2017-10-21 [Num. 640]

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Parashat Pinjas


Salvados por Pinjas

Este Shabat 21 de Tamuz de 5777, 15 de julio de 2017, se leerá la Parashá de Pinjas, del libro de Bamidbar.

Resumen

Moises tierra prometida

Dios establece un pacto de paz con Pinjas y con sus descendientes, otorgándole el sacerdocio eterno por cuanto mostró su inquebrantable empeño en defender la legislación de Dios, logrando la expiación para los hijos de Israel. 

Dios ordena censar a  toda la comunidad de los hijos varones de Israel que estén por encima de los 20 años, aptos para el ejército de Israel, para efectos de heredar la tierra, el cual arroja un total de 601.730 personas. La tierra sería repartida al azar, y el tamaño del territorio sería de acuerdo al número de censados de la tribu.

De otra parte se nos relata cómo las cinco hijas de Tzelofjad,  solicitan a Moshé  la parte de la tierra que les corresponde, al no haber hermanos varones que la hereden. Moshé lleva la causa de estas mujeres ante Dios, quien no sólo advierte la legitimidad de la pretensión, sino que además explica que ante la ausencia de un hijo hombre en la línea sucesora, se debe pasar la heredad a la hijas; de no haberlas, hereda el hermano del difunto y en su defecto a los tíos paternos, para finalmente heredar, en ausencia de todos los anteriormente citados,  los parientes más cercanos por parte de padre. Todo esto es en cuanto a la herencia de tierra cuando fuera repartida.

Así mismo, Dios le ordena a Moshé subir al monte Habarím para que contemple la tierra prometida y le hace saber que su muerte está próxima. Moshé se preocupa de que Hashem designe un líder para que lo suceda, y lleve a su pueblo a la tierra prometida: Dios  manifiesta su escogencia en la persona de Yoshua Bin Nun, a quien debía presentar ante Elazar y ante toda la congregación.

Finalmente Dios decreta las leyes relativas a los korbanot (sacrificios) muy detalladamente, uno en la mañana y otro en la tarde. Enseña las leyes del Korban Tamid (sacrificio diario) y de igual modo, las ofrendas del Korban Musaf, (adicionales) o sea aquellas que además  debían traerse en los días sagrados (festividades).


Vea el video del rabino Alfredo Goldschmidt

Explicaciones

Números 25:19 o primera parte del 26:1 → “Ocurrió después de la plaga”. 26:1 y 2 → “… Se dirigió Ado-nai a Moshé y a Eleazar hijo de Aarón, el sacerdote diciendo: Censad a toda la congregación de los hijos de Israel, de edad de veinte años para arriba, según sus prosapias, todo apto para el ejército de Israel”.

Esta primera frase aparece en algunos jumashim como final del capítulo 25 y en otros aparece como parte del primer versículo del capítulo 26. El rabino Marcos Edery explica que después de estas palabras hay un espacio llamado por los sabios ‘Interrupción en medio del versículo’, pero por otro lado aparece la letra que indica cambio de Parashá y comienzo de la siguiente, pero tampoco aparecen los signos especiales de puntuación que representan el fin del versículo.

Hizzekuni: (Hezekiah ben Manoah, siglo XIII Exegeta francés: comentario cabalístico de la Torah), sugiere que nos encontramos ante un versículo incompleto, que insinúa que la plaga ha cesado, el cual hace referencia a los que salieron de Egipto y tenían veinte años pero por su actitud equívoca tuvieron que errar cuarenta años por el desierto, por ello a partir del próximo versículo, se procederá al censo de los hijos, la nueva generación, que será la que ingresará definitivamente a la tierra prometida.

Al finalizar la Parashá anterior, Dios había enviado una plaga sobre los hijos de Israel que se habían apegado al ídolo de Bahal Pehor. En esta plaga habían muerto 24.000 personas. Es como si en estos versículos tratara de demostrar que esa plaga había continuado hasta ese momento, por eso ordena Dios hacer un censo, para que se supiera cuántos de la nueva gene4ración, de la generación pura iban a pertenecer al ejército de Israel que entraría a la tierra prometida.

El censo no sugiere únicamente un número de personas, sino que sugiere la calidad de personas que entraban resueltos a cumplir con las leyes de la Torah y ser gente recta y pensante, que no se dejaría desviar a dioses ni otras creencias falsas. Iban a luchar con una idea de identidad en la cabeza. No solo por luchar a entrar a tomarse una tierra. La tierra de Israel, que le pertenece al pueblo judío, le pertenece por su fe, por su sabiduría, por su identidad, por ser el pueblo elegido por Dios para poseerla y no por su fuerza ni por capricho. Si no se es claro en esta idea, la tierra de Israel sería discutible.



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Números 25:19 o primera parte del 26:1 → “Ocurrió después de la plaga”. 26:1 y 2 → “… Se dirigió Ado-nai a Moshé y a Eleazar hijo de Aarón, el sacerdote diciendo: Censad a toda la congregación de los hijos de Israel, de edad de veinte años para arriba, según sus prosapias, todo apto para el ejército de Israel”.

Esta primera frase aparece en algunos jumashim como final del capítulo 25 y en otros aparece como parte del primer versículo del capítulo 26. El rabino Marcos Edery explica que después de estas palabras hay un espacio llamado por los sabios ‘Interrupción en medio del versículo’, pero por otro lado aparece la letra que indica cambio de Parashá y comienzo de la siguiente, pero tampoco aparecen los signos especiales de puntuación que representan el fin del versículo.

