Por: George Levy
N.D. Este fue el importante discurso pronunciado por George Levy presidente de la CCJC durante la ceremonia realizada en la sinagoga del CIF de Barranquilla 27 de enero de 2026.Bienvenidos todos a este día de recogimiento y recordación.
Muchas gracias a la comunidad judía de Barranquilla, al Centro Israelita Filantropico, y a su presidenta Cheryl Watemberg, por abrirnos sus puertas hoy para este solemne evento.
agradecimientos especiales también al consulado general de Israel en Colombia, a Kobi valer, su jefe de misión; a la fundación Zajor y su presidente Jack Goldstein, a Jean Claude Bessudo, nuestro director de relaciones humanas, a Vivi, Marcos y Bianca, así como a todos los organizadores involucrados en la realización de esta conmemoración, articulada por la confederación de comunidades judías de Colombia, organización techo, y representativa de todas las comunidades e instituciones judías de Colombia.
-Señora gobernadora encargada del Atlántico, Nini Cantillo.
-Su excelencia y gran amiga, Martina Klumpp, embajadora de la república federal de Alemania en Colombia. Sra Ana María Badel, representante de la alcaldía de Barranquilla. Monseñor Edgar Mejía Osorio, arzobispo auxiliar de Barranquilla. Miembros del cuerpo diplomático presentes esta tarde. representantes de confesiones religiosas. Señores dirigentes de las comunidades e instituciones judías de Colombia. Señores rabinos, amigos de la comunidad judía de barranquilla. apreciados amigos todos.
Antes que nada, compartir hoy el retiro de este moño amarillo que simbolizó durante más de 2 años el retorno de todos los secuestrados. Coinciden así las fechas del 26 y 27 de enero, como el tránsito de la oscuridad hacia la luz.
En noviembre del año 2005, la asamblea general de naciones unidas estableció el 27 de enero como el día mundial de conmemoración anual en memoria de las víctimas del holocausto, a celebrarse cada año a partir de 2006 en esta fecha, con el propósito fundamental de promover la educación sobre el holocausto a nivel mundial, así como impedir la banalización de la shoa -pues nada se compara con el peor genocidio en la historia de la humanidad. la industrialización del exterminio de un pueblo para hacer el proceso eficiente-.
Hoy hace 81 años las tropas soviéticas liberaban los campos de exterminio de Auschwitz Birkenau. tomó tiempo que el mundo se enterara de los horrores de la Shoa y si bien no tardaron los negacionistas en salir a hacer su despreciable trabajo, en las décadas siguientes el mundo fue asimilando lo que había sucedido. nosotros, los descendientes directos de las víctimas, convinimos que nunca más, y los ciudadanos y países decentes del mundo nos cobijaron y apoyaron en este propósito. la liberación de los campos fue el punto de quiebre que marcaría el fin de la Shoa, pero también el comienzo de esta importante lucha por la preservación de su memoria, que cada día adquiere mayor importancia.
Parte de la tarea de los ciudadanos del lado correcto de la historia desde entonces, ha sido mantener viva la memoria de las víctimas, y prevenir que algo semejante se repita. Naciones Unidas ha determinado para la conmemoración de este año “recordar el holocausto por la dignidad y derechos humanos”.
Aquí, en nuestro país, donde estos términos son utilizados de manera selectiva, miope y sesgada, es nuestro deber en esta fecha llamar la atención sobre el crecimiento desbordado del antisemitismo como consecuencia de este discurso irresponsable, que incluye el uso de términos como genocidio, resignificados según la narrativa acomodada.
Hoy mismo, 27 de enero, el día en que la ONU promueve la dignidad y los derechos humanos, se cuentan más de 30.000 asesinados en Irán durante el último mes, ignorados por algunos. los mismos que pasaron por alto la condena de la masacre de más de 1.200 personas el 7 de octubre de 2023. los mismos que llaman genocidio a una guerra multifrontal por la supervivencia de la única democracia de oriente medio. los mismos que hoy, por cuarta ocasión consecutiva están ausentes de esta cita anual que honra la dignidad humana y la vida.
La banalización de la Shoa incluye el uso liviano de los términos que forman parte de lo que fue el holocausto por parte de quienes no tienen derecho de hacerlo.
