¿Qué con la IA?
2026-06-10
Imagen de IA (paradójicamente)
Mi experiencia en educación pertenece al mundo de antes de la pandemia… y el mundo que tenemos hoy es otro completamente distinto. Muchas veces siento que cualquier reflexión mía puede sonar obsoleta o fuera de lugar.
En mi retiro, además de ver cantidades industriales de fútbol y de pasear por los centros comerciales en uniforme de pensionado, o sea - cachucha, sudadera, tenis, gafas y un halando un carrito de D1 - , me he dedicado a leer clásicos de la Literatura, sobre todo del siglo XIX. Tuve, entonces, la oportunidad de unirme a un experimento pedagógico verdaderamente fascinante: Curso Infinito de Clásicos de la Literatura, de la Nueva Academia, creada por Josef Amon, exalumno y exprofesor del CCH.
En este curso leemos literatura, sí… pero además la conversamos. Nos adentramos en lo que ésta revela sobre nosotros mismos, sobre la naturaleza humana. Y, sobre todo: la discutimos, guiados, por la enorme pasión que Josef siente por la literatura.
Entonces, empecé a reflexionar. En medio de un mundo donde todo parece girar alrededor de la inteligencia artificial —cursos, artículos, conversaciones—, esta experiencia me hizo caer en cuenta de algo muy importante:
-Hay cosas que no cambian.
-Hay virtudes pedagógicas que permanecen y que no pueden ser reemplazados por la Inteligencia Artificial.
Hoy, con tanto cambio, es fácil sentir que uno no sabe dónde se pisa. Es como si estuviéramos atrapados en arenas movedizas. Si uno se queda quieto, se hunde; si uno se mueve, también se hunde.
Entonces, ¿qué hacer?
Al igual que con las arenas movedizas, la única manera de salvarse es agarrarse de algo firme. Algo que permanezca estable mientras todo alrededor cambia. Y es justamente hacia esas verdades firmes a donde quiero invitarlos a mirar.
- Pasión del maestro
Tomando el ejemplo de Josef, es la pasión del maestro por lo que enseña y por sus estudiantes.
El estudiante sabe perfectamente cuando el profesor está encarretado con su materia. Esa pasión, como todas las pasiones, se transmite. Esa sensación, en la mitad de una clase, en ese momento, de estar tratando lo que para uno es el tema más importante del mundo, no puede ser transmitida por inteligencia artificial.
2. La creatividad auténtica
La inteligencia artificial es impresionante, sí… pero todavía no puede reproducir lo que crea un estudiante cuando trabaja desde su propia voz.
Un buen ejemplo de esto es el trabajo de Jorge Tulio Llamas. Él diseñaba sus clases para que los estudiantes se expresaran con autenticidad: recordemos los foros, donde los alumnos se disfrazaban, se convertían en filósofos de antaño y discutían espontáneamente entre ellos. También recordemos otros proyectos de Historia del Arte como el de los “museos de centros comerciales”.
Eso es comprensión profunda. Eso es aprendizaje real. Y eso, queridos amigos, todavía no puede hacerlo ninguna máquina.
3. El trabajo duro y honesto
La tecnología puede ayudarnos y debemos aprender a usarla bien —como alguna vez aprendimos a usar las calculadoras, el internet, los buscadores. Pero a su vez trae la tentación de las respuestas rápidas, de los atajos.
Pero nada reemplaza el trabajo constante, disciplinado y honesto. Esto lo aprendí de joven con los hermanos benedictinos del colegio San Carlos: ora et labora era su lema, reza y trabaja. Ese principio trasciende épocas y herramientas.
Muchos profesores del CCH lo encarnan y lo encarnaron. Quiero nombrar a uno, a modo de homenaje a todos: Luis Fernando Torres.
Su rigor y su exigencia académica en la enseñanza de la Física evidenciaban que el trabajo constante da frutos no solo en aprendizaje, sino en formación personal. ¿Cuántas veces no tuve estudiantes frustrados y furiosos porque Luis Fernando les exigía demasiado? Muchos de ellos reconocieron, ya en la universidad, lo importante y útil que fue ese rigor.
La inteligencia artificial está programada para complacer, no para exigir. Ella no demanda el trabajo necesario para el éxito académico.
4. La tradición judía
En nuestra humanidad, en todo aquello que nos sostiene como comunidad.
Ya me han escuchado decir esto: Trata a los demás como quieres que te traten.
Esa frase, que he repetido tantas veces, es la llave para vivir, para aprender y para enseñar.
Es la base del respeto, de la convivencia, de las relaciones que nos permiten ser personas buenas; de ser un mensch.
Como ya lo dije, la inteligencia artificial está programada para complacernos. Complacencia no es lo mismo que empatía y respeto. Esto solo lo enseña un maestro comprometido.
Mensaje final
Así, mis queridos estudiantes, que cuando sientan que el mundo cambia demasiado rápido…
Cuando parezca que no hay suelo firme…
Agarrémonos de estas cuatro ramas sólidas:
La pasión por lo que hacemos -la creatividad auténtica, -el trabajo duro, -y la regla dorada del judaísmo.
Y quiero cerrar diciéndoles – pensando en todo esto de la inteligencia artificial - que siento un profundo respeto y una enorme admiración por los educadores y estudiantes del futuro.
Ustedes son quienes harán que lo esencial permanezca.
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