2017-10-19 [Num. 640]


Parashat Vayetze

Yaacov hace familia

Este Shabat 10 de Kislev de 5777, 10 de diciembre de 2016, se leerá la Parashá de Vayetze: “Y salió”, del libro de Bereshit.

Resumen

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Partió Yaacov hacia la casa de su tío Laván en Harán y en el camino se acostó a dormir, en el sueño ve una escalera por la que circulaban ángeles, Dios le dice que la tierra donde estaba, se la daría a él y a su descendencia que sería numerosa. Además, todas las familias de la tierra serán bendecidas por ti y por tu descendencia. Se comprometió a ayudarlo y protegerlo hasta que regresara a esta tierra. Al despertar conmovido, Yaacov llamó a ése lugar Bet-El y prometió que si Dios lo protegía, hasta que volviera en paz, sería su Dios y daría el diezmo de lo que El le concediera.

Llegando a su destino vio un pozo donde maniobraban la piedra en el borde para cerrarlo, le preguntó a los hombres que allí estaban si conocían a Laván, ellos afirmaron conocerle y le enseñaron una muchacha que venía al poso con sus ovejas, ella era Rajel, la hija de Laván, hermano de su madre, Yaacov rápidamente abrió el poso para ayudarle a abrevar a sus ovejas, besó Yaacov a Rajel y le explicó con llanto de emoción, quién era él. Rajel Salió corriendo para avisar a su padre, quien al enterarse salió corriendo para recibirlo abrazándolo, besándolo e invitándolo a su casa.

Después de un mes de estadía, Laván le ofreció un sueldo por el trabajo que estaba haciendo, Yaacov pidió que el valor de siete años de su trabajo se lo pagara entregándole a Rajel como esposa. Laván aceptó.

Llegado el día de la boda, Laván hizo una fiesta y a la noche le entregó a su hija como esposa pero no a Rajel según lo convenido sino a su hermana mayor: Leah. A la mañana siguiente al darse cuenta Yacov, reclamó por el engaño, a lo que Laván le explicó que en aquella comarca se acostumbraba a casar primero a la hija mayor; que le diera a Leah siete días de semana nupcial y después le entregaría a Rajel; debía trabajar otros 7 años más, para dar igualdad a ambas mujeres.

Como Leah era desdeñada por Yaacov, Dios le concedió a ella tener hijos: Rubén, Shimón, Leví y Yehuda; mientras que Rajel era estéril. Al ver Rajel que no podía tener hijos le pidió a Yaacov tener hijos con su sierva Bilha, tuvo entonces dos hijos con ella: Dan y Naftalí. Al ver Leah que ya no podía tener más hijos entregó su sierva Zilpa a Yaacov con quien tuvo otros dos hijos: Gad y Asher, pero Leah pudo volver a concebir y tuvo dos hijos más: Issajar y Zebulún, y una hija: Dina. Finalmente Dios escuchó los ruegos de Rajel y tuvo un hijo a quien le puso: Yosef.

Al cumplirse el plazo de los 14 años Yaacov le dijo a Laván que quería regresar a su tierra, pero Laván lo convence de quedarse a trabajar un tiempo mas, Jacob entonces le ofreció que la paga sería los animales de su ganado que nacieran con manchas moteados y oscuros, mientras que los lisos serían de Laván y aceptó.

Yacov separó los ganados de él y de su suegro a una distancia de tres días, los cuidó durante 6 años alimentando con cierta sustancia a su ganado que se reprodujeron más los manchados gordos que los lisos de Laván, Yaacov se enriqueció enormemente. Los hijos de Laván comentaron frente a su padre que Yaacov se había hecho rico con lo de su padre, así que Laván cambió su semblante hacia Yaacov. Dios le ordenó a Yaacov marcharse a la tierra de sus padres; explicó a Rajel y a Leah que se debían ir ya con sus bienes pues  su padre Laván había cambiado su semblante hacia él y se había burlado, cambiando diez veces de paga, pero Dios lo había protegido, también les explicó que Dios le había ordenado partir hacia la tierra de sus padres. Ellas aceptaron y salieron sin avisarle a Laván; después de haber estado Yaacov 20 años en la tierra de Laván. Al partir, Rajel se había robado los ídolos domésticos de la casa de su padre.

