2017-12-10 [Num. 647]

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Parashat Bamidbar

El Censo

Este Shabat 2 de Sivan de 5777, 27 de mayo de 2017, se leerá la Parashá de Bamidbar, “En el desierto”, primera Parashá del libro de Números.

Resumen

Tabernaculo

Ordenó Dios a Moshé censar a todos los hombres mayores de 20 años aptos para el ejército de Israel, según sus clanes y casas paternas. Escogiendo a un hombre cabeza de cada tribu para ayudar con el censo. En total fueron registrados 603.550 hombres, sin contar con los de la tribu de Leví quienes no fueron censados de la misma manera, ellos debían encargarse del Tabernáculo del Testimonio.

Todas las tribus debían acampar a una distancia prudente del Tabernáculo, en el sitio orientado según lo prescripto por Dios, junto a su estandarte según su tribu, pero los Levitas debían acampar alrededor del Tabernáculo, pues ellos se encargarían de desarmarlo y erigirlo cada vez que se desplazaran; al resto le quedaba prohibida dicha labor. Cada campamento debía tener su distintivo. Dictaminó Dios cómo debían desplazarse según los puntos cardinales situados.

Asignó Dios la tribu de Leví a Aarón para que prestaran servicio ante el Cohen (Sacerdote), en lo referente al Tabernáculo, fueron investidos para servir los hijos sobrevivientes de Aarón: Eleazar e Itamar.

Solamente podrían encargarse de las funciones sacerdotales, Aarón y sus descendientes y aquel profano que se acercare moriría. Dios recordó a Moshé que había tomado a la tribu de Leví en reemplazo de los primogénitos de todo Israel, que originalmente habían sido elegidos para el ritual Divino. Entonces ordenó Dios a Moshé contar los hijos de Leví desde un mes de nacidos, dando un total de 22.000 censados. Se repartió entre ellos sus respectivas funciones, según sus familias.

Mandó Dios a Moshé contar a los primogénitos varones de Israel de un mes para arriba, siendo censados 22.273 primogénitos y por cada uno de ellos se tomó un leví para que le sustituyera en lo que respecta a las labores del Tabernáculo. El rescate de los 273 primogénitos que excedían, tomó Moshé, por orden Divina, cinco shekalim por cabeza y ese dinero se les entregó a Aarón y a sus hijos como rescate. En total se entregó a Aarón y a sus hijos  1.365 shekalim.

Los hijos de Kehat, de la tribu de Leví, que estaban entre 30 y 50 años, fueron censados y asignados para que se encargaran de la parte más sagrada: el Kodesh Hakodashim. Se les explicó detalladamente sobre la manipulación de los enseres del Santuario y del Altar: materiales, colores, dónde, cuándo y cómo colocarlos, no podían tocar lo sacro, pues solamente Aarón lo podía manipular.


Vea el video del rabino Alfredo Goldschmidt

Explicaciones

Números 1:18 → “Y a toda la asamblea congregaron en el primer día del segundo mes y se afiliaron según sus clanes y prosapias; con enumeración de nombres, desde edad de veinte años para arriba, por cabeza”.

Rashi explica que presentaron sus documentos genealógicos, así como testigos para confirmar su ascendencia, para ser inscripto cada uno como perteneciente a su tribu.

El rabino Marcos Edery explica que la traducción que dice “prosapias” es “Beit avotám”, o sea, casa de sus padres; de lo que se deduce que la filiación de los hijos para indicar su pertenencia a la tribu, o su condición de Cohen, Leví o Israel, se definía según la ascendencia paterna. Sin embargo, continúa Edery, según la Torah 24:10 donde dice “Salió el hijo de una mujer israelita y él era hijo de un hombre egipcio, entre los hijos de Israel…”, por lo que la halajá determina que la religión de un hijo lo determina la de la madre.

Esta reglamentación ha sido tan trascendental, tanto que aún hoy, después de tantos siglos, se puede saber quién es descendiente de sacerdotes (Cohanim), quién de la tribu de Leví y quién es Israel. Las personas conversas corresponden a la categoría de Israel, descendientes del resto de las tribus de Israel, y aun quienes hayan sido conversos a la fuerza en la época de la Inquisición, al retornar, y volver a sus ancestros, a pesar de haber sido descendientes de Cohanim o de Levitas, por tener la duda de con quién se han casado sus ancestros, serán Israel. Desde épocas bíblicas, la documentación y certificación ha sido de gran importancia.

