2018-09-24 [Num. 688]


Parashat Itró

Los Diez Mandamientos

Este Shabat 16 de Shvat de 5778, 1 de febrero de 2018, se leerá la Parashá de Itró, -el suegro de Moshé- del libro de Shemot. Durante la lectura de los Diez Mandamientos en la sinagoga, se debe permanecer de pie.

Resumen

Itro y moshe

Itró, el suegro de Moshé, condujo a su hija Tziporah junto con sus dos hijos: Gershon y Eliécer hasta donde estaba Moshé en el desierto.

Salió Moshé a recibirlo, besó a su suegro y le relató toda la historia de la salida de Egipto y cómo Dios le había hecho tanto bien durante el trayecto hasta el momento. Bendijo Itró a Dios y le ofrendaron sacrificios, junto con los ancianos de Israel.

Cuando Itró vio que Moshé juzgaba solo a la gente, le pareció que era un trabajo muy difícil para él solo; le aconsejó que escogiera entre la gente a los más temerosos de Dios, hombres de virtud y de verdad, que aborrecen el lucro mal habido, como jefes de millares, jefes de cientos, jefes de cincuentenas y jefes de decenas, que los adiestre muy bien en la parte legal y que a él solamente traigan los casos muy difíciles y Moshé le hizo caso, aliviando su carga y la del pueblo. Regresó Itró a su tierra.

Cuando llegaron al desierto del Sinaí, Dios le dijo a Moshé que si el pueblo se comprometía a obedecer la Ley Divina, sería para El, un pueblo de Sacerdotes, un pueblo especial para Dios, pues toda la tierra es Suya. Moshé habló al pueblo y el pueblo se comprometió.

Dios ordenó a Moshé que el pueblo se preparara durante dos días y lavaran sus vestiduras. Al tercer día, descenderá Ado-nai frente a los ojos del pueblo, sobre el monte Sinaí. Alrededor de la montaña debía colocar límites que no debían ser traspasados por nadie. Con el sonido del shofar la gente podrá ascender hacia la montaña. Al dar la instrucción Moshé al pueblo advirtió también que no debían acercarse a mujer durante estos tres días.

Así fue. El pueblo presenció al tercer día que Dios descendió a la montaña; truenos, relámpagos, una nube espesa y un sonido muy fuerte de shofar conmovía al pueblo. Moshé hablaba y Dios respondía directamente con una voz. Moshé descendió de la montaña y le dijo al pueblo las palabras de Dios:

1.     Yo Soy el Señor tu Dios quien te sacó de la tierra de Egipto.

2.     No tendrás otros dioses delante de Mí.

3.     No pronunciarás el Santo Nombre de Dios en vano.

4.     Acuérdate de Shabat para santificarlo.

5.     Honra a tu padre y a tu madre.

6.     No asesinarás.

7.     No cometerás adulterio.

8.     No robarás.

9.     No prestarás falso testimonio contra tu prójimo.

10.   No codiciarás nada de tu prójimo.

Atemorizado el pueblo, le rogó a Moshé que él recibiera la Ley de Dios y se comprometía a cumplir con dicha Ley. Dios le ordenó a Moshé que le dijera al pueblo de Israel, que así como habían sido testigos de lo que habían visto y escuchado, de la misma manera no debían tener dioses de oro ni de plata. Que las ofrendas de animales a Dios debían ser hechos sobre un altar de tierra y no con piedras esculpidas y que en todo lugar donde Dios hiciera mencionar Su Nombre, El iba a estar allí para bendecir al pueblo.


Vea el video del rabino Alfredo Goldschmidt sobre la prueba de la fe.

Explicaciones

Éxodo 18:12 Tomó Itró, suegro de Moshé, holocaustos y sacrificios para Elo-him. Y vino Aarón y todos los ancianos de Israel a comer comida, con el suegro de Moshé, ante Elo-him”.

El Rabino Samson Raphael Hirsch explica: “primero se realiza la ofrenda ante Dios, y luego la mayor parte de la carne es comida por quien ofrece la ofrenda. Esto confirma que el disfrute material, está acorde con la voluntad de Dios y puede convertirse en servicio Divino. Quien trae el korván –ofrenda- es invitado, por así decirlo, a la mesa de Dios, y la comida se toma en presencia de Dios. Nuestros sabios comentan que Aarón y los ancianos se sentaron a la mesa, pero Moshé, en cuya tienda se llevó a cabo la ofrenda de comida, como anfitrión esperó a sus invitados”.

El primer aspecto a resaltar, es la relevancia que se le da a quien trae una ofrenda, dándole el kavod –honor- de darle la mejor porción de la ofrenda Divina, de sentarlo en la mesa de Dios y no empezar hasta que el que trae la ofrenda, se siente y empiece a comer, así tenga un rango mucho menor que el dueño de casa, en éste caso, eran Moshé y Aarón. Darle el kavod a los invitados que traen aspectos positivos hacia Dios y hacia las leyes Divinas.

El segundo aspecto, es que la felicidad y satisfacción humana, es felicidad y satisfacción para Dios, en tanto que ésta sea dedicada al servicio Divino, o sea, una acción buena que trae felicidad al hombre y hace el bien, será siempre como una celebración hacia Dios.

Tercer aspecto, cualquier persona, aún una persona no judía, -tal como lo era Itró, quien además creía en otros dioses-, cuando reconoce la grandeza de Dios y/o realiza una obra buena, una Mitzvá según la filosofía judía –en éste caso la ofrenda traída a Dios- es merecedora de cada honor que se le brinde, como si se le llevara a la mesa de Dios.

