2020-10-01 [Num. 794]


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Artículos  - Actualidad y Medio Oriente

Iona Estévez Bretón

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Por Iona Estévez Bretón
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Artículos del autor: 9
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Médico Especialista en Medicina Familiar Profesor de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario.

La Globalización: ¿al alcance de quién?

2019-12-25

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Imagen de la familia moderna (tomada del portal de Bing)


“La Tierra es uno pero el mundo no lo es. Algunos consumen los recursos de la Tierra a un ritmo que dejará muy poco para las generaciones futuras. Otros, muchos más en número, consumen muy poco, y viven con la perspectiva del hambre, la miseria, la enfermedad y la muerte prematura”.

Gro Brundtland (Miembro del partido Laborista de Noruega y Primera Ministra de esa nación en 3 ocasiones)

La globalización ha sido presentada en los medios masivos de comunicación, en las redes sociales y en muchos círculos políticos como un gran anhelo, como un valor en sí mismo. Pero la realidad es que tenemos un mundo globalizado para algunos individuos y para algunos temas, pero miserablemente restringido y marginalizado para gran parte de la población de nuestra madre Tierra. Y una gran mayoría de los seres humanos permanece peligrosamente carente de una conciencia que le permita reclamar la acción global requerida para enfrentar las grandes sombras que amenazan nuestro planeta : el cambio climático, el crimen y el terrorismo transnacionales y la desnutrición.

No pretendo analizar las causas de este tipo de fenómenos, pues sobrepasan mi conocimiento profesional como médico y entiendo que su complejidad abarca de manera muy amplia e interconectada los ámbitos psicológico, antropológico, político y económico. En cambio, considero procedente estimular una reflexión respecto de los obstáculos que una globalización defectuosa representa para nuestra existencia saludable como individuos y para nuestra coexistencia sostenible, solidaria y exitosa como miembros de una misma especie responsable por su hogar colectivo : nuestro planeta Tierra. Y proponer puntos de partida para posibles soluciones.

Para comenzar, debo mencionar la manera en que las posibilidades de movilidad a través de nuestro planeta han venido aumentando progresivamente para ciertos  individuos privilegiados, pertenecientes a naciones específicas, caracterizadas por ser ricas y principalmente representadas por: La Unión Europea (que hasta ahora incluye al Reino Unido), EEUU, Canadá, Australia, Japón, Singapur y Corea del Sur. Los privilegiados ciudadanos de estos países se pueden mover por un mundo genuinamente globalizado, dado que sus pasaportes tienen acceso preferencial a una lista de casi 200 naciones (1).  Para los rezagados ciudadanos de las demás naciones del mundo la movilidad global no es una realidad: esta es una evidente brecha de movilidad. Cuando los ciudadanos del primer grupo de naciones deciden cambiar su país de residencia seguramente serán tratados por la nación huésped como “estudiantes en el exterior” o como “expatriados”; en el caso del segundo grupo frecuentemente serán considerados como “refugiados”, con todas las implicaciones de este trato diferencial.

Ahora quiero mencionar la desigualdad en el acceso al internet. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) el 51.2% de la población mundial tenía acceso al internet para diciembre de 2018 (2); con un claro contraste entre un 80.9% de la población en los países ricos y solo un 45.3% para el caso de las economías en desarrollo. Estos datos muestran una clara brecha de conectividad que deja a un sector poblacional mundial con acceso privilegiado a las tecnologías de la información y la comunicación… la mitad de la población bien informada y con acceso ágil a la innovación, al emprendimiento y  al intercambio mundial de ideas y la otra mitad con una aterradora desventaja.  Mencionaré ahora el acceso a las mejores fuentes de trabajo: las oportunidades disponibles para las compañías multinacionales en un mundo globalizado confieren a sus empleados acceso a remuneraciones equitativas y a condiciones laborales privilegiadas. En cambio, las empresas locales y las actividades económicas independientes (especialmente en los países en vías de desarrollo) ofrecen posibilidades limitadas de ingresos y condiciones laborales cada vez más difíciles, en algunos casos, francamente precarias. Esta situación configura una tercera brecha : una de tipo laboral, con trabajadores asalariados de primera y de segunda clase ; estos últimos reunidos en un colectivo al que se suman los profesionales y técnicos independientes y el cual es más numeroso en las naciones en vías de desarrollo. Caldo de cultivo para el crecimiento del subempleo y para el auge de diversas actividades ilícitas contaminadas de violencia, como son: el narcotráfico, el tráfico ilegal de personas, de especies animales y de toda clase de bienes, además de la minería ilegal. 

as anteriores disparidades están conduciendo a nuestra población planetaria hacia una progresiva polarización socio - económica (y también política). Por un lado, tenemos ciudadanos de un grupo de naciones ricas que tienen libertad para moverse por el mundo sin restricciones y con acceso preferencial a la información y a la tecnología (y facilidades para el emprendimiento) y que gozan de condiciones laborales sobradamente dignas. Por el otro, encontramos una población mayoritaria subdesarrollada con libertad restringida de movimiento planetario, acceso limitado a la información y a la tecnología (y al emprendimiento) y unas condiciones laborales progresivamente deterioradas, llegando a condiciones pauperizantes. Panorama complicado por un difícil medio social circundante: subempleo, diversas formas de contrabando, narcotráfico y minería ilegal… una auténtica “bomba de tiempo”. Y al interior de los países -inclusive en algunas naciones desarrolladas- también se ha ido consolidando tan peculiar y peligrosa brecha. Si bien la historia de la humanidad muestra que siempre han existido los contrastes sociales y económicos, con la globalización estamos encarando una separación tan radical entre 2 grupos de seres humanos que cada vez se abre más el camino hacia la polarización en la manera de vivir la cotidianidad y de entender la existencia (y la política).

