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De túnicas a pantalones V

Por: Rav Daniel Shmuels

¿Por qué las mujeres no pueden utilizar pantalones de acuerdo a la Halajá? Esa es la pregunta central en este recorrido acerca del Tzniut femenino en la modernidad; el cual, por cierto, tiene su contra parte en el lado masculino con sus debidas Hiljot (leyes).

Anteriormente se ha expuesto que los pantalones como prenda fueron introducidos masivamente a la humanidad siglos después de la edición de nuestros Talmudim. Así mismo, se expuso que dicha prenda apareció desde un inicio como una prenda masculina exclusivamente. Esto presenta un problema Halájico para su incorporación en el mundo femenino por cuanto existe la prohibición MiDeOraita (de la Torá) de “Lo Yilbash” en donde se prohíbe el uso de ropas del género anatómico opuesto, el término específico de esta prohibición para la mujer lleva por nombre “Kli Guever”. De cualquier forma nuestra Halajá nos enseña que si una prenda, cuya creación fue destinada para un género anatómico específico, es universalmente adoptada y adaptada al género opuesto, esta puede ser utilizada por dicho género. Este es el caso de las camisas a blusas, de las camisetas, de las chaquetas, de los sacos, etcétera. Empero, los pantalones siguen teniendo una oposición rotunda dentro de la ortodoxia judía, inclusive en los círculos de la ortodoxia abierta. Pero, ¿a qué se debe esto?

La verdad es que la mayoría de los Poskim actuales en sus análisis, desiciones y legislaciones determinan que “Al Pi Halajá” (de acuerdo a la ley judía) las mujeres pueden utilizar pantalones que sean elaborados exclusivamente para mujeres y cuyo diseño sea femenino con tela destinada para confecciones femeninas; adicional a esto, no pueden ser ceñidos al cuerpo lo cual permite que no se delinee la silueta ni la forma física de la mujer y además deben ser lo suficientemente amplios para que el movimiento de las piernas no sea observable. 

Qué! Así es... Años atrás surgió una prenda muy popular entre las mujeres que se llamaba “falda pantalón” y digamos, por el bien de la moda, que básicamente ese diseño es lo más semejante a lo que podría ser el pantalón Halájico para una mujer ortodoxa. Olvidemos aquí de la posible comodidad o la inevitable y tan condenada vanidad del mundo secular. De cualquier forma, quedan pendientes dos preguntas en la legislación de nuestros Poskim; a saber, ¿por qué no se puede observar el movimiento de las piernas de una mujer? Aparte de ello, ¿por qué las mujeres no pueden delinear su cuerpo aún cuando estén cubiertas completamente?

La primera pregunta tiene su respuesta en un término Halájico expuesto por nuestros sabios en el Talmud. Se trata del término “Pisuk Raglayim”, lo cual podemos traducir como “el esparcimiento de las piernas”. Esto hace referencia al movimiento que hacen las piernas al caminar, al sentarse, al cruzarlas, etcétera; es decir, la movilidad absoluta de las piernas. El Talmud nos enseña entonces que mostrar este movimiento por parte de las mujeres está totalmente prohibido porque dicho movimiento, dicen nuestros sabios, hace que los hombres se pregunten por “eso” aún cuando no haya exposición alguna de la piel. He aquí lo paradójico del asunto, el Talmud no dice que las mujeres se hacen esa pregunta; entonces, de taquito quedamos los hombres como los malos del paseo y las mujeres como las víctimas de los instintos animales de los hombres. Bueno, a primera vista de cualquier forma porque la realidad es otra. 

