9 de Sivan (ט׳ סיון) [Num. 1088]
Revista Hashavua

Parashat Lej Lejá

Abraham emigra a Canaán

Esta Shabat 10 de Jeshvan de 5786, 1 de noviembre de 2025, se leerá la Parashá: “Lej Lejá”: “Ve para ti”, del libro de Bereshit.

Resumen

Parasha

Dios le ordenó a Abram, partir de su tierra natal a una tierra que El le iba a mostrar donde sería bendición para todas las naciones; ésta tierra se la daría a su descendencia.  A los 75 años, tomó Abram a su esposa Sarai, a su sobrino Lot y a la gente que estaba con él y partió de Harán a la tierra de Canaán.

Abram se estableció en Canaán, cerca de Bet-El, desplazándose después hasta el Neguev. Sobrevino el hambre en el país y descendió a Egipto, como Sarai era hermosa temió por su vida y le pidió que dijera que era su hermana, y así lo hizo. Fue Sarai llevada a la presencia del Faraón, pero por ella Adon-ay trajo plagas a la corte del Faraón. Al saberlo el faraón enojado regresó a la mujer y lo expulsó de todas sus posesiones.

Abraham era rico y su sobrino también tenía lo suyo, pero por la estrechez de la tierra, sus pastores empezaron a reñir, por lo que Abram le ruega a Lot escoger un lugar donde prefiera e irse a vivir allá, mientras que él se iría al otro lado; se establece entonces Lot en el Valle del Iardén (río Jordán) extendiendo su campamento hasta Sodoma. Dios prometió a Abram darle a su descendencia toda la tierra de Canaán. Abraham se establece finalmente en Hebrón.

Hubo una guerra en la región en la que Sodoma fue vencida; entre los prisioneros se llevaron a Lot y sus bienes. Abram salió al rescate con 318 hombres enfrentando y recuperando a Lot, los hombres y los bienes de Sodoma. Al regreso de Abram, el sacerdote de Dios, Malkitzedek, sacó pan y vino para bendecir a Abram y a Dios. El rey de Sodoma ofreció el botín a Abram a lo cual éste se negó para que no dijera el rey de Sodoma que había enriquecido a Abram, solo aceptó lo que consumieron sus hombres y lo que le correspondía a los otros hombres que no eran de su clan y lo acompañaron en la guerra: Haner, Eshkol y Mamré (de Mamré era el territorio donde vivía Abram).

Dios le dijo a Abram que sería bendecido y recompensado, pero Abram le contestó que no tenía hijo para legarle lo que Dios le diera. Le dijo Dios que contara las estrellas que veía en el cielo y así de numerosa sería su descendencia, Abram tuvo fe.

Preguntó Abram a Dios cómo podía saber que Canaán sería para sus descendientes; y por medio de un ritual con animales Dios le permitió ver el futuro, en el cual sus descendientes serían esclavizados durante 400 años en un país extraño, tiempo después del cual los sacaría con grandes juicios y maravillas, conduciéndolos a la tierra de Canaán, dando Dios ésta tierra a la descendencia de Abraham como pacto.

Sarai a sus 77 años, al ver que no podía tener hijos le pidió a Abram que tuviera un hijo con su sierva Hagar y sería considerado como hijo de ella (Sarai). Durante su embarazo, Hagar fue humillante con Sarai, lo que la martirizaba enormemente. Sarai se quejó ante Abram quien le dijo que ella dispusiera de Hagar. La enfrentó fuertemente y Hagar huyó. La encontró un enviado de Adon-ay y le dijo que regresara a Sarai y se sometiera a ella. Le dijo a ella que incrementará su descendencia pues sería numerosa, que su mano estaría sobre todo y todos estarían sobre él. A los 86 años de Abram nació Ishmael hijo de Hagar.

Cuando Abram cumplió 99 años Dios estableció Su pacto con él, confirmándole que ésa tierra se la daría a sus descendientes, que sería padre de multitudes, cambió su nombre a Abraham y a Sarai le cambió el nombre a Sarah, ella le daría en un año un hijo al que debían llamar Itzjak y con él Dios continuaría Su pacto; pero se comprometió con Abraham a proteger a Ishmael; como señal del pacto todo varón debía ser circuncidado y después de esto cada varón que naciera debería ser circuncidado a los 8 días de nacido por el resto de las generaciones.

Abraham, a los 99 años se circuncidó y se circuncidaron todos los varones de su casa, Ishmael tenía 13 años en su circuncisión.


La tierra y Dios, valores entrelazados. Comentario de Parashat Lej Leja por el Rabino Alfredo Goldschmidt del Centro Israelita de Bogotá.