29 de Iyyar (כ״ט אייר) [Num. 1087]
Revista Hashavua

Parashat Bereshit

El Árbol del bien y del mal

Este Shabat 26 de Tishrei de 5786, 18 de octubre de 2025, se comienza la lectura de la Torah, con el primer libro: Bereshit, “En el principio”. La última Parashá del libro de Deuteronomio –Devarim- llamada Vezot Haberajá, es leída en Simjat Torah, pues en este día se termina de leer la Torah y se enrolla para comenzar nuevamente la lectura.

Resumen

Parasha

Describe la Parashá, cómo fue la creación de los cielos, la tierra, las luminarias, los animales, a los cuales bendijo para que se multipliquen y finalmente la creación del hombre a imagen y semejanza Divina; para que domine sobre toda la creación. Tanto a los animales como a los hombres proveyó de toda planta para su alimentación. Al séptimo día –Shabat- culminando ya Su obra, Dios descansó y bendijo éste día consagrándolo.

Plantó Dios un huerto en Eden donde colocó al ser humano para que cultivara la tierra y la preservara. Generó todo tipo de plantas, incluyendo el árbol de la Vida Eterna y el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, prohibiendo comer del fruto de éste último. Después de crear al hombre, tomó Dios de un costado de éste, en base al cual creó a la mujer para que le fuera compañía apropiada, Adam se vio complacido y le colocó el nombre de Ishá, porque fue tomada del Ish (hombre).

La serpiente, el más astuto de los animales, convenció a la mujer de probar del fruto de la ciencia del bien y del mal diciéndole que en verdad no iba a morir sino que se volvería conocedora del bien y del mal como Dios, La mujer comió y le dio a su marido. Inmediatamente se dieron cuenta que estaban desnudos, se fabricaron entonces ceñidores con hojas de higuera. Cuando Dios los enfrentó por la desobediencia,  maldijo a la serpiente haciéndola arrastrarse sobre su vientre; a la mujer le incrementó la tensión durante su embarazo y al dar a luz; por Adam maldijo Dios la tierra haciendo que con esfuerzo comiera de ella diciéndole: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, ya que polvo eres tú y al polvo habrás de volver”.

Llamó Adam a la mujer Javá (viviente), por ser la madre de todo ser viviente. Expulsó Dios al hombre del jardín de Eden para que no fuera a comer del fruto del árbol de la Vida Eterna y los colocó en la tierra de donde había sido tomado. Adam y Javá tuvieron a Cain, quien fue labrador y a Hevel quien fue pastor de ovejas.

Un día Caín ofrendó a Dios de los frutos de la tierra y Hevel le ofrendó de las más gruesas de sus ovejas. Dios aceptó la ofrenda de Hevel, pero no la de Caín, por lo que se enfureció y andaba decaído. Dios le advirtió que no se enojara, que si hacía el bien, se erguiría, pero si no hacía el bien, el pecado estaría cerca de él y debía dominarlo. No obstante Caín mató a Hevel, motivo por el cual Dios lo castigó, diciéndole que la tierra en la que había caído la sangre de su hermano, no le daría su vigor y sería errante sobre ella. Caín se atemorizó del castigo y le dijo que al errar por la tierra cualquiera podría matarlo, por eso Dios le colocó una señal para que nadie lo mate, pues el que lo hiciere sería castigado siete veces. Se asentó Caín con su mujer en la tierra de Nod y allí tuvo hijos.

Adám y Javá tuvieron un tercer hijo al que llamaron Shet, quien tuvo un hijo llamado Henosh, entonces se empezó a invocar el Nombre de Dios.  A continuación cuenta la Torah la genealogía desde Adam, hasta llegar a Noah descendiente de Shet. Noah tuvo tres hijos: Shem,  Ham y Iafet.

Los Bené Elo-him cohabitaron con las hijas del hombre y de ellos nacieron los hombres de renombre, héroes de antaño.

Al ver Dios que el pensamiento del hombre era siempre malo, se arrepintió de haberlo creado y se entristeció, decidiendo destruir toda su creación, tanto hombre como animal, pero Noah halló gracia ante los ojos de Dios.


La elección de pareja y el consentimiento. Comentario de Parashat Bereshit por el Rabino Alfredo Goldschmidt del Centro Israelita de Bogotá.