos en nuestras comunidades, con virtudes y defectos, desde lo mejor hasta lo peor y todas las tonalidades intermedias. Pero, en el caso de los ultras, que personifican la caricatura antes descrita, me preocupa que, como ya lo dije, nos asemejen con ellos, creando una imagen de lo que no somos realmente como pueblo.  

Y siguiendo con el tema del NYT, “…y miedo al antisemitismo”

Todo lo anterior crea estados de alerta, prevención y pánico entre los miembros de nuestras comunidades, algunas veces exagerados, otras peligrosamente minimizados y por lo regular irrefutables, ante el avance del antisemitismo a nivel mundial. Y no son solo ellos mismos, los Haredim ultras, los únicos quienes sufren las consecuencias. Lo somos todos. Y lo es el Estado de Israel directamente, donde ellos disfrutan de igualdad, protección, seguridad social, beneficios tributarios y subsidios del estado, más que cualquier otro ciudadano corriente, aunque no lo quieran ser legalmente ya que rechazan esta ciudadanía y además, con el beneplácito por parte de los gobiernos de turno, que con el propósito de ganar sus votos en la Kneset (Parlamento) logran obtener mayorías en esta Casa, cuentan con la inaudita permisividad de no prestar el servicio militar obligatorio, en un país que los ha acogido, resguardado y protegido con la sangre de sus soldados, pero del cual reniegan por sus irrazonables credos, llegando incluso al extremo de alinearse con los enemigos mortales del Estado, en su contra. ¡El absurdo de los absurdos!

Quizá un día, ojalá no esté muy lejano, alguno de ellos abra una ventana para que entre un poco de luz a ese oscuro lugar que habitan y comprendan que todos somos uno; somos un pueblo con distintos caracteres, pero fiel a una misma filosofía, que nos une y nos identifica. Y entiendan entonces que, precisamente esa diversidad dentro de la unión es la que nos ha dado la fortaleza que nos ha permitido sobrevivir a lo largo de la historia, superando todas las vicisitudes e intentos por destruirnos y así mantener viva nuestra fe, nuestras esperanzas y el empeño por alcanzar un futuro mejor, no solo para nosotros y nuestros hijos, sino para toda la humanidad.

Bibliografía

1 - https://en.wikipedia.org/wiki/Haredi_Judaism