2017-12-16 [Num. 648]


Parashat Itró

Los Diez Mandamientos

Este Shabat 22 de Shvat de 5777, 18 de febrero de 2017, se leerá la Parashá de Itró, -Itró era el suegro de Moshé- del libro de Shemot. Durante la lectura de los Diez Mandamientos en la sinagoga, se debe permanecer de pie.

Resumen

Itro y moshe

Itró, el suegro de Moshé, condujo a su hija Tziporah junto con sus dos hijos: Gershon y Eliécer hasta donde estaba Moshé en el desierto.

Salió Moshé a recibirlo, besó a su suegro y le relató toda la historia de la salida de Egipto y cómo Dios le había hecho tanto bien durante el trayecto hasta el momento. Bendijo Itró a Dios y le ofrendaron sacrificios, junto con los ancianos de Israel.

Cuando Itró vio que Moshé juzgaba solo a la gente, le pareció que era un trabajo muy difícil para él solo; le aconsejó que escogiera entre la gente a los más temerosos de Dios, hombres de virtud y de verdad, que aborrecen el lucro mal habido, como jefes de millares, jefes de cientos, jefes de cincuentenas y jefes de decenas, que los adiestre muy bien en la parte legal y que a él solamente traigan los casos muy difíciles y Moshé le hizo caso, aliviando su carga y la del pueblo. Regresó Itró a su tierra.

Cuando llegaron al desierto del Sinaí, Dios le dijo a Moshé que si el pueblo se comprometía a obedecer la Ley Divina, sería para El, un pueblo de Sacerdotes, un pueblo especial para Dios, pues toda la tierra es Suya. Moshé habló al pueblo y el pueblo se comprometió.

Dios ordenó a Moshé que el pueblo se preparara durante dos días y lavaran sus vestiduras. Al tercer día, descenderá Ado-nai frente a los ojos del pueblo, sobre el monte Sinaí. Alrededor de la montaña debía colocar límites que no debían ser traspasados por nadie. Con el sonido del shofar la gente podrá ascender hacia la montaña. Al dar la instrucción Moshé al pueblo advirtió también que no debían acercarse a mujer durante estos tres días.

Así fue. El pueblo presenció al tercer día que Dios descendió a la montaña; truenos, relámpagos, una nube espesa y un sonido muy fuerte de shofar conmovía al pueblo. Moshé hablaba y Dios respondía directamente con una voz. Moshé descendió de la montaña y le dijo al pueblo las palabras de Dios:

1.     Yo Soy el Señor tu Dios quien te sacó de la tierra de Egipto.

2.     No tendrás otros dioses delante de Mí.

3.     No pronunciarás el Santo Nombre de Dios en vano.

4.     Acuérdate de Shabat para santificarlo.

5.     Honra a tu padre y a tu madre.

6.     No asesinarás.

7.     No cometerás adulterio.

8.     No robarás.

9.     No prestarás falso testimonio contra tu prójimo.

10.   No codiciarás nada de tu prójimo.

Atemorizado el pueblo, le rogó a Moshé que él recibiera la Ley de Dios y se comprometía a cumplir con dicha Ley. Dios le ordenó a Moshé que le dijera al pueblo de Israel, que así como habían sido testigos de lo que habían visto y escuchado, de la misma manera no debían tener dioses de oro ni de plata. Que las ofrendas de animales a Dios debían ser hechos sobre un altar de tierra y no con piedras esculpidas y que en todo lugar donde Dios hiciera mencionar Su Nombre, El iba a estar allí para bendecir al pueblo.

Explicaciones

Exodo 18:9 → “Se regocijó Itró por toda la bondad que había hecho Ado-nai para Israel, de cuando lo hubo librado de bajo el poder egipcio”.

El Rabino Menahem Rapoport (Verona Italia, siglo XV, autor de Minhah Belulah), Destaca que Itró no se alegró de la derrota de los egipcios sino de la victoria de Israel, valorando el lado positivo de las cosas, enseñando que nadie debe regoicijarse por el mal en sí sino por el producto del mal del cual resulta un bien.

A Itró le habían relatado de la salida de los hebreos de Egipto y los milagros que había hecho Dios al pueblo de Israel, según se relata en el versículo 1 de esta Parashá, Tomó Itró a la esposa e hijos de Moshé, los llevó al desierto y esuchó directamente de Moshé el realto. Itró era un buscador de la verdad y sabía a quién escuchar y a quién creerle el relato exacto, por eso es que se alegró en ese momento y no cuando le habían contado anteriormente. Esta es una gran enseñanza que nos deja la alegría de Itró al escuchar de boca de Moshé. Siempre se debe buscar escuchar la versión de la persona involucrada directanmete y concerla para saber que es una persona de verdad, de justicia y rectitud.



Ver más explicaciones
Exodo 18:10  “Dijo Itró: Bendito sea Ado-nai que os ha librado a vosotros que estabais bajo el poder de los egipcios y del poder del Faraón, Él que ha librado al pueblo de la mano de Egipto”.

El Rabino Menahem Rapoport explica que de aquí deducimos que hay que decir una bendición cuando ocurren hechos positivos.

Itró era el sacerdote de Midián, era idólatra y bendijo a Dios, al Dios del pueblo de Israel. Unos versículos más adelante Itró dice que el Dios de Israel estaba sobre todos los dioses. Itró no había dejado de creer en otros dioses, solamente afirmaba que el Dios de Israel estaba por encima de los dioses. Aún así, Itró fue siempre respetado por Moshé y el pueblo de Israel, y hasta mereció toda una Parashá con su nombre. Este sacerdote midianita idólatra bendijo a Dios y le ofreció sacrificios. Más adelante da consejos de organización y logística los cuales fueron aceptados afectuosamente. Itró fue amado por su yerno Moshé y admirado por el pueblo de Israel. Tal vez pase un poco desapercibido, pero es que hay que recalcar que un idólatra vino, bendijo a Dios y le sacrificó ofrendas, dio consejos que fueron aceptados y finalmente regresó a su pueblo de Midián. En algún lado del Talmud dice que no hay que botar toda la fruta, solo deshacerse de la parte que no sirve, la cáscara y las pepas y retirar el pedacito que no esté bueno, pero disfrutar de lo bueno. Hasta de un idólatra, el pueblo de Israel pudo aprender, y recibir y dar amor. No por ello dejando los valores de las enseñanzas de la Torah a un lado. De Itró aprendimos a bendecir.

Los judíos que hemos vivido dispersos por todo el mundo, hemos aprendido y hemos enseñado. Que lo que aprendamos nos sirva para crecer nuestro espíritu filtrando aquello que no es parte de nuestra Torah. Que lo que enseñamos sea aquello que le sirve al mundo para crecer espiritualmente y le sirva para su bienestar.