2018-11-21 [Num. 696]


Artículos  - Poemas

Vel D'Hiv

Por Bella Clara Ventura
2015-04-15

Holocausto

Abreviaron el nombre para pasar de agache
al reducir a cenizas 13000 vidas judías.
Silenciaron el canto de los niños circuncidados
y la canción de cuna de las niñas con estrellas de David.
Pedían en notas claves la salvación del pueblo,
otrora esclavo de los egipcios.
El “viento primaveral” inventó su propia máquina de exterminio.
Los policías armados hicieron de las suyas
con sus metrallas al acecho.
Siguieron órdenes de no atender discusiones ni comentarios.
No respetar el quejido enfermo ni anciano.
Debían tomar a los judíos por asalto bien entrada la noche
cuando el sueño los invitaba a la pesadilla.
No valieron resistencia ni súplicas,
 a empellones con fusiles fueron a parar a la calle
 en la desnudez de su dignidad.
Tacha en el recuerdo del 16 de julio.
El Velódromo de invierno del barrio XV de la Ciudad Luz,
escenario para el deporte de la velocidad
trajo rápidamente como deporte la muerte y la desolación
bajo la bota nazi y la complacencia de altos mandos franceses
durante ese año sin olvido de 1942.
Marcado con ese número en la piel de la Humanidad.
Vergüenza recae sobre una nación libre,
llamada dueña y señora de principios humanos.
Gestora de la modernidad y de la abolición de cadenas.
La toma de la Bastilla prueba de ello.
Ese 14 de julio de 1789, fecha conmemorada con orgullo patrio.
155 años después la redada de judíos acogidos por las leyes de protección
  pinta de rojo la Historia Universal.
Fueron hombres, mujeres y niños
con estrella dorada en el pecho, las víctimas.
Considerados galos igual que sus vecinos,
sin mediar diferencia en impuestos ni en colaboración,
a la muerte fueron a dar su aliento.
Importantes puestos ocupaban los hijos de Jacob.
Parte vital de la economía de una sociedad pujante.
Tenían hogares con cumplimiento de los libros Sagrados.
Derrotero de buenas conductas según las Tablas de Moisés.
Bajo el mandato de Vichy se transformaron en rehenes
de una suerte mal habida
 donde 4051 niños, 5802 mujeres y 3031 hombres
resultaron masacrados por la insania del hombre.
Rose Bosh en su película plantea el horror.
Filtra en cada fotograma la lágrima del corazón.
 Nos acerca la verdad, atroz por demás,
 de un secreto mantenido vedado
para evitarle el rubor al pueblo,
padre de la Revolución Francesa.
Con el tiempo y aquellos que vivieron para contar
se conoció la realidad expuesta a un atisbo, juez de la maldad.
Se enjuicia el valor y los principios de la autoridad.
No parecía ser madre, hija ni hermana.
Lista a entregar existencias,
como se lleva el ganado al matadero.
Personas sin temor al mandamiento: No matarás.
Deshumanizadas y sin el respeto por las horas del otro
y menos por espíritus semejantes.
La historia regresa con cobros en el alambrado de las remembranzas.
Retorna con el látigo cuando los cuentos no salen bien.
En mi llanto hallo unos ojos niños observando
a sus verdugos desde un más allá tallado
en la llama de la memoria.
Inflama conciencias
bajo la sorpresa de un cielo oscuro
que ya no calla crueldades.



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