2018-09-24 [Num. 688]


Columnistas  - Halajot en la Actualidad

El converso solitario

Por Rav Daniel Shmuels
Daniel shmuels
2016-08-24

Tallit

La Parashá de Ekev nos entrega un total de ocho Mitzvot; a saber, seis positivas y dos negativas. La Parashá inicia con prohibiciones contra la idolatría para después introducirnos una serie de obligaciones como las de agradecer a Dios después de haber comido, amar a un converso, temer a Dios, rezarle a Dios, y hasta cómo hacer una promesa en nombre de Dios. El orden de las Mitzvot en esta Parshá, como en toda nuestra sagrada Torá, no es en vano; de hecho, muchos de nuestros Rabonim y sabios han dedicado tratados enteros a interpretar el sentido y propósito que el orden de las Mitzvot tienen a lo largo de la Torá, pues a partir de ese orden específico deberíamos aprender algo más profundo que el simple Mandamiento como tal. Para el caso en particular de esta semana surge una pregunta ancestral, ¿por qué la Mitzvá de amar al converso se encuentra entre las Mitzvot de agradecerle a Dios después de haber comido y la de temerle a Dios? Es más, ¿por qué tenemos que amar a un converso en general? Y más allá de ello, ¿estamos cumpliendo realmente está Mitzvá? Estas preguntas son las que nos competen en esta ocasión.

En este espacio se ha hablado en más de una ocasión acerca de la obligación de amar al converso, tanto así que el tema puede resultar como un estribillo para el lector. Cabe aclarar que el motivo para ello radica en que este espacio pretende hacer énfasis en Mitzvot y Halajot que hoy en día sean controvertidas y por ende innovadoras; bien sea por sus actualizaciones, su ausencia de actualización, su cumplimiento o su incumplimiento; todo esto, tanto por parte del judío promedio como por parte de la Rabanut. Sin lugar a dudas, como todos lo sabemos, el caso de las conversiones y del converso en general reúne todos esos aspectos.

Ahora bien, en el caso particular de esta ocasión la problemática es la siguiente: Todos estamos de acuerdo en que la Mitzvá positiva de amar al converso es una de las 613 Mitzvot de la Torá; pero adicional a eso, todos proclamamos que cumplimos esa Mitzvá a cabalidad sin excepción alguna; sin embargo, hay un problema gravísimo, los conversos, en su vivencia cotidiana, no sienten ese amor y por el contrario lo que sienten es rechazo y hasta cierto punto actos de odio contra ellos. Entonces; si una buena porción de conversos no se sienten amados ni respetados por sus hermanos judíos, ¿cuál es el motivo para que ellos se sientan así? Más aún, ¿son ciertos y válidos estos reclamos?

La Mitzvá y su respectiva Halajá es muy clara, puntual y sencilla; a saber, amar al converso, punto final. Obviamente acá surgen las "excusas" de por qué no amar a todos los conversos, aun cuando tengan una conversión ortodoxa; entonces, entre tantas otras se escucha, "ah claro, pero yo solo acepto a los conversos que se convirtieron por su propio deseo y no por tener una pareja, los conversos que realmente cumplen todas las Mitzvot como tiene que ser, los que cumplen con sinceridad y sin ningún tipo de interés de por medio". Desde la perspectiva talmúdica y Halájica es factible que tal excusa tenga algo de validez; empero, una conversión bajo esos principios no es una conversión, mucho menos ortodoxa! Así que esa excusa se cae por sí misma. No puede haber una conversión ortodoxa que exista bajo esos principios porque si la hubiera no sería una conversión del todo.

Traigo a colación dos casos que me llaman la atención y que están sucediendo en este momento. El primero sucede en Norteamérica en donde un prosélito está llevando a cabo su proceso de conversión en una sinagoga Ashkenazí. En determinado momento los miembros de la sinagoga se dan cuenta que este personaje está rezando de un Sidur Yemenita frente a lo cual la junta directiva con el rabino líder lo llaman y le dicen que él les tiene que prometer que no va a volver jamás a utilizar ni practicar en su vida nada que no sea Ashkenazí. El joven, les responde que él no tiene ningún inconveniente en cumplir con esos requisitos en la sinagoga; pero como lo saben con anterioridad, él pretende hacer Aliyah y pertenecer a una comunidad yemenita cuando finalice su proceso. Frente a esto la sinagoga niega su conversión y lo expulsa de la misma. Este caso es traído al Beit Din de América y aún se encuentra en proceso de discusión. Acá no estamos hablando de incumplimiento de la Torá ni de la Halajá y sin embargo lo que se presenta es un rechazo hacia alguien que quiere pertenecer a Klal Israel. Si bien, el Beit Din apoya y comparte la decisión del estudiante, la ausencia de un apoyo comunitario hace que su proceso no se pueda llevar a cabo. Entonces, ¿qué tanto estamos amando a un converso cuando no lo aceptamos tal y como él desea vivir y cumplir su judaísmo ortodoxo? 

