2025-04-04 [Num. 1029]


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Artículos  - Israel y Sionismo

Jaime Kaplinski

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Por Jaime Kaplinski
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7 10 2023

2024-12-24

Sar el aim 2024

Ese día despertamos con la noticia. Israel estaba en guerra. Sin saber aun acerca de la barbarie, sevicia y crueldad del ataque, no importó si eran civiles o no, ni la edad o condición, conocer la cantidad de secuestrados me dejo sin palabras. Acerca de todo esto nos iríamos enterando paulatinamente, aumentando la sensación de impotencia; cambiaría para siempre lo que sentimos como judíos, la evolución de los acontecimientos en todo el planeta nos llevó a darnos cuenta de lo solos que estamos en este mundo.

En la AIM, comenzamos al igual que en otras organizaciones, a realizar colectas y buscar maneras de ayudar.

En lo particular no quería limitarme a donar, quería hacer más, de manera que comencé a buscar en internet voluntariados y llené varios formularios de distintas entidades, las cuales, a la vuelta de algunos dias, respondían agradeciendo mi interés, pero indicaban que superaba la edad límite requerida.

Transcurridos algunos dias me encontré con Angel Calderón, quien me manifestó que también estaba en la misma búsqueda y que había encontrado la página www.sar-el.org ,  entidad perteneciente a las IDF, la cual no ponía impedimento alguno a la edad. 

Llenamos los formularios indicados y al contar al respecto, más gente nos comentó de su interés en unirse a nosotros, llegando a ser 22 los candidatos.  Aunque por diversos motivos solo 9 personas viajamos por periodos que variaban de algunos dias hasta tres semanas.

Contar con el apoyo de mi familia me reconforto y aunque no estuvieran totalmente de acuerdo, todos entendían que estaba haciendo lo correcto.

Sin tener muy claro qué haríamos, sabíamos que estaríamos en alguna base del ejército, en apoyo logístico. 

Desde el punto de encuentro asignado, fuimos trasladados a una base, donde al llegar se nos entregaron uniformes de trabajo. En el mío, al cabo de unos dias encontré una sorpresa en un bolsillo:

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Dadas las circunstancias obviamente no me importó.

Fuimos asignados a nuestra vivienda temporal, separados hombres de mujeres y fuimos conociendo de a poco a nuestros compañeros de aventuras, gente de Canadá, USA, Francia, Argentina, Panamá, Colombia, Chile, Ecuador, Holanda y más, también de Hungría.  Con estos últimos, solo podíamos comunicarnos por señas dado que no teníamos ningún idioma en común, (pero al despedirnos lo hicimos con un gran y emotivo abrazo, ya éramos hermanos).

Posteriormente nos asignaron nuestras tareas, las cuales variaban día a día acorde a las necesidades: empacar las cajas de raciones, separar la ropa en buen estado de la que no, arreglar equipo de cocina de campamento, armar surtidores de combustible portátiles, verificar el estado de los kits de primeros auxilios e incluso asear el comedor antes de Pesaj, fueron algunas de las muchas tareas realizadas.

Encontrar la cabeza de una bala dentro de una cantimplora perforada, me recordó la importancia de lo que hacíamos, esa cantimplora probablemente salvo una vida. 

Una Madrija, al enterarse de que había un grupo de colombianos, se voluntarizó a ser nuestra coordinadora y asi nos encontramos con Yael Cuperman, quien nos acompañó una semana, la última de su servicio militar. 

Compartíamos alojamiento a veces en carpa o en edificio, camas tipo camarote, los ronquidos eran comunes, la inundación de la carpa, el aseo de baños, todo parte de la vivencia y lo aceptamos sin queja alguna. 

Recibíamos tres comidas al día, muy buenas y abundantes y al finalizar las tareas diarias, actividades educativas, recreativas o paseo según el caso y circunstancias.

Esta experiencia nos llevó a conocernos mejor y afianzar la amistad no solo entre quienes fuimos de Colombia, sino a estrechar lazos con gente de diversos países y creencias religiosas, (los judíos éramos minoría), pero todos unidos con el ánimo de ayudar y con muchos de ellos continuamos en contacto.

Un día, a la hora del almuerzo, conversando con un voluntario americano, descubrimos que habíamos estado en la misma unidad del ejército al mismo tiempo y aunque no nos reconocimos, reencontrarnos despues de más de 40 años fue muy emocionante, seguimos en comunicación.

También fue muy gratificante, recibir las muestras de agradecimiento o reconocimiento que nos brindaba el personal en las bases, a veces a través de una simple mirada que lo decía todo y pensar que nuestra labor representaba que un soldado pudiera pasar unas horas o quizás dias con su familia nos llenó de orgullo, alegría y satisfacción. 

Aunque acabe pronto la guerra, las necesidades y el trabajo estarán aún muy lejos de finalizar y se requerirá aún más ayuda. 

Pienso en repetir la experiencia y si alguien se quiere unir a esta vivencia, ¡¡¡bienvenido¡¡¡


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