Por: Victor Zajdenberg
Cuando el Primer Ministro de Gran Bretaña Arthur Neville Chamberlain ratificó la conquista de Etiopía por la Italia fascista de Benito Mussolini y en 1938 firma el Pacto de Múnich con Adolf Hitler, el Canciller de la Alemania nazi, entregando Checoeslovaquia en aras a una supuesta “Paz para Europa” esto finalizó con una guerra que produjo 50 millones de muertos, de ellos 6 millones de judíos de los cuales 1,5 millones eran niños.
El 2 de Abril de 2015 se ha convertido en otra de las fechas nefastas de la humanidad pues en Lausana la Jefa de Política Exterior de la Unión Europea (UE) Federica Mogherini y el Secretario de Estado norteamericano John Kerry, representando al G5+1, los cinco miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (EE.UU, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China + Alemania) firmaron un “Acuerdo” preliminar macro, sobre la problemática del “programa nuclear iraní-sanciones aplicadas ONU”, con el Ministro de Exteriores de la teocrática República Islámica de Irán Mohamad Javad Zarif.
El Presidente de los Estados Unidos Barack Obama lo declaró como un “Acuerdo histórico”; el Premier del Estado de Israel Benjamín Netanyahu lo denominó como “Un error histórico” y “Una amenaza a la supervivencia de Israel”, los sauditas y egipcios manifestaron su gran preocupación por este “Mal Acuerdo” y el Líder Republicano del Congreso Norteamericano John Boehner exigió que el tratamiento del “Acuerdo” sea auditado por el Capitolio, considerando que si se llegara a un dictamen negativo este sería derogado por un futuro gobierno republicano. Y así fue. A la llegada de Donald Trump a su 1ª Presidencia este esperpento fue abolido y durante la posterior Presidencia de Joe Biden estalló el 17/10/2023 con Irán a punto de lograr sus objetivos nucleares.
Resulta que los negociadores norteamericanos y europeos de dicho “Acuerdo” cometieron un error trascendental desde el inicio mismo de las conversaciones al no presentar ni imponer nada que fuera perjudicial para las estrictas condiciones que exigían los negociadores iraníes, demostrando de entrada que estaban dispuestos a ser obsecuentes con estos últimos con tal de llegar a “cualquier resultado” ya que este sería mejor que no llegar a ninguno.
“Estados Unidos parece estar negociando, teniendo en mente la idea de que el peor resultado posible de las negociaciones es un no acuerdo” dijo en aquel entonces Alan Dershowitz, Profesor de la Escuela de Derecho de Harvard.
Obama, por el contrario, arremetió contra la mayoría de su propio Congreso, no escuchó a sus aliados sunitas del Medio Oriente (Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Emiratos Árabes, Kuwait) y prescindió del reclamo existencial de Israel, prosiguiendo sin pausa con este “mal acuerdo” que ni siquiera tomó en cuenta la consideración de contemplar requerimientos sugeridos por Netanyahu que hubieran demostrado, al menos, un cambio de posiciones ideológicas en Irán.
Se trata de propuestas basadas en la “cláusula del ocaso” que proviene del Derecho Romano y es aplicado, desde aquel entonces, por el Derecho Internacional en numerosas oportunidades en las que fueron necesarias contemplar la introducción de agregados, cambios o nuevas cláusulas inéditas con el objeto de prevenir y coartar futuras interpretaciones y reclamos.
La “cláusula del ocaso” es una provisión en una Ley o Tratado que termina derogando en su totalidad o en varias de sus partes a otra Ley, Leyes, Tratados anteriores o paradigmas preestablecidos con el fin de asegurar el cumplimiento del objeto principal.
La “cláusula del ocaso” se instrumentó durante la firma de los Tratados de Westfalia en 1648 terminando con la “Guerra de los Treinta Años”, estableciendo nuevas fronteras y creando en Europa los Estados-Nación que, con algunas variantes, perduran hasta hoy en día.
El Congreso de Viena de 1815, convocado luego de la derrota de Napoleón que quería crear un Imperio mundial, fundamentó la estructura de una paz duradera que perduró durante 100 años, hasta la 1ª. Guerra Mundial de 1914.
Tomando ejemplos del Medio Oriente podemos considerar que la firma del Tratado de Paz entre Egipto e Israel (Sadat-Beguin) y el de Israel-Jordania (Rabin-Hussein), Los Acuerdos de Abraham, con cláusulas que son respetadas desde el mismo día de la firma de dichos Tratados, crearon fronteras seguras y confiables para todas las partes involucradas desde 1979 hasta la fecha.
Para que el “Acuerdo” con la República Islámica de Irán tuviera un principio de validez deberían ser incluidas, a continuación de los ítems tecnológicos y de los tiempos de cumplimiento equivalente entre la disminución significativa de las capacidades nucleares iraníes y el paulatino levantamiento de las sanciones, las siguientes “cláusulas del ocaso”:
1. Restablecimiento de las Relaciones Diplomáticas entre EE.UU e Irán.
2. Compromiso garantizado de Irán para abandonar la exportación del terrorismo externo.
3. Finalización definitiva de las amenazas permanentes de destrucción del Estado Hebreo.
4. Desaparición oficial de la designación como “ente sionista” al Estado de Israel.
5. Aceptación de la existencia de la Shoá y los 6 millones de judíos incinerados en los campos.
6. Reconocimiento del Estado de Israel viviendo en paz, con seguridad y fronteras estables.
7. Legalización de los Derechos Humanos fundamentales en todos los campos como ser, los derechos de las mujeres, los homosexuales, los opositores, los artistas, los intelectuales, las diversas religiones existentes que incluyen a la perseguida religión de los Bahaí, etc., prohibiendo para siempre los latigazos, las ejecuciones sin causa, los ahorcamientos en público, las amputaciones de dedos, etc.
8. Finalización del Proyecto misilístico renovado que actualmente se calcula su existencia entre 2.000 a 3.000 de ellos.
Lamentablemente a la República Islámica de Irán solo le interesa el levantamiento de las sanciones impuestas y para ello supuestamente accedería a realizar una pausa en su proyecto misilístico-nuclear permitiendo inspeccionar sus instalaciones “visibles”.
¿Quién habrá de controlar el cumplimiento de la totalidad del proyecto en aquellos sitios e instalaciones “no visibles” que probablemente se encuentran a centenares de metros bajo tierra? La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) ya lo ha intentado hacer en el pasado y fueron despedidos sin causa no permitiendo, nunca más, su regreso al país.
La “paciencia estratégica” del Presidente Trump y su poderosa Flota desplegada en la zona tienen fecha de vencimiento y los teócratas asesinos de su propia población deberían aprender de la historia reciente.