2020-11-30 [Num. 802]


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Marlene Himerlfarb

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Por Marlene Himerlfarb
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Colaboradora de los periódicos, El Correo, El Mundo, suplemento dominical El Colombiano, (Medellín), suplemento dominical Estravagario del Periódico el pueblo, (Cali) Revista Carrusel, Elenco y suplemento dominical de El Tiempo, directora de la biblioteca del Colegio Unibán en Apartadó, profesora de literatura infantil en el jardín infantil Consentidos, directora y editora de la revista Hamerkaz, colaboradora de Hashavúa, guión y montaje de obras de teatro en el Beit Avot Participación en la Feria Internacional del Libro en Bogotá, 2017 y 2018 Obras publicadas: historias encontradas 2.004, cuento infantil Elephantus 1/ 2016 y Elephantus 2 en el 2018

Lo que es moda no incomoda

2020-06-17

Mascarilla

En el último brit milá al que asistí en forma presencial AP (Antes de la pandemia, o como dice mi nieta, antes de la corona)  el rabino me indicó que debía dejar un puesto libre entre una persona y otra. Yo no entendí muy bien por qué, pero al Gran Rabino hay que hacerle caso. Yo acababa de llegar el día anterior de un viaje a las Islas del Rosario donde las noticias  pasan a un segundo plano. Había escuchado muchas cosas del virus chino y por internet llegaban todo tipo de noticias,  pero  esos detalles no los había asimilado aún. Todavía tenía el sonido del mar en mis oídos y la sensación de la arena caliente en mis pies. Tenía un almuerzo con unas amigas que me iban a celebrar mi cumpleaños en esos días y a medida que fui entrando en la información y en la vida citadina y cotidiana, fui asimilando la idea de que estábamos frente a algo grave. Por supuesto mi cumpleaños no lo celebramos. Aunque no había empezado la cuarentena nos pareció que no era prudente ir a un restaurante cuando estábamos escuchando que había que guardar un  metro de distancia entre una persona y otra. Me quedaron debiendo el Happy Birthday y el almuerzo. Será para otra ocasión en que ojalá podamos reunirnos DP (Después de la Pandemia), que esperamos que pase, como han pasado otras pandemias de las que se creyó que iban a minar a la humanidad. 

Vino el simulacro decretado por la alcaldesa y empató con el confinamiento obligatorio que inició como una cuarentena. Cuarenta días con sus respectivas  noches, como le tocó a Moisés en el desierto.  Ya vamos como en sesentena, pero todo sea por la salud!!! En ese momento me di cuenta de la realidad que estábamos viviendo y que las vacaciones paradisíacas habían terminado, tanto para nosotros, como para los habitantes de la isla que también entraron en cuarentena.  Ya vamos para 2 meses Zoombeando, pues el  Zoom se volvió una ayuda cibernérica invaluable para todo y para todos. Hacemos jalá por Zoom, hacemos reuniones sociales, familiares y de trabajo, festejamos cumpleaños, bar mitzvas, hacemos ejercicio, en fin el Zoom y otras aplicaciones se han convertido en nuestro mejor instrumento de comunicación durante esta pandemia que nos está enseñando nuevas reglas de vida y comportamiento social. 

Nos encerramos con nuestros miedos, tristezas y alegrías para llevar una vida diferente. Poco a poco, con el pasar de los días y asumiendo esa nueva cotidianidad, el miedo se fue transformando en actividad diaria, en esperanza y en deseos de sobrevivir a este nuevo corona virus, como lo llaman en los noticieros. Nos tocó repensar y redimensionar nuestras vidas. Como se dice en el argot actual: reinventarnos.

Como siempre, la moda ha mandado la parada en todas las épocas de la historia. Pues ahora surgió la moda de la mascarilla y aunque es un poco incómodo lucirla, parece que es la salvación. Las hay desechables, de tela, de colores, estampadas. Algunas cuadran con el color de los calzones y de las medias. Anteriormente se podía escuchar a algunas mujeres en un corrilllo comentando los últimos diseños de la moda. Ahora las conversaciones han variado, las preguntas son:” ¿Dónde compraste esa mascarilla? Me gusta más que la mía porque me cubre mejor y no aprieta tanto” .Muchos  confeccionistas  transformaron sus talleres y los convirtieron en fábricas de confección de mascarillas, que es uno de los productos más vendidos y solicitados en el mercado en este momento.

Son otras costumbres, otras vivencias, con las que tendremos que aprender a vivir. El planeta necesitaba respirar y para ese fin si ha servido. 

Hay muchas dudas, mucha incertidumbre. A veces ni nos atrevemos a preguntar. Mi nieto hace bar mitzvah en septiembre, pero hay que esperar. No creo que estemos listos y tocará celebrar por Zoom. Nunca pregunté si con mi esposo, con el que he compartido los mejores momentos de esta cuarentena, tendía que guardar la distancia de un metro que me recomendaba el rav. Por supuesto que no he cumplido esa regla y mejor no pregunto para que no me digan que sí.  



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