2017-10-19 [Num. 640]

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Parashat Bereshit

El Árbol del bien y del mal

Este viernes, Simjat Torah, se leerá en horas de la mañana la última Parashá del libro de Deuteronomio –Devarim- llamada Vezot Haberajá, en éste día se termina de leer la Torah y se enrolla para comenzar nuevamente la lectura. Se comienza la lectura de la Torah, con el primer libro: Bereshit, “En el principio”, el cual se leerá éste Shabat 24 de Tishrei de 5778, 14 de octubre de 2017.

Resumen

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Describe la Parashá, cómo fue la creación de los cielos, la tierra, las luminarias, los animales, a los cuales bendijo para que se multipliquen y finalmente la creación del hombre a imagen y semejanza Divina; para que domine sobre toda la creación. Tanto a los animales como a los hombres proveyó de toda planta para su alimentación. Al séptimo día –Shabat- culminando ya Su obra, Dios descansó y bendijo éste día consagrándolo.

Plantó Dios un huerto en Eden donde colocó al ser humano para que cultivara la tierra y la preservara. Generó todo tipo de plantas, incluyendo el árbol de la Vida Eterna y el árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, prohibiendo comer del fruto de éste último. Después de crear al hombre, tomó Dios de un costado de éste, en base al cual creó a la mujer para que le fuera compañía apropiada, Adam se vio complacido y le colocó el nombre de Ishá, porque fue tomada del Ish (hombre).

La serpiente, el más astuto de los animales, convenció a la mujer de probar del fruto de la ciencia del bien y del mal diciéndole que en verdad no iba a morir sino que se volvería conocedora del bien y del mal como Dios, La mujer comió y le dio a su marido. Inmediatamente se dieron cuenta que estaban desnudos, se fabricaron entonces ceñidores con hojas de higuera. Cuando Dios los enfrentó por la desobediencia,  maldijo a la serpiente haciéndola arrastrarse sobre su vientre; a la mujer le incrementó la tensión durante su embarazo y al dar a luz; por Adam maldijo Dios la tierra haciendo que con esfuerzo comiera de ella diciéndole: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan, hasta que vuelvas a la tierra, ya que polvo eres tú y al polvo habrás de volver”.

Llamó Adam a la mujer Javá (viviente), por ser la madre de todo ser viviente. Expulsó Dios al hombre del jardín de Eden para que no fuera a comer del fruto del árbol de la Vida Eterna y los colocó en la tierra de donde había sido tomado. Adam y Javá tuvieron a Cain, quien fue labrador y a Hevel quien fue pastor de ovejas.

Un día Caín ofrendó a Dios de los frutos de la tierra y Hevel le ofrendó de las más gruesas de sus ovejas. Dios aceptó la ofrenda de Hevel, pero no la de Caín, por lo que se enfureció y andaba decaído. Dios le advirtió que no se enojara, que si hacía el bien, se erguiría, pero si no hacía el bien, el pecado estaría cerca de él y debía dominarlo. No obstante Caín mató a Hevel, motivo por el cual Dios lo castigó, diciéndole que la tierra en la que había caído la sangre de su hermano, no le daría su vigor y sería errante sobre ella. Caín se atemorizó del castigo y le dijo que al errar por la tierra cualquiera podría matarlo, por eso Dios le colocó una señal para que nadie lo mate, pues el que lo hiciere sería castigado siete veces. Se asentó Caín con su mujer en la tierra de Nod y allí tuvo hijos.

Adám y Javá tuvieron un tercer hijo al que llamaron Shet, quien tuvo un hijo llamado Henosh, entonces se empezó a invocar el Nombre de Dios.  A continuación cuenta la Torah la genealogía desde Adam, hasta llegar a Noah descendiente de Shet. Noah tuvo tres hijos: Shem,  Ham y Iafet.

Los Bené Elo-him cohabitaron con las hijas del hombre y de ellos nacieron los hombres de renombre, héroes de antaño.

Al ver Dios que el pensamiento del hombre era siempre malo, se arrepintió de haberlo creado y se entristeció, decidiendo destruir toda su creación, tanto hombre como animal, pero Noah halló gracia ante los ojos de Dios.


Vea el video del Rabino Alfredo Goldschmidt.

Explicaciones

Bereshit 1:9 → “Dijo Elo-him: Que se reúnan las aguas que están debajo de los cielos en un solo lugar y que aparezca la tierra seca. Y fue así.

