ND: Si usted realmente quiere saber qué pasa en el Medio Oriente e Israel, esta lectura es obligatoria. La recomiendo enormemente. Lea cuidadosamente esta cátedras del profesor Marcos Peckel.
El día más largo
Los últimos dos años, a partir del ataque de Hamás a Israel el 7/10/2023 —el peor día de su historia—, han ido testigos de significativas transformaciones geopolíticas en el Medio Oriente, resultado de las guerras que tuvo que librar Israel en múltiples frentes. Se puede caracterizar el 7 de octubre como un día que duró dos años, hasta que se logró el cese al fuego por mediación de Donald Trump.
Israel demostró en estos dos años una imponente capacidad militar y de inteligencia, al establecer lo que podría denominarse una “Pax Israeliana” en sus fronteras. El plan de paz de Trump, avalado por el Consejo de Seguridad de la ONU a pesar de las múltiples incertidumbres, es lo único que hay sobre la mesa de la diplomacia internacional. Exige el desarme de Hamás, el despliegue de una fuerza internacional de estabilización y el establecimiento de un gobierno de transición bajo una “junta de paz”, como pasos previos a la reconstrucción de la franja.
Hamás no desaparecerá y hay dudas de que vaya a desarmarse, pues su razón de ser es aniquilar el Estado judío. No es la creación de dos Estados, sino la de un Estado islámico. Hamás está muy debilitada, su cúpula eliminada por Israel, al igual que miles de militantes, cifra que nunca revelan. A esta organización como detonante de la destrucción de Gaza por el asalto el 7 de octubre de 2023, arrastrando a Israel a una guerra que no empezó, ni quiso, pero que fue con el objetivo legítimo de recuperar los 250 secuestrados y de destruir una organización militar que prometió desde el principio que repetiría acciones como las del 7 de octubre.
Fue en el Líbano donde el poder de Israel demostró una letal contundencia. En pocas semanas, en octubre y noviembre de 2024, asestó un golpe demoledor a Hezbollah, el principal proxy iraní en la región. La operación de los beepers, quizás una de las más osadas y exitosas en la historia militar, dejó a Hezbollah abatida antes de que su jefe histórico, Hassan Nassralah, fuera liquidado en un bombardeo a su búnker. La organización chiíta, creada por Irán tras la revolución de 1979, es hoy una sombra de lo que fue, incapaz de proyectar poder ni intimidar a Jerusalén.
Irán, que se la jugó toda con sus proxis atacando a Israel desde Gaza, Líbano, Irak, Siria y Yemen, decidió, en una escalada directa de las tensiones, unirse directamente a la refriega, atacando al Estado judío con misiles y drones en abril y octubre de 2024, ataques a los cuales Israel respondió con mesura. En junio de 2025, Israel tomó la decisión de atacar a Irán con el objetivo de destruir el programa nuclear iraní y la mayoría de su arsenal de misiles. Durante los doce días que duró la guerra, Israel eliminó a varios científicos nucleares iraníes y a comandantes de la Guardia Revolucionaria, estableció un dominio aéreo absoluto sobre el cielo iraní, destruyó fábricas de misiles y bombardeó las centrales nucleares de Natanz e Isfahán. Trump, tras su ataque frontal contra tres centrales nucleares, dio por terminada la guerra y evitó que Israel le infligiera más daño a la capacidad militar de Teherán.
La derrota de Hezbollah por parte de Israel, la debilidad de Irán tanto de sus tropas y proxis en territorio sirio como tras dos ataques frustrados a Israel y la inacción de Rusia, fueron el catalizador para la caída del dictador sirio Bashar al Assad, el mayor eslabón del “eje de resistencia” encabezado por Irán, en lo que se constituye en la mayor transformación geopolítica del Levante en décadas. Los rebeldes sirios, el frente al-Nusra de ideología radical islamista y otras organizaciones que lucharon en la guerra civil contra Assad, se habían concentrado en la región de Idlib, noroccidente del país, apoyados por Turquía, que impidió que Rusia y Assad los aniquilaran. Desde allí, en una campaña relámpago, irrumpieron los rebeldes, en diez días ocuparon Damasco y pusieron fin a la dictadura de más de medio siglo de la familia Assad. Sus defensores de oficio, Irán, Hezbollah y Rusia, ya no tenían cómo continuar protegiéndolo.

