2017-12-16 [Num. 648]


Parashat Sheminí

Distinguir entre lo puro e impuro

Este Shabat 26 de Nisan de 5777, 22 de abril de 2017, se leerá la Parashá de Sheminí “Octavo” del libro de Vaikrá.

Resumen

Shemini

Después de los días de la investidura sacerdotal, al octavo día convocó Moshé a Aarón y a sus hijos, frente a los ancianos de Israel instruyéndolos cómo debían ordenar al pueblo para realizar las ofrendas por error, las ofrendas pacíficas y el ceremonial correspondiente.

Después de realizar Aarón lo ordenado, levantó sus manos hacia el pueblo y lo bendijo. Posteriormente, salen Aarón y Moshé a la Tienda de Reunión, bendiciendo al pueblo, que prorrumpió en alegría al ver el fuego que salía sobre el altar, revelándose la Gloria de Ado-nai y se prosternó el pueblo rostro a tierra.

Los hijos de Aarón: Nadab y Abihú colocaron sus propios inciensos ante Ad-nay, que era fuego profano pues no había sido establecido, salió un fuego y los consumió matándolos. Ante la explicación que le dio Moshé a Aarón, Aarón quedó en silencio. Ordenó Moshé a los primos de Aarón alzar a sus hermanos muertos frente al Santuario llevándolos fuera del campamento. Ordenó Moshé a Aarón y a sus otros dos hijos: Elazar e Itamar que no dejaran crecer su cabellera ni se rasgaran las vestiduras, tampoco podían salir de la Tienda de Reunión, para que no recayera sobre ellos la ira de Dios, pero toda la casa de Israel debía llorar por la quema que había hecho Dios.

Después de esto instruyó Moshé a Aarón y a sus dos hijos que cuando se acercaran a la Tienda de Reunión no debían beber vino ni licor alguno, como ley perpetua por generaciones.

Moshé ordenó a Aarón y a sus hijos Eleazar e Itamar, comer en lugar santo el sacrificio del pueblo, pero no lo hicieron, se enojó Moshé pues ellos debían hacerlo para que Dios por medio de ellos perdonara a Israel sus iniquidades, Aarón le explicó a Moshé que el mismo día en que había perdido a sus hijos no debía realizar la expiación por el pueblo, pues quizás no sería bueno a los ojos de Dios y esto le pareció bien a Moshé.

Moshé indicó a Aarón para que instruyera al pueblo con respecto a qué animales eran kasher y cuáles no, con sus características correspondientes: se permite de la fauna que está sobre la tierra: aquellos de pezuña partida y rumiante. De los animales que están en las aguas: el que tiene aletas y escamas. De las aves no se permite: El águila, el quebrantahuesos, el águila marina, el buitre, el halcón, el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán, el búho, el somormujo, el ibis, el cisne, el pelícano el calamón, la cigüeña, la garza la abubilla y el murciélago. De todo insecto alado que anda sobre sus cuatro patas es abominable, pero el que tiene patas para saltar sobre ellas se permite, como la langosta de tierra y sus especies. De los animales prohibidos no se puede comer, son abominación y queda impuro, igualmente cualquier objeto que tocara su cadáver.

Todo lo que anda sobre sus palmas, los reptiles, todo lo que se arrastra y todo lo que tiene muchas patas, es abominable, no se debe ultrajar las almas, con todo reptil que se arrastra sobre la tierra.


El Rabino Alfredo Goldschmidt explica sobre no ser penosos sino siempre preguntar cuando no entendemos y no ser sicorígidos sino siempre explicar cuando se nos pregunta

Explicaciones

Levítico 9:8 → “Se acercó Aarón al Altar e inmoló al becerro como sacrificio Hattat para él”.

El sacrificio de Hattat correspondía al sacrifico de perdón por haber cometido error. Recordando que Aarón había manufacturado el becerro de oro al ver que Moshé se demoraba en bajar con las Leyes, a Aarón le correspondía hacer el sacrifico por él antes que hacer el sacrifico de perdón por error para el pueblo. El rabino Samson Raphael Hirsch explica que para el pueblo eran socios en el pecado de Aarón, ya que forzaron su voluntad sobre él. Así, el pecado de la gente misma fue expiado por la ofrenda del pueblo, mientras que su participación en el pecado, de Aarón, fue expiado por la ofrenda de Aarón.

