2019-06-17 [Num. 726]


Columnistas  - Halajot en la Actualidad

Rav Daniel Shmuels

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Por Rav Daniel Shmuels
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Rav Daniel Shmuels nació en Bogotá, Colombia. Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Psicoanalista del Lacanian School of Psychoanalysis e hizo sus estudios rabínicos en el Rabbinical College of America. Inició como First Assistant Rabbi para Kohel Ohev Shalom y para La Oficina del Chief Rabbi of Florida. Miembro fundador y honorario del Beit Din Of South Florida perteneciente a los Batei Din of America. . Actualmente director del Private Shul of North Miami.

Lepra y chismorreo

2019-04-09

Gossip

La Parashá de esta semana lleva por nombre Meztora. Metzora es una persona que sufre de Tzaraat, palabra que erróneamente se traduce como lepra; de hecho, es una enfermedad de la piel similar a lo que hoy en día podríamos llamar lepra; empero, el hecho que casas y ropas la puedan sufrir la elimina por completo de dicha categoría médica. Lo que nos enseñan nuestros sabios es que esta enfermedad física tiene un componente espiritual y por ello no es puntualmente lepra.

El Midrash Rabá en Levítico 17:3 nos enseña que Tzaraat es el castigo por diez pecados diferentes; de cualquier forma, el paradigma para ser castigado con Tzaraat es el uso indebido del discurso, de la palabra dicha, el hecho de hablar calumnias del prójimo. Esto nos lo enseña la Torá en Números 12:1-15 y en el comentario de Rashi en Éxodo 4:6-7 cuando se nos relata la historia de Miriam, quien fue castigada con Tzaraat por haber hablado calumnias contra su hermano, Moshé Rabeinu.

De acuerdo al Midrash Rabá, Levítico 16:2, la palabra Metzora proviene etimológicamente de la unión de dos palabras; a saber, Motzee y Ra, lo cual se puede traducir como “aquel que trae mal”. En el caso del discurso, podemos decir que una persona con Tzaraat, una Metzora, es aquella que trae mal con su discurso. Todo esto nos enseña que el poder de la palabra tiene un impacto sobre nosotros, aquellos que nos rodean y los objetos a nuestro alrededor.

Nuestra sagrada Halajá en su inmensa sabiduría contempla todo aspecto humano, incluido el discurso. De hecho las leyes de Tzniut (recato) no sólo son para el vestir sino que también contemplan el comportamiento, el comer y el discurso. Aspecto que ejemplifica la obligación de todo judío de reconocer el gigantesco poder que tiene el discurso. El discurso nos puede afectar a todos tanto de manera positiva como negativa. En el caso del ejemplo que estamos dando, el caso de Miriam, nos estamos refiriendo a un discurso inapropiado que nos afecta a todos negativamente y que se castiga con Tzaraat.

Dentro de las categorías de discurso inapropiado se encuentra el tan famoso y recurrente Lashón Hará (lengua mala), el pecado de herir a una persona emocional, física o económicamente por medio de cualquier forma de comunicación verbal o discurso. De hecho, el Jafetz Jaim en Hiljot Lashón Hará nos enseña que dicho pecado es tan grave que equivale a haber transgredido seis Mandamientos Bíblicos Negativos y por lo menos dos Mandamientos Bíblicos Positivos. Por su lado, la Guemará Yerushalmi, en la Masejta de Peah 1:1, nos dice que así como estudiar Torá equivale a cumplir todas las demás Mitzvot, el pecado de Lashón Hará equivale a todos los demás pecados. El poder del discurso, en este caso negativo, es tan grave que el Talmud Babli, en la Masejta Sota 42a, nos indica que la persona que habla Lashón Hará está entre aquellas que no pueden saludar la Shejiná (Presencia Divina).

Sin embargo, el discurso no está constituido sólo por una información presentada sino que dentro de él hay varios aspectos que nuestros sabios y Halajá han tenido en cuenta para reconocer en él su poder y su alcance; ello, si se procede con caución. Un aspecto fundamental que debemos reconocer es el tono que utilizamos al hablar. Shlomo HaMelej (el Rey Salomón) en Kohelet (Eclesiastés) 9:17 nos enseña: “Las palabras de los sabios son escuchadas cuando son habladas suavemente”. Igualmente, él en Mishlei 15:1 nos indica: “Una respuesta suave aleja la furia pero una palabra fuerte desata la ira”. El Talmud en la Masejta de Shabat 34a, nos enseña que cuando le recordemos a los demás miembros del hogar prepararse para Shabat lo debemos hacer de una manera apropiada, hablando suavemente, de lo contrario el recordatorio pasará inadvertido. De hecho, Najmanides en una carta enviada a su hijo le escribe acerca de la importancia del tono que siempre debe tener su voz: “Habla suavemente todo el tiempo (...). Cuando alguien te llame no respondas duro sino tranquilo y suavemente como si estuvieras delante del Creador”. 

Esto nos lleva a entender la importancia que el discurso tiene en general y cómo cada aspecto que constituye al discurso mismo es de inmenso valor para que su uso sea apropiado y no se desvíe al camino que nos pudiese llevar al castigo de Tzaraat. 

En relación con el discurso podemos encontrar muchas Mitzvot positivas a lo largo del año y del diario vivir. Ejemplos de estas Mitzvot son: Estudiar Torá, rezar, decir bendiciones para diferentes ocasiones, relatar la historia de Pesaj, leer la Meguilá de Ester, contar el Omer, dar la bendición sacerdotal, decir Kidush para Shabat e Yom Tov, etcétera. 

Si bien debemos insistir profundamente en cumplir todas las Mitzvot positivas del discurso por la alegría y luz que nos brindan, es extremadamente importante que seamos muy cautelosos en cuidar y mantenernos alejados de toda Mitzvá negativa que esté relacionada con el discurso. La Torá nos proporciona un listado puntual sobre aquellos actos discursivos que debemos evitar a toda costa; a saber, no hablar calumnia o chisme, no blasfemar al Todopoderoso, no maldecir a un prójimo judío, no dar falso testimonio, no pronunciar un juramento solemne falso, no dar un falso consejo, no oprimir verbalmente a la viuda, al huérfano ni al converso, entre tanto otros. 

Es debido a todo esto, que es nuestro deber como judíos, escogidos por Dios para representar Sus Mitzvot en esta tierra, reconocer el poder del discurso, sus beneficios y sus perjuicios para así acercarnos cada vez más al Eibishter y Su soberanía. 



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