Al saberlo Laván, tomó a sus hermanos consigo (hermanos de Rajel y Leah) y los persiguió; en el camino, mientras dormía, Dios se le apareció a Laván en el sueño y le advirtió que no hablara para mal ni para bien con Yaacov.

Cuando Laván alcanzó a Yaacov le reclamó haber huido con sus hijas sin dejarle ni despedirse de ellas, Después de haberle explicado que temía que lo hiciera quedarse más tiempo, le reclamó haberse robado sus dioses domésticos, a lo que Yaacov dijo: a quien le encuentres tus dioses habrá de morir; Yaacov no sabía que Rajel los había hurtado. Después de buscar bien, no los halló pues Rajel los había ocultado muy bien. Yaacov le recordó a Laván todo lo que había trabajado fielmente para él y cómo Laván no había respetado lo acordado. Finalmente hicieron un pacto de no traspasar para mal sus espacios el uno hacia el otro. Comieron y al día siguiente Laván regresó a su lugar.

Explicaciones

Génesis 28:17 → “Y se conmovió y exclamó: ¡Cuán imponente es este lugar, no es sino la morada de Elo-him y este es un pórtico hacia los cielos!”.

El rabino Guido Cohenextraído del portal de UJCL explica: “…La sacralidad en el pueblo de Israel tiene más que ver con la idea de ‘consagración’ que con una condición inherente a determinada cosa que se diferencia de las demás en su naturaleza. En otras palabras, la porción de tierra que Yaacov identifica como ‘puerta del cielo’ no era diferente a la que había dos kilómetros al sur o media milla hacia el oeste. No hay nada en Bet El que no podría haber encontrado Yaacov en otro punto del globo. Es el estado que Yaacov alcanza en Bet El lo que  transforma a Bet El en un lugar sagrado para Yaacov.

La Torá ya nos ha demostrado que Dios no necesita un lugar especial para revelarse, sino que Él se hace presente allí donde el ser humano lo busca, donde hay una voz que reclame su presencia…”.

El judaísmo tiene lugares especiales donde se han conmovido personajes históricos debido a la Shejiná (Presencia Divina), el Monte Sinai, el Monte del Templo, etc., pero sabemos que Dios está en todas partes y donde se ama a Dios, donde se busca la justicia y la verdad, donde se lucha por la paz y el amor, allí está la Shejiná y allí es un lugar sagrado. Toda la tierra le pertenece a Dios, toda ella es sagrada, es importante que las acciones y el trabajo del hombre se guíe con las pautas de justicia que nos presenta la Torah, para hacer de todo lugar donde se está, un lugar sagrado.



Ver más explicaciones
Génesis 28:18  “Se levantó Yaacov temprano en la mañana y tomó la piedra que había puesto bajo su cabeza y la erigió como matzevá  (estela, cimiento o pedestal) y vertió aceite sobre su cúspide”.

El Rabino Samson Raphael Hirsch, explica que Yaacov vertió aceite sobre la piedra para consagrarla, para apartarla y distinguirla entre otros objetos; o le echó aceite a manera de santificación. Así como el agua se derramaba, significando que no sólo lo que una persona se brinda de una manera excepcional, sino que cada gota de agua es un regalo de la Divina Providencia. Conectando ésta idea, Yaacov derramó aceite (Símbolo de salud y paz -Tehilim 104-15), expresando la esperanza de que Dios le otorgará la preservación y el bienestar, y que esto sería el símbolo de la consagración a Dios.

Cada persona creyente tiene su manera personal y espiritual de brindarse a Dios, para consagrarlo y esperar de El que brinde la salud y bienestar necesarios. La tradición judía ha desarrollado diversas manifestaciones para que el hombre sepa cómo consagrar a Dios, ya sea por medio de la oración, y mejor aún por medio de acciones bondadosas –mitzvot- hacia la humanidad, basados en la sabiduría, la justicia y la generosidad. La tradición judía, hace énfasis en las acciones que generan bienestar, ya sea de manera particular o general, por encima de otras acciones que no generan un bien a otra persona, o un bien espiritual a sí mismo. También el ritual judío es una de las maneras de expresar agradecimiento a Dios por todo el bien que ha hecho al hombre y al mundo, y recordarnos las leyes con las que Dios bendijo al mundo, además de recordar que seguirá habiendo Justicia y ayuda Divina.