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Terminando el año 2025, Israel lanzó una “bombazo geopolítico” al reconocer a la República de Somalilandia, una región separatista de Somalia que había declarado su independencia en 1991, pero hasta ahora ningún Estado la había reconocido. Estratégicamente ubicada en el Golfo de Adén, donde el mar Rojo y el océano Índigo se juntan a pocos kilómetros de Yemen al otro lado del mar, esta osada maniobra diplomática de Israel podría llevar a que otros países hagan lo propio.
De igual manera, desde los últimos días de 2025 y pasando al nuevo año, masivas manifestaciones han estallado en Irán por múltiples crisis que convergen: cortes de agua, luz, una economía en caída libre, una moneda que pierde valor cada día, una polución ambiental que ha matado a miles y desgaste de un régimen que poco bienestar le ha creado a la población.
La respuesta del régimen ha sido la misma que en ocasiones anteriores: una brutal represión asesinando a centenares de manifestantes pacíficos y bloqueando la internet y las comunicaciones. A pesar de las declaraciones de Trump, en el momento de escribir estas líneas no parece inminente una acción militar americana mientras que las protestas han prácticamente cesado. Las bolsas de cadáveres llenan las morgues y los hospitales.
Teherán ha malgastado ingentes recursos en su programa nuclear, misiles, proxis y poco en su gente. Eso se lo están cobrando y lo seguirán cobrando.
2026: nuevo tablero geopolítico
Las transformaciones de los últimos dos años constituyen una reconfiguración estratégica de la región, un nuevo tablero geopolítico lleno de incertidumbres, riesgos y oportunidades. Dependiendo de varios factores, la región puede avanzar en 2026, dejar atrás viejos conflictos y concentrarse en el bienestar social y económico, o, por el contrario, mantener vivos los viejos conflictos o crear nuevos.
En buena medida, lo que ocurra en la región en 2026 dependerá de qué tan involucrada y enfocada permanecerá la administración Trump, única capaz de lograr avances en los procesos de cese al fuego, no de paz, evitando que estos se descarrilen.
Las treguas en Gaza y el Líbano son muy frágiles. Para que se mantengan y se avance en la implementación de algo más que una tregua, se requiere, como condición sine qua non, que tanto Hamás como Hezbollah se desarmen, tal como está estipulado en los acuerdos, algo en lo que hasta ahora poco se ha avanzado.
Gaza y el conflicto palestino-israelí
El ataque de Hamás el 7/10/2023 marca un antes y un después en la centenaria historia del conflicto palestino-israelí. Tal como lo fueron el asesinato de los deportistas israelíes en las olimpíadas de Múnich por parte de la OLP y la segunda intifada, que dio al traste con los acuerdos de Oslo y le quitó oxígeno en la opinión pública de Israel a la solución de dos Estados. La utilización estratégica por parte del movimiento nacional palestino, primero la OLP, después Hamás, solo le ha traído un enorme perjuicio a la causa palestina y no hay hoy un cambio de estrategia unificado conducente a una convivencia con Israel.
Por los lados de Gaza, si Hamás se niega a cumplir su parte del cese al fuego, desramarse y aceptar la entrada de la fuerza de estabilización y un gobierno alternativo para la franja, no se avanzará en la segunda fase del ambicioso plan de Trump, comenzando por la reconstrucción, la entrada de ayuda humanitaria y crearles esperanza a sus habitantes. Para que Hamás cumpla, debe ser forzado a hacerlo ya que su doctrina y su misión fundacional, destruir a Israel, van en contravía del plan de paz. Quizá Qatar y/o Turquía podrían hacerlo, mientras que Irán hará lo posible por evitar el desarme y la desarticulación de Hamás.
Por lo pronto, no habrá mayores avances en el proceso de paz Israel-Palestina, y la solución de dos Estados, tan promovida por la comunidad internacional, no es viable en el futuro cercano, quizá solo mantenerla en el imaginario para algún día lejano. Acabada la guerra en Gaza, sin mayores perspectivas políticas para el conflicto palestino-israelí, este dejará, una vez más, su lugar en el centro de la agenda regional mientras los Estados se concentran cada uno en lo suyo: seguridad, crecimiento, diversificación de la economía y estabilidad.