Esta situación ya está produciendo levantamientos populares masivos prolongados y con matices violentos en todo nuestro planeta. En muchos casos, con el combustible altamente inflamable de la mala distribución de la riqueza al interior del país o el de la presencia de un régimen de gobierno dictatorial (ya sea de izquierda o de derecha). En Latinoamérica hemos visto levantamientos populares principalmente en : Chile, Ecuador, Bolivia y también en Colombia (aunque sin la marcada violencia de los 3 casos anteriores) ; en Europa sobresalen las marchas de los Chalecos Amarillos de Francia ; en Asia están los casos del Líbano, Irán e Irak en el Medio Oriente y en el Lejano Oriente el caso de Hong Kong. Y esta inestabilidad mundial se magnifica por la ausencia de globalización para enfrentar en forma verdaderamente unificada las grandes amenazas planetarias, es decir: las consecuencias del cambio climático, el crimen y el terrorismo transnacionales y la desnutrición. Azotes que obviamente golpean con más intensidad a las mayorías que no disfrutan los beneficios de la globalización. Paralelamente, hemos logrado una globalización casi perfecta en otros temas, como son: el mundo financiero, las redes mundiales de cadenas noticiosas y la comunicación mediante el teléfono celular y las redes sociales.

Para finalizar debo expresar que la forma de extender en forma equitativa los grandes beneficios que el planeta globalizado ha conferido a nuestra existencia como seres humanos implica que todos los habitantes del mundo -bajo el liderato de los gobiernos e instituciones transnacionales que tienen una orientación democrática y defensora de los derechos humanos- debemos trabajar con ahínco y gran sentido de urgencia para lograr:

Acortar la brecha de movilidad permitiendo progresivamente el libre tránsito de los ciudadanos por la mayoría de países del mundo siempre y cuando estén libres de antecedentes judiciales o criminales (y no pertenezcan a gobiernos patrocinadores de terrorismo) ; naturalmente es necesario acordar regulaciones transnacionales fuertes con el apoyo decidido de la tecnología para alcanzar el éxito. Iniciativas interesantes existentes o proyectadas son: el libre tránsito de personas entre países con asociación regional con la posibilidad de pago unificado de aportes de seguridad social entre dichos países socios y los títulos profesionales y técnicos con validez regional o incluso mundial. La educación bilingüe es una prioridad inaplazable para los países en vías de desarrollo. En Colombia tenemos la alternativa a todos nuestros docentes de San Andrés y Providencia (todos ellos son bilingües) en educación bilingüe como punto de partida.

Masificar el acceso al internet en los países en desarrollo para combatir la brecha de conectividad. En Colombia tenemos una interesante directriz en este sentido por parte del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones. En las sociedades democráticas modernas la conectividad se debe tratar como un derecho básico de todos los ciudadanos.

Disminuir la brecha laboral:

Mediante el fortalecimiento de las empresas locales -especialmente de países en vías de desarrollo- para que logren unas condiciones laborales justas y dignas para sus trabajadores y puedan acercarse a las que ofrecen muchas  compañías multinacionales. Esto tiene la condición sine qua non de un nuevo tipo de liderazgo empresarial y político. Las naciones desarrolladas deberían cooperar compartiendo conocimientos e invirtiendo recursos económicos para el logro de este importante objetivo y así poder contrarrestar las condiciones socio-económicas adversas (la “bomba de tiempo” que mencioné arriba) poco atractivas para los inversionistas y totalmente indeseables para las empresas multinacionales. Debo agregar que combatir la brecha de género en el área laboral de los países -en especial si están en vías de desarrollo- también debe designarse como un objetivo de alto valor social y económico, tal como ya lo han establecido organizaciones mundiales relevantes como la OCDE y la OIT (3, i y ii).

Mediante el estímulo de condiciones económicas favorables para los profesionales y técnicos independientes, particularmente en naciones en vías de desarrollo. De nuevo, aparece como condición sine qua non un nuevo tipo de liderazgo empresarial y político.  La capacitación y los estímulos económicos y/o tributarios para fomentar masivamente el emprendimiento y la innovación constituyen una prioridad inaplazable. También en este caso las naciones desarrolladas deberían cooperar con su conocimiento y su dinero para alcanzar este objetivo (por las razones mencionadas en el punto 3).

La globalización total en la lucha contra: las consecuencias del cambio climático, el crimen y el terrorismo transnacionales y la desnutrición. Otra vez está implícita la condición sine qua non de un nuevo tipo de liderazgo empresarial y político. Pero también se requiere el compromiso decidido de una ciudadanía que esté permanentemente consciente y alerta; además que se reconozca a sí misma como responsable y empoderada.

Es hora que los países en vías de desarrollo dejemos de jugar el triste e ingenuo rol mencionado en la canción chilena de Rock “El Baile de los Que Sobran” (4).


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