Un líder puede conducir a todo un pueblo a hacer el mal incluso involuntariamente, y esto ocurre cuando no tiene una buena asesoría de una persona justa, inteligente y con las características que debe tener un hombre de ciencia y espiritualidad. Lo más importante es reconocer el error tanto por parte del líder como por parte del pueblo que lo cometió, realmente arrepentirse del hecho y retomar el camino de la justicia y la verdad. En la historia tenemos ejemplos clásicos y dramáticos, de líderes y pueblo pidiendo perdón a los judíos por actos violentos cometidos por la Inquisición, Cruzadas u Holocausto. Algunas veces, los pedidos de perdón resultan ser hipócritas cuando nuevamente atacan física o verbalmente a los judíos que viven fuera de Israel y acusan a Israel con falsedades como ha ocurrido en las Naciones Unidas.

Que Dios ilumine la mente y el alma de líderes y pueblos para que pronto haya justicia en el planeta y la verdad le dé paso al desarrollo del bien, de la ciencia y de la sabiduría.



Ver más explicaciones

Levítico 9:9 → “Le acercaron los hijos de Aarón la sangre a él, untó su dedo en la sangre y puso sobre los cuernos del Altar, mientras que la sangre vertió sobre la base del Altar”.

Son pocos los comentarios con respecto al significado de los cuernos del Altar, debido a la dificultad de adaptarlos a algún símbolo, pues en la Torah solamente se describen los cuatro cuernos colocados en las puntas del altar de sacrificios y cómo Aarón untaba de sangre estos cuatro cuernos, muy difícil de explicar.

Sin embargo encontré algunas alusiones al tema en Reyes I cap. 1:50-51 que dice: “Adonias también temía a causa del Rey Salomón y levantándose fue y se asió a los cuernos del Altar, y fue dado aviso a Salomón diciendo: He aquí que Adoinas teme al Rey Salomón y he aquí que se ha asido a los cuernos del Altar y dice: Júreme hoy el Rey Salomón que no ha de matar a espada a su siervo”. El Rey salomón contestó que si él demostraba que era un hombre de bien no lo mataría, pero si se hallara maldad en él no se salvaría.

El otro ejemplo que leímos fue en Jeremías 17:1 que dice: “El pecado de Yehuda –los descendientes de Yehuda una de las tribus de Israel- está escrito con punzón de hierro y con punta de diamante; grabado está sobre la tabla de su corazón y el los cuernos de sus altares”. En este caso no se refiere al cuerno del Altar del Mishkán ni del Templo de Jerusalem sino a los cuernos que colocaban en altares profanos. El pecado de Yehuda consistía en aferrarse a otros dioses.

Y otro: en Reyes I cap. 2:28 al 34 que dice: “Cuando las noticias llegaron a Joab (porque Joab había seguido a Adonías, aunque no había seguido a Absalón), Joab huyó a la tienda del Señor y se asió de los cuernos del altar. Y se le informó al rey Salomón que Joab había huido a la tienda del Señor, y que estaba junto al Altar. Entonces Salomón envió a Benaía, hijo de Joiada, diciendo: Ve y arremete contra él. Benaía entró en la tienda del Señor y le dijo: Así ha dicho el rey: `Sal de ahí. Pero él dijo: No, pues moriré aquí. Benaía llevó la respuesta al rey, diciendo: Así habló Joab y así me respondió. Y el rey le dijo: Haz como él ha dicho; arremete contra él, mátalo y entiérralo, para que quites de mí y de la casa de mi padre la sangre que Joab derramó sin causa. El Señor hará volver su sangre sobre su propia cabeza, porque él arremetió contra dos hombres más justos y mejores que él y los mató a espada sin que mi padre David lo supiera: a Abner, hijo de Ner, comandante del ejército de Israel, y a Amasa, hijo de Jeter, comandante del ejército de Judá. Su sangre, pues, recaerá sobre la cabeza de Joab y sobre la cabeza de su descendencia para siempre; pero para David y su descendencia, para su casa y su trono, haya paz de parte del Señor para siempre. Entonces subió Benaía, hijo de Joiada, arremetió contra él y lo mató; y fue sepultado en su casa en el desierto”.