Un segundo caso es el de las comunidades enteras de conversos. Este fenómeno es muy particular de Colombia y merece un análisis aparte pero debido a su vigencia y cantidad de casos en crecimiento me es necesario hablar de ellos. Si bien, no conozco personalmente todos los casos de estas comunidades en detalle, estas comunidades de conversos son comunidades Shomer Mitzvot que han luchado para poder obtener una conversión Halájica y a partir de ahí vivir una vida totalmente judía ortodoxa; empero, están totalmente recluidas de las comunidades tradicionales, ¿a cuentas de qué? ¿Es que acaso no han hecho una conversión de corazón y no cumplen las Mitzvot tal como lo exige el Shuljan Aruj? Muchas de estas comunidades necesitan ayuda y apoyo financiero, no para vivir día a día, sino para poder cumplir Mitzvot tan sencillas como Tefilín, Talit, Mezuzot, construcción de Mikvaot, porque sencillamente son comunidades muy pequeñas o porque los costos se salen de su presupuesto promedio; empero, eso no les quita bajo ninguna circunstancia su estatuto de judío y sin embargo allá están, recluidos, rechazados, apartados de los otros judíos de las comunidades tradicionales; es más, ha habido casos en los cuales se ha prohibido que se les ayude financieramente para los propósitos anteriormente mencionados; entonces, ¿podemos considerar que estamos amando a los conversos? ¿Cómo me puedo llamar judío Shomer Mitzvot cuando cometo este tipo de transgresión? Y si nos vamos a la puntualidad de la Halajá no es una transgresión sino mínimo dos porque al haber culminado una conversión ya no sólo es converso sino también judío y es nuestra obligación amar a todo judío como a nosotros mismos; es más, a eso podemos adicionar las Mitzvot de no oprimir al converso ni al judío y en esa línea de ideas podemos continuar con unas cuantas Mitzvot más que van de la mano de esta. En este punto podemos afirmar rotundamente que para ser judío Shomer Mitzvot hay mucho más que solo ser Kasher y cumplir Shabat.

El problema principal con este rechazo hacia el converso es que estamos creando un converso solitario, alejado, apartado de su comunidad judía, de sus hermanos, estamos creando a un judío abandonado porque una vez convertido, el converso es judío y ya no es converso ni prosélito, sencillamente es un judío más, un judío más que a diferencia de los demás decidió abandonar su historia, su pasado, sus costumbres, su familia, sus creencias, para unirse a las nuestras, para que nuestro Dios sea su Dios, un judío que se convirtió al judaísmo por amor a Dios y sin ninguna reserva para aceptar todo nuestro legado, para que nuestras leyes sean sus leyes y aún así vemos este tipo de atrocidades y crímenes silentes que suceden día a día. Entonces, ¿con qué cara puede decir alguien que se comporta de esta manera que ama a un converso o que cumple todas las Mitzvot y Halajot de nuestro judaísmo?

Si regresamos a la pregunta inicial acerca del orden de las Mitzvot podemos ver cómo la explicación de Jazal toma sentido cuando nos enseña que al amar al converso demuestro mi temor (amor) a Dios, me acerco a Dios porque estoy cumpliendo todas Sus Mitzvot sin excepción alguna; entonces, al agradecer a Dios, por estar satisfechos, debemos recordar que nosotros fuimos extranjeros en la tierra de Egipto, en donde pasamos penumbras y hambre; por consiguiente, sabemos en carne propia lo que es ser un extranjero y nos podemos identificar con su situación y por ende es obvio que después de agradecerle a Dios por estar satisfechos aparezca la Mitzvá de amar al converso, pues de esa manera demuestro mi temor (amor) a Dios y lo eternamente sabio de Su sagrada Torá. Entonces, ¿qué estamos haciendo para que el converso se sienta amado, para que no se sientan recluidos, rechazados y alejados más allá de proclamarlo para nosotros mismos? ¿Hasta qué punto realmente estamos cumpliendo esta Mitzvá todos los días de nuestra vida?



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