2021-04-12 [Num. 821]


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Columnistas  - Halajot en la Actualidad

Rav Daniel Shmuels

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Por Rav Daniel Shmuels
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Rav Daniel Shmuels nació en Bogotá, Colombia. Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, psicoanalista del Lacanian School of Psychoanalysis e hizo sus estudios rabínicos en el Rabbinical College of America. Fue First Assistant Rabbi para Ohev Shalom al igual que para el Chief Rabbinate of Florida. Fundador del Beit Din of South Florida, miembro de los Batei Din of America. Tradujo y editó el libro “Bienvenido al Judaísmo: Una Guía al Judaísmo Básico y la Conversión Judía Ortodoxa”. Actualmente es el Head Rabbi de la Keilá The Private Shul of South Florida.

¿Y de los meses qué?

2021-04-07

Calendario

Hace poco alguien me preguntó de dónde salen los nombres de los meses de nuestro calendario si la Torá nombra los meses con números más no con nombres. La respuesta es bastante simple; a saber, del calendario babilonio. Lo que no es tan simple entender es por qué tomamos nombres idólatras para nuestros meses y lo que nuestros sabios hicieron halájicamente para que esos nombres se adaptaran a nuestra cultura.

Partiendo del hecho que la Torá no nombra los meses del año sino que los enumera cabe resaltar que antes de ser exiliados a Babilonia ya se hacía referencia a los meses del año con nombres en Eretz Israel. No tenemos registro de todos los meses pero sí de cuatro meses que se encuentran mencionados a lo largo del Tanaj. 

En Melajim I 6:2 se hace referencia al mes de Iyar con el nombre de Ziv, palabra que es un adjetivo que significa radiante. Es la opinión aceptada que el motivo de su uso era porque en ese mes el sol radiaba en pleno; así mismo, el pueblo judío está radiante porque es el mes en el cual recibimos la Torá.

De igual forma, Melajim I 6:38 se refiere al mes de Jeshván como el mes de Bul, proveniente de la palabra “Balé” que significa marchitar y la palabra “Bolelín” que significa mezclar. Dicen los sabios que se le nombra de esta manera porque el pasto se marchita en este mes y los granos se mezclan para el ganado del hogar. Es la opinión del Radak que el mes de Bul proviene de la palabra “Yebul” que significa producido ya que en ese mes inicia el arado y plantado de tierra y semillas. 

También tenemos que el mes de Nisán era conocido como el mes de Aviv, palabra que significa la estación de la maduración de la cebada. En Melajim I 8:2 se nombra al mes de Tishrei como el mes de Etanim, palabra que significa fuerza. Fuerza por el mes como tal en tanto es cuando se celebran las Altas Festividades y mes que le da fuerza a los judíos para un año nuevo más. 

De cualquier forma esto no responde nuestra pregunta principal; a saber, ¿por qué nuestros sabios permitieron el uso de nombres idólatras para los meses del año judío? Es más, la Torá en Éxodo 23:13 prohíbe inclusive mencionar los nombres de ídolos; entonces, ¿a cuentas de qué se permitió nombrar los meses del año con nombres idólatras?

La primera pregunta encuentra su respuesta en la historia y su respectiva validación halájica con nuestros Rishoinim. Al regresar del exilio babilonio, los judíos consideraron que había una liberación más cercana a ellos que la salida de Egipto; entonces, los sabios de momento consideraron que debido a ello era apropiado conmemorar la liberación de la nación opresora de alguna forma. Llegaron a la decisión que la manera más apropiada de hacerlo era tomando los nombres idólatras de los meses babilonios para convertirlos en meses judíos. Pero, ¿por qué los meses? Najmánides explica que cuando salimos de Egipto, Dios nos ordenó contar los meses a partir de ese primer mes; entonces, al contar los meses estamos recordando el éxodo de Egipto. Así mismo, cuando nombramos los meses del año estamos recordando el exilio babilonio. El Rambam ratifica esta posición al recordar el pasaje del Tanaj que dice: “Y no va a ser dicho más, como el Señor vive, que levantó a los hijos de Israel de la tierra de Egipto” sino más bien, “como el Señor vive, que levantó a los hijos de Israel de la tierra del norte” (Jer 16:14-15), (Ex 12:2). Esto implica que es nuestro deber recordar de alguna manera dicho exilio y se debe hacer bajo la misma premisa de Egipto; es decir, con los meses.  

La respuesta a la segunda pregunta se divide en dos grandes categorías. La primera consta en encontrar un significado judío a la palabra utilizada bien sea suponiendo un significado en hebreo antiguo o en arameo y también haciendo de la palabra usada un acrónimo que signifique algo para el judaísmo. Por ejemplo, Rashi establece que la palabra Tamuz es una palabra en arameo que significa calor y el mes de Tamuz es un mes caliente de verano. Igualmente, el mes de Elul es un acrónimo para “Aní Ledodí Vedodí Li” (yo soy para mi amada y mi amada es para mí). Básicamente se trata de acomodar la palabra idólatra dentro del engranaje cultural judío monoteísta. 

La segunda categoría es la validación de nuestros Poskim en tanto las palabras idólatras se encuentran en desuso y ya no hacen referencia a idolatría sino al judaísmo. De acuerdo a Rav Moshe Feinstein, el uso de los nombres idólatras para los meses judíos está permitido porque esos nombres de meses no están siendo reverenciados o idolatrados como en un principio (Igrot Moshe, YD II, 53). La idea es que desde el momento en que esos meses se transformaron al judaísmo ya su categoría de idolatría es inexistente, más aún cuando el acto como tal no se lleva a cabo con el paso del tiempo. 

Sean convincentes o no los argumentos de nuestros rabonim, ese es el origen de los nombres de nuestros meses y ese calendario lo debemos saber todos sin excepción alguna. En esta ocasión me voy del lado de nuestros Jajamim, Rishoinim y Poskim porque al recordar los meses en su orden recordamos el éxodo de Egipto y al recordar su nombre recordamos el exilio babilonio, ambos hechos fundamentales para la estructuración de nuestro judaísmo hoy en día. 



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