9 de Sivan (ט׳ סיון) [Num. 1088]
Revista Hashavua

Parashat Vayeshev

Odio hacia un hermano

Este Shabat 23 de Kislev de 5786. 13 de diciembre de 2025, se leerá la Parashá de Vayeshev “Y se asentó”, del libro de Bereshit.


Resumen

Parasha

Se asentó Yaacov en Canaán.

Yosef a los 17 años, acusaba a sus hermanos, ante su padre. Yaacov prefería a Yosef y le hizo una túnica ornamentada; al darse cuenta los hermanos, que Yaacov amaba más a Yosef, lo odiaron. Su odio se incrementó cuando les relató los dos sueños que había tenido: en uno, los atados de las gavillas de sus hermanos lo rodeaban y se inclinaban hacia su gavilla, en el otro: el sol, la luna y once estrellas, se le inclinaban. Ante éste último sueño su padre le reprendió y le preguntó si es que la madre, los hermanos y él se iban a inclinar hacia él. Sin embargo Yaacov guardó en su corazón éste asunto.

Un día cuando fue, enviado por Yaacov, a ver a sus hermanos cómo pastoreaban las ovejas, ellos se habían desplazado a otro lugar de donde debían pastorear y al verlo venir planearon matarlo, pero Rubén, el hermano mayor libró a Yosef de la muerte convenciendo a sus hermanos de no matarlo y que solamente lo arrojaran a la cisterna, con la intención interior de devolverlo después a su padre. Así lo hicieron, le quitaron la túnica y lo metieron en la cisterna vacía del desierto. Se fueron los hermanos a comer. Vieron venir unos comerciantes ishmaelitas por el lugar; como Judá pensaba que iban a matar finalmente a su hermano los convenció de que en lugar de matarlo lo vendieran a los ishmaelitas, para así salvarle la vida. Pero antes habían pasado unos hombres de Midián, quienes habían sacado a Yosef de la cisterna y lo habían vendido a los ishmaelitas. Los ishmaelitas lo llevaron y vendieron a Potifar, cortesano del faraón en Egipto, jefe de mayordomos.

Cuando fue Rubén a la cisterna no encontraron a Yosef, Rubén angustiado rasgó sus vestiduras y les contó a sus hermanos que el chico no estaba, degollaron una oveja y untaron la camisa con su sangre, rasgándola. Le entregaron la túnica a Yaacov para que la identificara, al creer Yaacov que lo había devorado un animal del desierto, rasgó amargamente sus vestiduras y se colocó un saco de luto. A pesar de que sus hijos e hijas trataron de consolarlo, Yaacov dijo que descendería hasta su hijo en duelo.

Judá se casó con una Cananea y tuvo tres hijos: Her, Onán y Shelá. Judá casó a Her con Tamar, pero falleció sin tener descendencia, Judá le dijo a Onán que se casara con Tamar para dar descendencia a su hermano según la costumbre pero a Onán no le gustaba la idea que sus hijos fueran de su hermano y eyaculaba a tierra, esto fue desagradable para Dios y Onán también murió. Judá le pidió a Tamar que esperara a que su tercer hijo, Shelá, creciera para casarse con ella. Pasó mucho tiempo y Judá enviudó.

Un día cuando Tamar supo que Judá pasaría por allí, y había crecido Shelá y no había sido entregada a él como esposa, se quitó sus vestiduras de viuda, se vistió y salió a su encuentro. Como iba con un velo, Judá pensó que era una prostituta y le pidió acostarse con ella, como prenda hasta que le pagara ella le pidió su sello, su cordón y su cayado. Ella quedó embarazada de Judá. Cuando Judá le envió la paga ella había desaparecido.

Después de tres meses le llegó el chisme a Judá que su nuera se había prostituido y estaba embarazada. El ordenó que la mataran pero ella le envió a decir que el padre de su embarazo era el dueño de las prendas, enviando las prendas que él le había dado. Al recibirlo Judá dijo que ella había sido más justa que él, pues él no le había dado a su hijo menor. Ella tuvo mellizos: Paretz y Zaráh.

Dios bendijo a Yosef en todo lo que hacía y en casa de Potifar todo prosperó, llegando a manejarlo todo. Yosef era muy bien parecido y la esposa de Potifar quiso acostarse con él, al negarse él, pues lo consideraba un pecado ante Dios, ella lo presionó agarrándolo de la ropa, él se sacó la camisa para poder huir, ella enojada le contó a Potifar que el hebreo que había traído la había tratado de violar y ella gritó por lo que él huyó dejando su ropa allí, Potifar furioso lo envió a la cárcel.

Bendijo Dios a Yosef también en la cárcel, haciendo que el alcalde de la prisión dejara a Yosef a cargo de todo lo que los presos hacían en la cárcel. El copero y el panadero del faraón fueron enviados a la cárcel, donde también estaba Yosef. Ambos tuvieron un sueño, que contaron a Yosef, quien les dijo que la interpretación era de Dios.

Cada uno le contó su sueño y Yosef  les interpretó correctamente su significado y su futuro. Al copero quien iba a ser juzgado inocente y restituido a su puesto, le rogó que abogara por él ante el faraón pues había sido encarcelado siendo inocente. Pero el copero se olvidó de Yosef.


La altura espiritual de Yosef. Comentario de Parashat Vayeshev por el Rabino Alfredo Goldschmidt del Centro Israelita de Bogotá.