Dentro del género masculino existe una contraparte a esta legislación de Pisuk Raglayim, precisamente por Tzniut. No es un absoluto pero es un Minjag (costumbre) que podemos observar dentro de muchos de los líderes del mundo Sefaradí, quienes por lo general utilizan una túnica por encima de camisetas y pantalones. Por esa misma línea, dentro del mundo Jasídico, es la costumbre que los hombres utilicen sacos de vestir negros hasta las rodillas o inclusive más abajo, estas chaquetas llevan por nombre “Capote”. Pero a nivel general tenemos dos momentos en los cuales retomamos este concepto de Tzniut para celebrar dos de los días más especiales en nuestras vidas. Se trata del Kitel (sobretodo blanco) que usamos a lo largo de Yom Kipur y en el día de nuestra Jupá. Sin menos preciar el simbolismo de pureza que la prenda blanca representa para estos días, está el hecho que no hay posibilidad alguna que ninguno de nosotros trasgreda Pisuk Raglayim en estos días tan especiales y significativos. De cualquier forma, estos son Minjaguim particulares de diferentes grupos ortodoxos y no hay una Halajá específica que obligue a los hombres a cumplir con esta prohibición.

Por su lado, el inconveniente de la silueta de las curvas femeninas tiene un fundamento doble; a saber, Pisuk Raglayim por aquello de la pregunta que puede surgir entre los hombres al ver la silueta de una mujer, así se trate de un vestido entero que cubra todo el cuerpo. Por otro lado pero de la mano está la base de donde se surge el término Pisuk Raglayim, se trata del término “Lifnei Iver”, el cual literalmente significa “frente al ciego”. Este término también es una prohibición MiDeOraita que encontramos en el Sefer Vaykra capítulo 19 donde Dios nos dice: “No se debe poner una piedra frente a un ciego, Yo soy el Señor”. Nuestros sabios en el Talmud, en las Masejtot de Shevuot 37a y Sota 39a, entre otras, unen el término bíblico con el concepto de: “Kol Israel Arevim Se VeSe”, todo Israel es responsable uno de otro; es decir, hay una responsabilidad absoluta por parte de todos y cada uno de nosotros en no poner “trampas” para que ninguno de nosotros caiga. Toda decisión Halájica frente al uso de pantalones o ropas ceñidas al cuerpo va a estar basada en estos dos conceptos interdependientes de nuestra Halajá. Entonces tenemos la obligación de no vestirnos “Perutz”, sin modestia, y en cambio abrazar y entender la base fundamental por la cual nuestros sabios establecieron estas legislaciones.

Si bien, en principio se puede decir que las mujeres son víctimas de los impulsos masculinos y por consiguiente se deben cubrir completamente con ropajes sueltos, podemos ver ahora que debido a Lifnei Iver es nuestro deber, tanto de hombres como mujeres, no poner una “tentación” delante del otro y eso es lo que debe guiar nuestra forma de vestir, nuestro Tzniut al vestir. No se trata de oprimir a la mujer ni de hacerla sentir incómoda o poco atractiva, se trata de la responsabilidad que todos tenemos con los demás de ponerles esta posible “trampa” que les puede hacer caer. Ese es el norte que se debe tener cuando hablamos de las leyes de Tzniut. 

Ahora bien, frente a la duda originaria que procuró el desarrollo de esta serie es importante aclarar que la mayoría de comunidades ortodoxas en el mundo son mixtas; es decir, son comunidades donde hay miembros muy observantes y hay otros que no lo son tanto pero que se sienten apegados a una tradición ortodoxa. Los estándares Halájicos de dichas comunidades mixtas resultan un poco confusos y es factible que ello conlleve a dudar del estatus judío de una persona; empero, es la comunidad y sus líderes quienes deben hacer esa decisión y no una persona ajena a ella. Las comunidades estrictas, las cuales son una minoría en la actualidad dentro de la ortodoxia, tienen sus estándares Halájicos establecidos, con sus Jumras (adopciones hacia observancias más estrictas), así como su Daat Yehudit en el ámbito del Tzniut y ello debe ser abrazado y respetado por todos pero ello no es un motivo para cuestionar o reprochar a otra persona. 

Para finalizar, es la humilde opinión de este servidor que esta serie de artículos, junto con la pregunta inicial por la ratificación de quién es más judío, nos lleva hacia una pregunta más urgente, una pregunta donde nos debemos cuestionar acerca de la tolerancia y respeto por la diferencia dentro de nuestro judaísmo, la cual debería ser un pilar en estos momentos históricos donde la división y el Jinat Sinam (odio sin causa) son motivos de separación entre un pueblo que está destinado a ser uno y uno solo.