Líbano
Israel no permitirá que Hezbollah se rearme y vuelva a convertirse en una amenaza. El nuevo gobierno libanés establecido tras dos años de parálisis institucional, gracias a la derrota militar de Hezbollah y al empeño diplomático de Trump, se muestra temeroso de tomar las medidas requeridas para cumplir su propia meta: el monopolio de las armas en manos del Estado. Si Hezbollah continúa armándose con misiles y drones con la finalidad única de atacar a Israel y, de paso, mantener de rehén al débil gobierno del Líbano, Israel actuará con contundencia, tal como lo hizo en 2024. El Líbano tiene su oportunidad, pero la ventana se va cerrando ante la inacción del Gobierno.
Siria
Mejor pronóstico, hasta ahora, ofrecen Siria y su flamante yihadista Al-Julani, convertido en presidente/estadista Al-Shara de traje y corbata, nuevo consentido de Occidente y de los países del Golfo. Se han levantado las sanciones que pesaban sobre el país y hay compromisos condicionados de cooperación para su reconstrucción y desarrollo. Los retos de Al Shara son enormes: construir un Estado desde cero, reconstruir su infraestructura en ruinas, unir en un proyecto nacional y de manera pacífica a las diferentes facciones que comparten el territorio sirio: sunitas, kurdos, alawitas, drusos y cristianos, y mantener un equilibrio entre las dos potencias militares hostiles entre sí que tienen presencia en territorio sirio: Turquía e Israel.
Israel
En 2026 habrá elecciones en Israel, en algún momento antes de octubre, cuando vence el período del actual parlamento. Las apuestas están equilibradas. Si bien la oposición a Netanyahu podría hacerse con la mayoría del parlamento, esto no implica mayores cambios en la política de Israel frente a la región, resumidos en: seguridad, mantener la disuasión que ganó en estos dos últimos años, preservar su clara superioridad militar y evitar que Irán obtenga armas nucleares.
Un objetivo esencial del próximo gobierno de Israel es recobrar la reputación de un país que la guerra en Gaza dejo maltrecha. Los efectos de las elecciones se sentirán mucho más en el plano interno: la reforma judicial, el juicio a Netanyahu, el reclutamiento de ultrarreligiosos, el fuerte debate para establecer una comisión institucional de investigación por lo ocurrido el 7 de octubre.
Diplomacia regional
En el terreno diplomático, el acercamiento entre Israel y Arabia Saudita, así como una posible adhesión de Riad a los acuerdos de Abraham, gravitan en el aire sin saber si finalmente van a aterrizar. Dependerá de varios factores, incluidas las elecciones en Israel y la presión que pueda ejercer Trump sobre el príncipe heredero saudí o las zanahorias que le pueda ofrecer. Amanecerá y veremos.
De igual manera parecería estarse forjando una nueva alianza entre Turquía, Qatar y los saudíes para enfrentar la de los Emiratos Árabes (EAU), Irael y Marruecos.
Geopolítica en movimiento que tuvo un capítulo en Yemen donde los aliados locales de los EAU buscaban volver a crear un Estado separado de Yemen en el sur, tal como existió hasta 1990, dejando el norte, por ahora, en poder de los Houtíes proiraníes. Sin embargo, este objetivo sufrió un golpe letal en los últimos días del año cuando Arabia Saudita bombardeó un cargamento de armamento pesado que iba con destino a los separatista del STC, y dejó bastante maltrecha, si no rota, la alianza entre Riad y Abu Dhabi contra los Houtíes proiraníes al norte.
Por otro lado, la firma de un gigantesco acuerdo de venta de gas a Egipto demuestra que la región quiere avanzar, dejar atrás conflictos que la distraen de sus metas, y los Estados reconocen el peso estratégico de Israel.
En 2026, el Medio Oriente no será un dechado de paz y, aunque es posible que las guerras de los últimos dos años no se repitan con la misma intensidad y en los mismos escenarios, la “estantería podría caerse” en cualquier momento por un cálculo errado, un error, una mala interpretación o simplemente un desequilibrio estratégico.
Lo único que ofrece el Medio Oriente es incertidumbre.




