Imprímeme

La unificación de un pueblo

Por: Rav Daniel Shmuels

Al final de la Parshá de esta semana, Behaaloteja, la Torá nos relata que Aarón y Miriam hablan en contra de Moisés debido a su matrimonio con una mujer Cushit. En esta instancia, Aarón y Miriam cuestionan el proceder de Moisés de manera negativa poniendo en tela de juicio a Moisés como tal. La Torá trae entonces a colación la justificación que los hermanos hacen de su conclusión; a saber, Dios no sólo se comunica exclusivamente con Moisés sino con ellos también; lo cual, en último análisis, implica que ellos saben cuáles son los Mandamientos que Dios nos está entregando. En otras palabras, Aarón y Miriam cuestionan el proceder de Moisés porque de acuerdo a ellos y su “interpretación” de los Mandamientos su matrimonio es inapropiado.

El asunto termina mal para Miriam por cuanto Dios la castiga con Tzaraat; sin embargo, Moisés le pide a Dios que no la mate, frente a lo cual Dios responde que ella tiene que abandonar el campamento y al finalizar siete días ella puede regresar al mismo. Entonces, todo el pueblo espera su recuperación y regreso en Hazerot, nadie viajó ni se movilizó durante esos siete días, al retornar Miriam todos salen de inmediato al desierto de Parán. 

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con la Halajá? Directamente todas las Halajot relacionadas con Lashón HaRá y con Tzaraat. Ambos casos han sido presentados en ocasiones anteriores en este mismo espacio. Sin embargo las porciones que a propósito he traído a colación nos pueden enseñar muchas otras cosas que se presentan hoy como un síntoma persistente dentro del pueblo judío y que nuestra sagrada Halajá a dejado abierta para estudiar, preguntar y muy probablemente actualizar. 

El síntoma del cual hablo es el de la división dentro de nuestro pueblo debido a las diferentes formas de interpretar tanto la Torá como la Halajá y su subsecuente alejamiento de la esencia misma del espíritu del texto. Es decir, las diferentes formas de interpretar el texto han llevado al surgimiento de diferentes líneas de conceptualización del judaísmo. Diferentes líneas de judaísmo donde cada una reclama ser la verdadera y la más apropiada.

Regresando al caso de la Torá, la primera parte que quiero subrayar es la transgresión de Aarón y Miriam; la cual, clásicamente se ha interpretado como una falta a nivel de Lashón HaRá. Sin embargo, en un análisis más profundo podemos observar y agregar que en el cuestionamiento acerca del proceder de Moisés hay  una “interpretación” particular por parte de ellos acerca de lo que los Mandamientos realmente significan, pues Dios no sólo habla con Moisés sino también con ellos; por consiguiente, ellos saben de qué se tratan los Mandamientos, implicando que su entendimiento de los mismos establece que Moisés ha cometido una infracción. 

Esto nos guía a la problemática de la interpretación y el exceso de interpretación (del cual este texto mismo puede ser víctima) que ha existido en nuestro pueblo por siglos y como ello ha llevado a las subsecuentes divisiones de grupos que con el paso del tiempo han dejado de ser judíos por no pertenecer a esa línea estricta de interpretación y praxis. El caso actual al que me refiero es el de las dos líneas o grupos que se autodenominan como judíos pero que no son reconocidos como tal por la ortodoxia; a saber, el movimiento conservador y reformista. 

Obviamente la línea ortodoxa es la que establece la interpretación y la praxis estricta y es de ella de dónde originalmente surgen los demás grupos o movimientos que se alejan de dicha conceptualización estricta del judaísmo. En nuestra historia tenemos el caso clásico de los saduceos que terminaron extinguiéndose. En la actualidad, la línea ortodoxa reclama ser la única forma verdadera de judaísmo excluyendo a los conservadores y a los reformistas como judíos verdaderos. 