Hizzekuni: (Hezekiah ben Manoah, siglo XIII Exegeta francés: comentario cabalístico de la Torah), sugiere que nos encontramos ante un versículo incompleto, que insinúa que la plaga ha cesado, el cual hace referencia a los que salieron de Egipto y tenían veinte años pero por su actitud equívoca tuvieron que errar cuarenta años por el desierto, por ello a partir del próximo versículo, se procederá al censo de los hijos, la nueva generación, que será la que ingresará definitivamente a la tierra prometida.

Al finalizar la Parashá anterior, Dios había enviado una plaga sobre los hijos de Israel que se habían apegado al ídolo de Bahal Pehor. En esta plaga habían muerto 24.000 personas. Es como si en estos versículos tratara de demostrar que esa plaga había continuado hasta ese momento, por eso ordena Dios hacer un censo, para que se supiera cuántos de la nueva gene4ración, de la generación pura iban a pertenecer al ejército de Israel que entraría a la tierra prometida.

El censo no sugiere únicamente un número de personas, sino que sugiere la calidad de personas que entraban resueltos a cumplir con las leyes de la Torah y ser gente recta y pensante, que no se dejaría desviar a dioses ni otras creencias falsas. Iban a luchar con una idea de identidad en la cabeza. No solo por luchar a entrar a tomarse una tierra. La tierra de Israel, que le pertenece al pueblo judío, le pertenece por su fe, por su sabiduría, por su identidad, por ser el pueblo elegido por Dios para poseerla y no por su fuerza ni por capricho. Si no se es claro en esta idea, la tierra de Israel sería discutible.



Números 26: 3 y 4 → “Hablaron Moshé y Elazar el Cohen, con ellos en las llanuras de Moab, en la ribera del Iardén –Jordán-, a la altura de Jericó, diciendo: De edad de veinte años para arriba, como había prescripto Ado-nai a Moshé y a los hijos de Israel, los salidos de la tierra de Egipto”.

El Rabino Samson Raphael Hirsch explica que Llamaron a cada individuo por su nombre y lo relacionan con una casa que le correspondía y como cada una de sus familia en el primer censo (versículo 2), El objetivo principal no era contarlos para determinar su número total; más bien, lo más importante fue llamar a cada individuo, por su nombre y resaltar a su familia y su tribu, para reconocer su tarea nacional.

Cada una de las tribus tenía una tarea, una función y una misión que cumplir y la idea de contar cada familia, no era simplemente el saber el número de gente, ya que hay que recordar la prohibición de contar a la gente del pueblo de Israel, sino destacar la idea de pertenencia a una tribu o a una familia. El concepto de identidad se da desde épocas bíblicas y ha continuado hasta nuestros días. Hoy sabemos quién desciende de Aarón –los cohanim- y quién de Leví. Es por eso que es tan importante la idea de permanecer dentro de los lazos comunitarios en cada país donde vive cada judío, ha sido el emblema de la gran mayoría de judíos.



Números 26: 5 al 9  “Reubén primogénito de Israel: los hijos de Reubén: de Janoj, la familia de los janojitas; de Falú, la familia de los paluitas; de Jetztron, la familia de jetztroni; de Jamri la familian de los carmitas. Estas son las familias de los Reubenitas. Fueron sus censados treinta y cuatro mil setecientos treinta. Y los hijos de Falú: Eliav. Y los hijos de Eliav: Nemuel, Datán y Avirám. Ellos Datán y Aviram convocados a la asamblea, que habían hecho en contra de Moshé y contra Aarón en la asamblea de Koraj, cuando ellos contendieron contra Ado-nai”.

El exégeta francés del siglo XXII, Hezekiah ben Manoah Hizekuni analiza la posición de Datán y Avirám que se hubiesen unido a la rebeldía de Koraj. De Koraj el levita se sabía de dónde venían sus ansias de poder, ya que se consideraba descendiente de la tribu de Levi de igual rango que Moshé, él no aceptaba la ordenanza Divina. Mientras que Datán y Avirám que eran descendientes de Reubén, tenían un rencor guardado por tres generaciones y fue el de la destitución de su abuelo Reubén como hijo primogénito, perdiendo ellos el derecho de dirigir al pueblo, -a causa de que su padre Reubén había tenido relaciones con una de las mujeres del padre de Reubén: Yaacov- como lo hacían Moshé y Aarón.

Ambos deseaban destituir a Moshé, Koraj por deseos directos de poder. El creía en Dios (ver Números 16:3) pero pensaba que Dios debía haberlo puesto a él en el poder. Se le rebeló a Dios. Por su parte, Datán y Aviram no creían verdaderamente en el poder de Dios (ver Números 16:12 al 14). Y esto fue lo que verdaderamente enfureció a Moshé.

No siempre los hechos se desarrollan como pensamos que se deberían desarrollar, Aquél que no cree en Dios y Su ley, no entiende muchas circunstancias de la vida y la considera cruel poniendo en manos de los hombres su destino. Lo que cree que es el mal, para bien es. Este personaje muere sin fama ni gloria, tiene una vida vacía de espiritualidad y esto, lo reciben y digieren sus hijos y generaciones posteriores; el odio, la antipatía y el egoísmo, son su bandera; su destino es la insignificancia vital. La rebeldía a Dios es humana, no justificable pero humana. Años más adelante los hijos de Koraj estuvieron fielmente al servicio de Dios durante la época del juez Samuel.

Que Dios nos permita tener la posibilidad de entender Su Presencia, para entender la vida y rodearse de valores como la justicia, la sabiduría y buscar la paz.