Quien haya querido pertenecer al pueblo de Israel, ha llegado después de algún proceso de estudio y conocimiento, de práctica y amor al judaísmo. Cuando se pertenece, y obtiene su documento de guer, se le reconoce como judío. La persona con un documento en mano de Guiur, debería ser reconocida como judío junto con todos sus deberes y derechos; aquella autoridad que no lo reconoce o lo descalifica porque no le haya gustado el rabino que realizó el procedimiento, está procediendo en desacuerdo a la Halajá.



Ver más explicaciones

Números 1:19 → “Como había prescripto Ado-nai a Moshé, los contó en el desierto del Sinai”.

El Rabino Samson Raphael Hirsch, explica que este censo se llevó a cabo en el desierto donde la economía y la política no son relevantes. Este censo fue hecho parea el servicio de la Torah que fue entregada en el Sinai. El primer día del mes de Nisan, el Testimonio de la Torah fue entregado a Israel, como señal de que fueron purificados del pecado del becerro de oro, siendo el mismo desierto del Sinai el lugar ideal. Ahora en el primer día del mes de Iyar, todas las tribus, las familias y los hombres debían ser contados en beneficio de la Torah. Desde ese momento en adelante ellos se reunirán alrededor de la Torah como sus guardianes y como sus cuidadores.

Un censo, regularmente sirve para cuantificar pero también para catalogar, de ahí se extraen estadísticas y sirve para buscar equilibrar la economía de un lugar, consecuentemente este tema influye en las políticas a seguir para esta categorización de la economía. En el caso del pueblo de Israel, el censo servía para establecer la dedicación a las leyes que habían sido entregadas recientemente, la idea no era politizar, ya que no se necesitaban aún, líderes para elegir, no repartir una economía ya que esto ya estaba establecido y traía leyes para que cuando estuviesen en la Tierra de Israel, nadie padeciera de hambre ni de ninguna necesidad, eso establecía las leyes de la Torah, y es por eso que el censo se realizó en el desierto. No había influencias ni tendencias políticas, solamente justicia.



Números 1:20 “Fueron los hijos de Reubén, primogénito de Israel, su progenie, según sus clanes y prosapia. Con enumeración de nombres por cabeza. Todo varón de edad de veinte años para arriba, todo apto para el ejército”.

El Rabino Marcos Edery en una interesante explicación relata que Reubén es mencionado como primogénito para efectos del censo, ya que en verdad su padre Yaacov –Israel- le había desheredado de éste título por haber tenido relaciones con una de las mujeres de Yaacov. En su lugar, la primogenitura la había obtenido el hijo primogénito de su mejer amada Rajel, Yosef era el penúltimo hijo de Yaacov. –Crónicas 5:1- Más adelante el papel protagónico del pueblo de Israel fue desempeñado por Yehuda, el cuarto hijo de Yaacov, cuarto hijo de Leah. Esto desencadena poster4iormente trifulcas entre hermanos especialmente entre Efraim y Yehuda, ante esto, el profeta Isaías 11:13 predice: “Y se quitará el celo de Efraim y los adversarios de Yehudá serán truncados, Efraim no envidiará a Yehudá ni Yehudá hostigará a Efraim”.

Está establecido que el hijo primogénito debería recibir el doble de herencia que el resto de los hijos, aunque fuese un mal hijo. Pero hemos visto en muchos casos bíblicos que la herencia siempre se establece no exactamente con el hijo mayor, de ésta manera Abraham no fue elegido por Dios por ser el mayor de los hijos, Ishmael quien fue el hijo mayor de Abraham no tuvo ni la herencia física ni la continuidad de la elección Divina, sino su segundo hijo Isaac. Yaacov, quien fue mellizo de Esav, pero considerado el menor de ellos dos, fue el elegido por Dios para seguir la tradición Divina. Yaacov hace otro tanto con sus hijos. Esto enseña que la lógica puede estar muchas veces por encima de lo establecido. La idea de la Ley, no debe ser algo que agobie, elimine o dañe, la idea de la ley debe ser para la vida, para el bien y para servicio Divino, y ahí radica la riqueza e inteligencia de la cultura judía.

Que Dios nos de la claridad suficiente para ver claro y ajustar el mandato Divino con la intención del mandato.