Ojalá todos los judíos tengamos la visión y para detectar a quienes hacen beneficios y bondades al pueblo de Israel y se les dé el kavod que merecen.



Ver más explicaciones

Exodo 18:8 → “Relató Moshé a su suegro todo lo que había hecho Ado-nai a Paróh y a Egipto por causa de Israel; todas las tribulaciones que les acaecieron en el camino, y de las que los libró Ado-nai”.

La Rabanit Shifra bat R. Binyamin en su libro “Leiluy Nishmat” y con la adaptación de Rav Gabriel Guiber, formula la pregunta: ¿Por qué Moshé le relató todo a Itró su suegro?, ¿por qué no a nadie sino a él? Y responde: porque Itró sabía escuchar. “Escuchó Itró…” (Shemot 18:1). La rabanit trae la explicación del Alshij Hakadosh (Moshe Alshij: 1508-1593, fue u prominente rabino y predicador, nacido bajo el Imperio Otomano, quien fue a vivir a Safed, donde fue estudiante del rabino Yosef Caro) quien enseña que el camino más cercano a la integridad, para ser una persona completa, es saber escuchar con los oídos. La rabanit termina de explicar que Al escuchar, el hombre puede inclinar su corazón hacia las palabras de Hashem, hacia el reproche y hacia el estudio. Escuchando la persona puede ir subiendo, escalón tras escalón.

Es muy diferente oír, que escuchar. Cuando realmente se escucha, se entiende y se analiza. De escuchar se sacan conclusiones y se aumenta el conocimiento y la búsqueda y encuentro de la verdad. El que escucha tiene la capacidad de comprender y saber cuándo ha cometido errores y se permite la posibilidad de corregirlos. Una persona que sabe escuchar, a pesar de tener arraigados ciertos conceptos, y es capaz de replantearse algunos conceptos, es una persona sabia. Moshé le relató a su suegro Itró porque era u hombre sabio. Escuchó sin egoísmo, con admiración y se atrevió a dar consejos después de haber escuchado.



Exodo 18:9 → “Se regocijó Itró por toda la bondad que había hecho Ado-nai para Israel, de cuando lo hubo librado de bajo el poder egipcio”.

El Rabino Menahem Rapoport (Verona Italia, siglo XV, autor de Minhah Belulah), Destaca que Itró no se alegró de la derrota de los egipcios sino de la victoria de Israel, valorando el lado positivo de las cosas, enseñando que nadie debe regoicijarse por el mal en sí sino por el producto del mal del cual resulta un bien.

A Itró le habían relatado de la salida de los hebreos de Egipto y los milagros que había hecho Dios al pueblo de Israel, según se relata en el versículo 1 de esta Parashá, Tomó Itró a la esposa e hijos de Moshé, los llevó al desierto y esuchó directamente de Moshé el realto. Itró era un buscador de la verdad y sabía a quién escuchar y a quién creerle el relato exacto, por eso es que se alegró en ese momento y no cuando le habían contado anteriormente. Esta es una gran enseñanza que nos deja la alegría de Itró al escuchar de boca de Moshé. Siempre se debe buscar escuchar la versión de la persona involucrada directanmete y concerla para saber que es una persona de verdad, de justicia y rectitud.



Exodo 18:10  “Dijo Itró: Bendito sea Ado-nai que os ha librado a vosotros que estabais bajo el poder de los egipcios y del poder del Faraón, Él que ha librado al pueblo de la mano de Egipto”.

El Rabino Menahem Rapoport explica que de aquí deducimos que hay que decir una bendición cuando ocurren hechos positivos.

Itró era el sacerdote de Midián, era idólatra y bendijo a Dios, al Dios del pueblo de Israel. Unos versículos más adelante Itró dice que el Dios de Israel estaba sobre todos los dioses. Itró no había dejado de creer en otros dioses, solamente afirmaba que el Dios de Israel estaba por encima de los dioses. Aún así, Itró fue siempre respetado por Moshé y el pueblo de Israel, y hasta mereció toda una Parashá con su nombre. Este sacerdote midianita idólatra bendijo a Dios y le ofreció sacrificios. Más adelante da consejos de organización y logística los cuales fueron aceptados afectuosamente. Itró fue amado por su yerno Moshé y admirado por el pueblo de Israel. Tal vez pase un poco desapercibido, pero es que hay que recalcar que un idólatra vino, bendijo a Dios y le sacrificó ofrendas, dio consejos que fueron aceptados y finalmente regresó a su pueblo de Midián. En algún lado del Talmud dice que no hay que botar toda la fruta, solo deshacerse de la parte que no sirve, la cáscara y las pepas y retirar el pedacito que no esté bueno, pero disfrutar de lo bueno. Hasta de un idólatra, el pueblo de Israel pudo aprender, y recibir y dar amor. No por ello dejando los valores de las enseñanzas de la Torah a un lado. De Itró aprendimos a bendecir.

Los judíos que hemos vivido dispersos por todo el mundo, hemos aprendido y hemos enseñado. Que lo que aprendamos nos sirva para crecer nuestro espíritu filtrando aquello que no es parte de nuestra Torah. Que lo que enseñamos sea aquello que le sirve al mundo para crecer espiritualmente y le sirva para su bienestar.