Con esto se podría concluir que era de usanza antigua, colocar cuernos en el Altar y depender del poder Divino (en el caso del Altar de Dios) o del poder de dioses extraños (en el caso de los altares profanos). Y las decisiones eran tomadas por el poder humano, después de una revisión de los actos y llegado a una conclusión de justicia.

Los cuernos representan la fuerza del animal y su arma defensiva, eran untados con la sangre que representa el alma –por eso no comemos el pueblo de Israel la sangre de los animales-. Es una mixtura entre la fuerza física y la fuerza espiritual, por eso era común encontrar que personajes se asieran a estos cuernos para demostrar que la fuerza que habían utilizado había sido con buena intención y no por maldad. Después de una investigación de los actos el gobernante llegaba a la conclusión si era justo que se salvara el personaje o no.



Levítico 9:10  “Y el sebo y los riñones y el lóbulo cuadrado del hígado del sacrificio Hattat, lo hizo consumir en el Altar, como había prescripto Ado-nai a Moshé”.

En un interesante artículo escrito del Rabino Yerajmiel Barylka sobre arrepentimiento (baal teshuvá), titulado Perdón, contrición y arrepentimiento en la tradición judía  trae las palabras de Maimónides que dicen: Maimónides (11). Baal Teshuvá La noción de Baal Teshuvá –quien ha regresado de sus faltas-, es tan grande que nuestros sabios afirmaron que en el lugar (el nivel espiritual) donde se encuentra esa persona es más elevado que el de un justo que no hubiera pecado. Y ello se comprende ya que quien llevó a cabo alguna actividad prohibida o indeseada, puede quedar con el hábito de regresar a ella, añorando el eventual placer que pudo darle. Reprimir o sublimizar acciones pasadas provoca un esfuerzo muy duro. Cada uno de los pasos del proceso puede ser independiente del otro: El pesar puede ser sincero sin el compromiso de cambiar, se puede decidir cambiar sin asumir el dolor por la acción, se avanza en la acción pero no se confiesa. Sin embargo, esa independencia no anula su validez. Las normas de teshuvá son diferentes si las acciones realizadas fueron deliberadas o por negligencia o error. El concepto de Baal Teshuvá, sin embargo no debe ser aplicado a las personas que no fueron observantes por ignorancia o por no haber sido educados en el cuidado de los preceptos. En este trabajo usaremos indistintamente los términos teshuvá y arrepentimiento, sólo para facilitar la fluidez del texto. Aunque no son equivalentes”.

El Rabino Barylka trae los pasos a seguir que él considera son ideales para llegar al arrepentimiento: Los principios de la teshuvá son: 1) abandonar el pecado y retirarlo incluso del pensamiento, 2) decidir con todo el corazón no ser reincidente en el futuro, 3) arrepentirse sinceramente por el pasado, 4) confesar con sus labios. La teshuvá depende del deseo sincero de no tropezar nuevamente con el pecado. El término teshuvá, debe entenderse como la acción de aceptar, con dolor, el haber cometido un error, y regresar a las buenas acciones, después de asumir la decisión de cambiar radicalmente la conducta equívoca, y confesar la acción.

A este texto yo agregaría que antes hay que reconocer que la acción cometida fue un pecado y para poder identificarla es necesario haber estudiado o comprendido las normas básicas morales y legales del judaísmo. 

Hemos hablado anteriormente sobre el pecado y la ofrenda Hattat, para reivindicar todo pecado cometido. Hemos aprendido que para que esa ofrenda fuese efectiva, una persona debía arrepentirse del pecado que cometió y el Cohen realizaría dicho ritual de manera efectiva. Lo que no se explica en ningún lado, es cómo manejar un sentimiento de arrepentimiento. Se habla de temor a Dios, y si, el temor es un método efectivo, sin embargo puede que la persona no esté convencida de la decisión que tomó, pues lo hizo por temor y no por convicción, de tal manera, cuando no tiene la presión encima del temor, vuelve a su convicción. En la Torah está escrita la fórmula muy claramente: se trata de la misma Torah, y Dios pide que se estudie y se aplique la Torah, ya que n está encima en los cielos ni debajo de la tierra. Es factible, o sea: el estudio de la Torah da la explicación y la llave para descubrir lo que es bueno y lo que es incorrecto, lo que hace daño y lo que es justo. Hoy no existen las ofrendas de Hattat ni ninguna otra, sin embargo se puede llegar al estado en el que se debe estar a través de la razón y el estudio a profundidad.