Este versículo toca la separación de dos de los elementos básicos del mundo, agua y tierra. Recordemos qué se dijo de ellos: Bereshit 1:2 “… Y el Espíritu de Elohim estaba sobre las aguas”. Génesis 3:19 “… Hasta que vuelvas a la tierra puesto que de ella procedes…”. El hombre está hecho de la tierra y las aguas contienen el espíritu de Dios. Físicamente, al morir el hombre, se deshidrata y se vuelve tierra, el material básico del cual está hecho. Para quie el mindo sobreviva, requiere del agua y el agua se sostiene gracias a la tierra. Para que el agua se pueda mantener, necesita del sostén de la tierra. De la misma manera, el hombre es vital gracias al espíritu Divino que lleva en él. Dios existe siempre, y el hombre necesita de esa fuerza Divina para poder sobrevivir en la vida tal como los humanos la conocemos. Es necesario que la materialidad del hombre sepa conducir es fuerza Divina que todos tenemos como parte fundamental de nuestra vida, para que sea de provecho para nosotros y el resto de la creación Divina. Solamente de ésta manera, la vida puede seguir el curso que debe seguir.

Que Dios ilumine los pensamientos y la sabiduría humana para que las acciones y decisiones sean de provecho y sirvan para crecimiento, amor, bondad y sabiduría, estandartes importantes para la supervivencia humana.



Ver más explicaciones

Bereshit 1:7 → “Hizo Elo-him el firmamento y separó entre las aguas que había debajo del firmamento y entre las aguas que había por encima del firmamento. Y fue así”.

Rabi Ari Kahn (Seminario teológico de la Yeshiva University, licenciado en Sicología y maestría en Talmud), según explica para Judaismohoy.com que el Midrash enseña que este acto de separación, es el que provocó que la discordia y la discusión puedan tener lugar en el mundo.

Sin embargo, se notará que el término vaiavdil (separó) fue también usado en el primer día (1:4), cuando Dios separó entre la luz y la oscuridad.

¿Por qué, entonces, es recordada la discordia o la discusión sólo en el segundo día? Aparentemente, la discusión tiene lugar cuando dos cosas o dos personas no tienen límites claramente definidos. La separación entre la luz y la oscuridad es absoluta, son dos elementos opuestos, y es por eso que no hay lugar posible para la discordia después de su separación. Sin embargo, después de la separación entre agua y agua (que son aparentemente lo mismo), sí hay lugar para que una discusión se origine. Dios separó las aguas superiores de las aguas inferiores - dos elementos que parecen ser lo mismo.  En este día, la discordia fue creada.

Dios creó la discordia y discrepancia para bien de la humanidad como ayuda a encontrar soluciones, para crecer, para aprender a discernir entre el bien y el mal, para desarrollar nuestra inteligencia y también para aprender tolerancia y respeto por conceptos diferentes, siempre y cuando el concepto no haga daño al otro. Una discusión debería ser llevada en el marco de la filosofía y entendimiento, dejando en el espacio que corresponde a cada cosa. Muchas veces es difícil aplicar este entendimiento pero es necesario esforzarse para hacerlo. Esto, cuando está dentro del margen de la justicia, la bondad, el amor, la sabiduría y la Torah.



Bereshit 1:8  “Llamó Dios a la extensión cielos. Hubo tarde y hubo mañana. Día segundo”.

Rashi explica que la palabra cielos –Shamayim- está compuesta eventualmente de dos partículas: Sham: allá y Mayim: agua: o Esh: fuego, Mayim: agua; que mezclados formaron el cielo. Según el rabino Samson Raphael Hirsch, hay tres palabras claves para explicar éste versículo, que ha utilizado Dios para éste capítulo: Día: yom- tierra: Aretz y cielos: Shamayim. Yom indica un día en general, pero especialmente la parte del día en el que la función esencial fue realizada. Aretz habla sobre la tierra en general pero se refiere específicamente a la tierra seca donde se desarrolló la esencia de la vida. Shamayim: denota el mundo extraterrestre, pero específicamente la esfera baja que se enfrenta al globo terrestre. Esta esfera es el medio por donde se transmite a la tierra toda la influencia que viene desde afuera.

El agua aparece sin haber sido mencionada su creación en la tierra, por eso se puede entender que la tierra se hizo con influencia de materiales atraídos desde afuera, como el agua. Parecería ser una “clave” para desarrollar la ciencia de la creación (al menos de la creación de la tierra), sin embargo, solemos utilizar la expresión “Padre nuestro que estás en el cielo” –Avinu shevashamayim- en una versión que también es utilizada por el mundo católico. Sin embargo en Sucot aprendemos, cuando agitamos las especies de Sucot hacia arriba abajo, y alrededor, que Dios está en todas partes. Entonces, ¿Qué significado tiene ése Avinu Shevashamayim? Una explicación podría ser que Dios no solamente es creador de la tierra y todo lo que la compone, sino que es creador de todo el universo y que puede estar en todas partes al mismo tiempo, y “cielos” –shamayim- podría redefinirse como todo, en relación a tiempo, espacio y materia.

Que reflexionemos sobre la inmensa creación Divina, sobre nuestra misión en cada momento y en cada ciclo de vida y sepamos que Dios está atento constantemente porque es parte nuestra.