2020-11-30 [Num. 802]


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Columnistas  - Halajot en la Actualidad

Rav Daniel Shmuels

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Por Rav Daniel Shmuels
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Rav Daniel Shmuels nació en Bogotá, Colombia. Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, psicoanalista del Lacanian School of Psychoanalysis e hizo sus estudios rabínicos en el Rabbinical College of America. Fue First Assistant Rabbi para Ohev Shalom al igual que para el Chief Rabbinate of Florida. Fundador del Beit Din of South Florida, miembro de los Batei Din of America. Tradujo y editó el libro “Bienvenido al Judaísmo: Una Guía al Judaísmo Básico y la Conversión Judía Ortodoxa”. Actualmente es el Head Rabbi de la Keilá The Private Shul of South Florida.

De amuletos corporales al uso de los Tefilín

2020-08-05

Tefilin

Nuestra sagrada Halajá explica claramente el uso de los Tefilín, desde quién los usa, a qué hora se deben usar, cómo se deben hacer, las precauciones que se deben tener con ellos, etcétera. Así mismo, a lo largo de toda la Torá Shebealpe y Mesora, se nos enseña que estos objetos religiosos son establecidos como un recordatorio de nuestro pacto con Dios. 

Dada la certeza absoluta que ese es nuestro sincero pensamiento acerca del uso de los Tefilín, cabe preguntarse hasta qué punto la selección rabínica de los pasajes puestos en ellos no tiene un rezago de protección Divina; sobre todo lo digo en la situación que nos rodea en la actualidad, resulta sorprendente que desde el inicio de esta pandemia son más y más los judíos que han decidido retomar el uso de los Tefilín. Cosa muy buena por cierto, porque en última instancia están trayendo más luz al mundo. 

De cualquier forma, retomar su uso en este momento de pandemia e incertidumbre nos propone una pregunta abierta; a saber, ¿hasta qué punto ha surgido esta decisión debido a la necesidad de sentirse protegido y resguardado al seguir los Mandamientos de Dios? Entonces cabe preguntarnos, ¿por qué no son considerados amuletos corporales? O... ¿por qué sí?

Dudo que exista una respuesta exacta a los motivos privados de cada persona en este caso porque sólo el Todopoderoso lo puede saber; empero, una posible explicación a este comportamiento puede yacer en la arqueología e historia que rodea el inicio del uso de los Tefilín, a pesar de los Midrashim contemporáneos donde rabinos nos comentan que hasta Adam se ponía Tefilín. La verdad es que no hay ningún testimonio histórico ni arqueológico que nos hable nada acerca de su existencia hasta el siglo II-I AEC a manos del filósofo Philo o posteriormente del historiador Josefus o mucho más contemporáneo, el testimonio del Talmud. 

La evidencia más antigua que tenemos del uso de los Tefilín está en los Rollos Del Mar Muerto, en las cuevas de Qumran, que de igual manera datan aproximadamente al siglo I-II AEC. Ahora bien, algo interesante es que esos Tefilín no contienen los pasajes que usamos hoy en día, uno específicamente ha cautivado a los arqueólogos religiosos porque contiene la canción de Moisés que se encuentra en la Parshá Ha’azinu. El pergamino 4QPhyl N, les da a entender a los estudiosos que dicho pasaje presenta conexión con los pasajes actuales en tanto provee a quien los usa la longevidad de sus días; es decir, los salva de la muerte y el malestar para prolongar su vida. 

Ahora bien, en el mundo antiguo el uso de amuletos escritos y corporales se encuentra en la mayoría de culturas. Para los habitantes del Mediterraneo el uso de amuletos era la manera de influenciar las fuerza sobrenaturales del mundo y por ende objetos de uso permanente. Desde el siglo cuarto AEC estos objetos fueron llamados en griego Periapta o Periamata, literalmente, cosas amarradas alrededor. Básicamente amuletos con inscripciones que se amarraban en una parte del cuerpo. Aquí hay una doble semejanza entre esos amuletos y nuestros Tefilín, ambos se amarran alrededor de una parte del cuerpo y ambos contienen escritos. Entonces, ¿qué diferencia unos de otros?

Resulta que el asunto con los griegos no para ahí, uno de los motivos por los cuales me rehuso a utilizar la palabra designada en español o inglés para Tefilín es precisamente su origen pagano; a saber, filacterias. Pues bien, la palabra proviene del griego Phylakteria que significa amuleto protector. Utilizar esta palabra nos ubica instantáneamente en el registro de la idolatría y del paganismo y encima de todo establece su uso como un objeto protector de lo malo del mundo en lugar de ser el recordatorio de Dios que es. Así que Tefilín son Tefilín en cualquier idioma; además, porque en la primera forma conocida de hebreo la palabra Tefilín es el plural de Tefilá (rezo), lo cual conecta los Tefilín con su uso actual de rezar en las mañanas con ellos puestos.

Ahora bien, no podemos negar que los amuletos fueron parte integral del folklore de Israel antiguo. Se han descubierto por lo menos dos amuletos hebreos hechos en plata en un cementerio en Jerusalén pertenecientes al siglo séptimo AEC. Así mismo se han encontrado pergaminos inscritos en papel de metal desenrollados en cadáveres en diferentes excavaciones en Israel que datan entre el siglo cuarto y tercero AEC. El asunto es que estos amuletos pretendían proteger a los muertos en su futuro viaje, más no prolongar ni proteger su vida en este mundo. Eso marca una gran diferencia entre el uso de esos amuletos; la cual, eventualmente desapareció y el uso de amuletos hoy en día o el uso de nuestros Tefilín. 

Halájicamente nuestros rabinos han sido muy reticentes y estrictos en evitar crear una conexión mágica protectora al cumplir Mitzvot. Sin embargo la Torá misma nos dice que seremos bendecidos por Dios al cumplir sus Mandamientos e igualmente se prolongarán los días de nuestras vidas, cosa que se puede interpretar como protección y hasta cierto punto no sería una interpretación totalmente equivocada.

Para mi praxis personal los Tefilín no son amuletos de buena suerte, ni de protección contra la pandemia, ni determinan nuestra longevidad. Para mí son un Mandamiento de Dios que nos unen y conectan con Él en forma de recordatorio durante nuestra plegaria. De cualquier forma, la evidencia arqueológica nos indica que existen en ellos vestigios culturales que deben ser aclarados y corregidos para entender su importancia para nosotros como judíos y no como el legado de una transmutación cultural.



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