Ahora bien, se supone que vivimos en una era de “inclusión”, una era en donde todas las “diferencias” deben ser aceptadas, una era donde todas las prácticas religiosas judías son judías porque todos somos un solo pueblo sin diferencia alguna en donde todos creemos en el único Dios de Israel. Sin embargo, nuestro día a día nos evidencia que la cosa no es así, por lo menos en el judaísmo ortodoxo. ¡La inclusión y la igualdad no es para todos ni se aplica a todo! Eso nos dice y repite el establecimiento Haredí una y otra vez. Cabe anotar que acepto con humildad no saber cuál es la posición de los otros dos movimientos a los que hago referencia. 

Inclusión e igualdad hacen referencia a un marco de oportunidades. El estudio estricto de nuestra Torá y Halajá nos enseña que hay deberes para hombres y deberes para mujeres, como dice el dicho, cada loro en su estaca. Más aún cuando hablamos de grupos que se han alejado completamente de esta interpretación estricta de la Torá para crear sus propias leyes que no sólo se alejan del judaísmo sino que van en contra del mismo. En este caso no puede haber inclusión o igualdad porque sencillamente sus valores e ideales no son los que clásicamente guían esa interpretación y praxis ortodoxa; la cual, es fiel al judaísmo y por consiguiente, verdadera. Estos grupos son todo menos judíos. Tal es el análisis que el establecimiento Haredí ha promulgado por años a este respecto. 

Entonces, la inclusión y la igualdad no son tan extensivas como lo suponíamos; sobre todo, cuando este ejemplo es traído una y otra vez por todos los que pertenecemos a la línea ortodoxa. La interpretación que sólo lo que la Halajá establece como judío es judío puede ser sólo una de muchas interpretaciones. El asunto en cuestión es semejante al de Miriam y Aarón, ambos creían tener la razón en hacer Lashón HaRá por su interpretación personal de esa comunicación Divina. Dios les dice muy claramente que han cometido una infracción. El caso de establecer el judaísmo verdadero como exclusivamente ortodoxo es semejante a la justificación de Aarón y Miriam sobre su comunicación Divina con Dios. El caso en general, la interpretación no es exclusiva de un grupo. No por esto me aparto de mi praxis ortodoxa y bajo ninguna circunstancia pretendo apartarme de ella, pero si creo que es importante que unifiquemos nuestro pueblo.

Yo me pregunto: ¿quién es más judío, una persona cuyos papeles religiosos son ortodoxos pero cuya praxis es nula en todos los aspectos que concierne el judaísmo o un judío reformista que está involucrado al cien por ciento dentro de su praxis? No sé la respuesta del establecimiento Haredí, ni de ningún otro grupo puntualmente, pero estoy seguro que ambas personas se sienten judíos cien por ciento; por ende, ambas personas son judías, no hay uno más ni uno menos, ambos pertenecen a nuestro pueblo. Así mismo, todas las demás expresiones formales religiosas que se denominan como judías.

Para concluir la Parshá, la Torá nos enseña que todo el pueblo espero a que Miriam regresara para entonces continuar con su camino. No puedo más que pensar en aquellos judíos que dejamos atrás porque pertenecen a una minoría social actual o a otra vertiente de la misma línea o a otra tradición o a otra secta o a un movimiento más liberal o a una comunidad emergente. Tantos otros que son diferentes a nosotros y que reclaman las mismas verdades y el mismo derecho de inclusión e igualdad frente a su praxis religiosa. Empero, nosotros seguimos nuestro camino y si se quieren unir pues que corran y nos alcancen; eso sí, acatando sólo nuestra interpretación de la verdadera praxis del judaísmo, aún cuando eso no sea suficiente para muchos porque tampoco están a nuestro “nivel social”.

Hay tantas preguntas sin respuesta, tantas opciones a nuestras manos que la Halajá nos presenta para permitir una unificación total de Israel bajo todas sus formas de expresión que resulta absurdo promover tanta división entre nosotros mismos.