Imprímeme

La Geometría de las Sensaciones

Por: Jeaneth Goretsky

Editado por Aaron Yurkovich

De aquella niña bogotana que dormía entre rollos de telas a una diseñadora vanguardista, múltiples veces laureada en ferias y pasarelas en Latinoamérica. La niña que rescataba los retazos de tela en la maquila de sus padres para devolverlos a la vida en forma de bambas para el cabello hoy entiende que la moda no es una línea recta. Para Jeaneth Goretsky, el diseño es una geometría que se expande y vuelve siempre a su origen; una creadora que se aleja del mainstream porque sus diseños no se rinden ante la norma, sino ante la fluidez de las sensaciones y los sentimientos.

“Desde chiquita hacía los vestidos para mis muñecas con hilo y aguja hasta que aprendí a coser. Empecé como emprendedora en mi época colegial, donde confeccionaba accesorios para el pelo y los vendía en el colegio y pequeños almacenes”. Aquel ejercicio de rescatar lo que otros descartaban fue el embrión de su filosofía actual. Jeaneth no entiende el diseño como un proceso de consumo, sino como un ciclo de transformación regido por su regla de las tres R: Reciclo, Restauro y Rediseño.

Esta tríada es, en esencia, su interpretación del círculo: una cosmogonía donde el material no muere, sino que muta. Lo que nació como una pulsión instintiva se ha sofisticado hasta convertirse en una postura estética y política; la capacidad de intervenir una pieza, descifrar su historia y devolverla al presente con una identidad renovada. En sus manos, el diseño es un ecosistema donde nada se pierde y todo se expande, alejándose de la obsolescencia lineal para dar paso a una moda con memoria.

Sin embargo, el clímax de esta narrativa no se encuentra en el boceto, sino en el despliegue escénico. Para Goretsky, cada feria y pasarela representa el momento en que su geometría emocional abandona la abstracción para volverse tangible. "Lo mejor que me puede pasar es participar en una pasarela", confiesa, entendiendo este espacio como el rito donde el círculo finalmente se completa. En ese instante, la rigidez de la industria se disuelve y sus creaciones encuentran su verdadera razón de ser: una danza circular entre la memoria de la prenda, la anatomía del cuerpo y la mirada del espectador.

Este proceso ignora los calendarios rígidos: “Siento que no me rijo por los parámetros exactos de la moda, sino que me muevo con lo que percibo en el momento; se vuelve una composición”. En su universo, la selección de materiales es un ritual pausado donde la durabilidad es la medida del éxito. El triunfo no es la venta inmediata, sino el testimonio del tiempo: que sus prendas sean heredadas por hijas y nietas que regresan buscando esa misma honestidad textil.

Esta lealtad generacional se entrelaza con una obsesión de infancia: la estética del fragmento. Bajo la influencia disruptiva de las composiciones de Franco Moschino, Jeaneth vio en los cortes sobrantes una oportunidad de diseño. "Me encantaba cómo se veían los retazos", recuerda. Hoy, esa fascinación se traduce en vanguardia, demostrando que lo que sobra es el principio de una nueva arquitectura con alma, especialmente en un momento donde el diseño colombiano vive un nuevo auge frente a la saturación de la copia.

Este renacimiento es el escenario de su proyecto más personal: una colección dedicada a las mujeres curvy*1. "Yo soy una curvy feliz", confiesa con orgullo, trazando un nuevo círculo de inclusión. "Todo lo hacen para flacas, pero las curvas también tienen su efecto de belleza". Su propuesta es un manifiesto para quienes habitan su cuerpo con comodidad, ignoradas por moldes estrechos. Al final del día, el mensaje que Jeaneth imprime en cada costura es una síntesis de su vida: la búsqueda de la perfección técnica y el profesionalismo, pero siempre al servicio del amor por el arte.

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*1: estilo de mujer voluptuosa.