Quiera Dios que cada uno llegue a la reflexión profunda a través de las enseñanzas de la Torah y sus sabios de todos los tiempos.


Levítico 9:10  “Y el sebo y los riñones y el lóbulo cuadrado del hígado del sacrificio Hattat, lo hizo consumir en el Altar, como había prescripto Ado-nai a Moshé”.

En un interesante artículo escrito del Rabino Yerajmiel Barylka sobre arrepentimiento (baal teshuvá), titulado Perdón, contrición y arrepentimiento en la tradición judía  trae las palabras de Maimónides que dicen: Maimónides (11). Baal Teshuvá La noción de Baal Teshuvá –quien ha regresado de sus faltas-, es tan grande que nuestros sabios afirmaron que en el lugar (el nivel espiritual) donde se encuentra esa persona es más elevado que el de un justo que no hubiera pecado. Y ello se comprende ya que quien llevó a cabo alguna actividad prohibida o indeseada, puede quedar con el hábito de regresar a ella, añorando el eventual placer que pudo darle. Reprimir o sublimizar acciones pasadas provoca un esfuerzo muy duro. Cada uno de los pasos del proceso puede ser independiente del otro: El pesar puede ser sincero sin el compromiso de cambiar, se puede decidir cambiar sin asumir el dolor por la acción, se avanza en la acción pero no se confiesa. Sin embargo, esa independencia no anula su validez. Las normas de teshuvá son diferentes si las acciones realizadas fueron deliberadas o por negligencia o error. El concepto de Baal Teshuvá, sin embargo no debe ser aplicado a las personas que no fueron observantes por ignorancia o por no haber sido educados en el cuidado de los preceptos. En este trabajo usaremos indistintamente los términos teshuvá y arrepentimiento, sólo para facilitar la fluidez del texto. Aunque no son equivalentes”.

El Rabino Barylka trae los pasos a seguir que él considera son ideales para llegar al arrepentimiento: Los principios de la teshuvá son: 1) abandonar el pecado y retirarlo incluso del pensamiento, 2) decidir con todo el corazón no ser reincidente en el futuro, 3) arrepentirse sinceramente por el pasado, 4) confesar con sus labios. La teshuvá depende del deseo sincero de no tropezar nuevamente con el pecado. El término teshuvá, debe entenderse como la acción de aceptar, con dolor, el haber cometido un error, y regresar a las buenas acciones, después de asumir la decisión de cambiar radicalmente la conducta equívoca, y confesar la acción.

A este texto yo agregaría que antes hay que reconocer que la acción cometida fue un pecado y para poder identificarla es necesario haber estudiado o comprendido las normas básicas morales y legales del judaísmo. 

Hemos hablado anteriormente sobre el pecado y la ofrenda Hattat, para reivindicar todo pecado cometido. Hemos aprendido que para que esa ofrenda fuese efectiva, una persona debía arrepentirse del pecado que cometió y el Cohen realizaría dicho ritual de manera efectiva. Lo que no se explica en ningún lado, es cómo manejar un sentimiento de arrepentimiento. Se habla de temor a Dios, y si, el temor es un método efectivo, sin embargo puede que la persona no esté convencida de la decisión que tomó, pues lo hizo por temor y no por convicción, de tal manera, cuando no tiene la presión encima del temor, vuelve a su convicción. En la Torah está escrita la fórmula muy claramente: se trata de la misma Torah, y Dios pide que se estudie y se aplique la Torah, ya que n está encima en los cielos ni debajo de la tierra. Es factible, o sea: el estudio de la Torah da la explicación y la llave para descubrir lo que es bueno y lo que es incorrecto, lo que hace daño y lo que es justo. Hoy no existen las ofrendas de Hattat ni ninguna otra, sin embargo se puede llegar al estado en el que se debe estar a través de la razón y el estudio a profundidad.

Quiera Dios que cada uno llegue a la reflexión profunda a través de las enseñanzas de la Torah y sus sabios de todos los tiempos.