Sé que año tras año repito este mensaje específico. y lo seguiré haciendo porque callar cuando los términos Hitler, Goebbles, nazi o algunos tantos otros son utilizados por fuera del contexto de la Shoa, es avalar el mayor irrespeto por las víctimas, por sus vidas, por sus derechos humanos, por sus libertades. Es nuestra obligación entonces, levantar las voces para exigir que la Shoa se respete en todos y cada uno de sus componentes.
En buena medida, estamos hoy aquí para ello, para convenir nuevamente, que hay líneas rojas, y que todos somos guardianes de ellas, que se utilicen estos términos en forma liviana y cotidiana, más allá de si se hace por simple ignorancia o como herramienta política, es inaceptable para nosotros, como víctimas directas de lo que fue la Shoa, ofende la memoria de las víctimas.
No aceptamos, que sean utilizados estos términos para angostos intereses políticos y advertimos, que su uso en año de contienda electoral es un recurso que delata las bajas calidades morales de quien los utiliza, sacando a la luz su desprecio por la vida, la dignidad, y los derechos humanos, a los que hoy rendimos tributo. los ciudadanos con altura moral deben ubicar a quienes los utilicen en el lugar que corresponde. bajeza moral.
Pero, además, repetir nuevamente y las veces que haga falta, que el holocausto no comenzó con las cámaras de gas, comenzó con la retórica de un antisemita en el poder, repitiendo a diario mentiras que fomentaron el odio y la polarización, culpando a un grupo pequeño y vulnerable de los males del mundo y sus aliados políticos apoyando su discurso, y el caldo de cultivo, el de siempre: el silencio ensordecedor de las pasivas mayorías, permitiéndolo. Es allí donde está el crecimiento del antisemitismo. en narrativas irresponsables y falsas.
Durante el último año, se han registrado decenas de ataques a sinagogas, a negocios de judíos, a centros comunitarios en todo el mundo, alimentados por esas narrativas de líderes irresponsables. evocando los años 30 del siglo pasado.
Nuestros abuelos -y esta es la historia universal del desplazamiento forzado del que fuimos víctimas-, llegaron a Colombia, muchos de ellos ingresando por estas mismas tierras, por Puerto Colombia, donde hace unas horas estuvimos rindiendo homenaje, huyendo de la barbarie, salvando sus vidas, dejando atrás todo lo que tenían, acabando de perder a sus familias en las cámaras de gas, todo lo que les quedaba era su dignidad y su espíritu emprendedor. Su legado está en nuestras manos y es nuestra tarea permanente, colectiva, y obligada mantenerlo vigente por siempre.
Comunidades como la que hoy nos acoge, la comunidad judía de Barranquilla, han sido ejemplo de tenacidad y de convivencia. La comunidad judía de Barranquilla se ha destacado por su integración a la sociedad local, así como por sus innumerables e invaluables aportes en los ámbitos cultural, económico, académico y muchos otros. pero son también ejemplo de convivencia con inmigrantes de los más diversos orígenes que van más allá de la simple cordialidad: relaciones sinceras, cálidas y vibrantes.
Por su parte, el pueblo barranquillero y del departamento del Atlántico, así como sus autoridades, supieron abrazar a nuestros abuelos en momentos críticos y decisivos y durante estos 90 años han brindado de manera permanente a nuestras comunidades e instituciones locales, todas las garantías para el ejercicio de nuestra fe y han sabido involucrarlas cálidamente en el seno de su vida cotidiana.
Los judíos de Colombia y el pueblo judío todo, se los reconoce con enorme gratitud.
En memoria de los 6 millones de víctimas judías del Holocausto, el deber de cada uno de nosotros es hacer cumplir aquello que hemos convenido: nunca más. y vuelvo a recordarlo: “nunca más” es ahora.
Las velas que dentro de un momento se encenderán en memoria de los más de 6 millones de judíos asesinados en el Holocausto, símbolo de nuestra fe inquebrantable, que liga a las generaciones una con otra, hasta el año anterior eran encendidas por los propios sobreviviente; a partir de ahora, cargamos con la enorme responsabilidad de mantener vivo el testimonio de la Shoa, transmitiendo a las siguientes generaciones y al mundo entero, la verdadera dimensión de lo que sucedió. Somos los garantes de que la historia no se reescriba, de que expertos en construir “posverdades amañadas” no consigan su propósito.
am israel jai