2018-07-22 [Num. 679]


Columnistas  - Halajot en la Actualidad

Las hijas de Moab y la continuación de los matrimonios mixtos

Por Rav Daniel Shmuels
Daniel shmuels
2018-06-27

Wedding

En la Parshá de esta semana leemos como los hijos de Israel pecaron con las hijas de Moab, yendo tras la lujuria que ellas les provocaron, lo cual llevó a que recayera sobre ellos una plaga que mató a un total de 24,000 judíos. Nuestros sabios nos enseñan que esta es una de tantas prevenciones que la Torá nos da en relación con la prohibición de matrimonios mixtos. Si bien en el caso de nuestra Parshá el asunto radica más hacia la lujuria que sentían los hijos de Israel por las moabitas, más allá de qué tal unión terminase en matrimonio o no,  para nuestros sabios del Talmud matrimonio o lujuria en cualquier caso es una ecuación que como resultado siempre termina con el mismo pecado. 

De cualquier forma, los ejemplos bíblicos hasta ese punto nos evidencian un proceder muy diferente por parte de nuestros antepasados; por lo menos en relación con los matrimonios mixtos, lo cual resulta para nuestros sabios como la principal enseñanza de lo sucedido en la Parshá. El hecho es que los matrimonios mixtos eran bastante comunes como lo leemos a lo largo de la Torá. Avraham Avinu se casó con Keturah, Yehuda se casó con la canaanita Shuah, Yosef se casó con la egipcia Asenat, Moshe Rabeinu se casó con la midianita Tzipora. Entonces, ¿en dónde queda la advertencia y subsecuente prohibición para estos casos? O, ¿se puede decir que estos casos son la excepción a la regla?

La verdad es que la Torá Shebijtav no prohíbe puntualmente el matrimonio mixto per se, no en el sentido de todas las naciones foráneas a Israel. En Devarim, la Torá nos da un listado de 7 naciones canaanitas prohibidas para Israel, tanto para hombres como para mujeres. La razón que la Torá nos da es la siguiente: “Porque ellas alejarán a vuestros hijos de seguirme a Mi para servir a otros dioses y la furia del Señor se aumentará en contra vuestra y os destruirá repentinamente” (Deut 7:4). Es decir, la prohibición yace en que semejante proceder conlleva a la idolatría; de hecho, ese fue el caso de esta Parshá. Esta es la razón por la cual hasta nuestros días los matrimonios mixtos están prohibidos. De cualquier forma; eso no detuvo a toda una línea de reyes de Israel, empezando Shlomo HaMelej, a casarse con cuánta princesa foránea existiese. La prohibición ya estaba; entonces, ¿por qué los jueces como Shamshom o los Melajim de Israel se casaron con cuanta foránea pasaba en frente de ellos? Es que, ¿acaso en el judaísmo la Ley es solo para unos pero no para los que están en la cima del poder religioso, político o económico? 

Es durante el exilio babilonio, hacia el siglo sexto antes de la era común, donde el problema del matrimonio mixto se convierte en una “enfermedad” que tiene que ser erradicada del pueblo de una buena vez; de hecho, Malaji HaNavi lo llama un acto profano en contra de Dios. Es así como al regresar a Judea, Ezra HaSoifer expande la prohibición contra las 7 naciones e incluye en ella a todas las naciones foráneas a Israel. Además hace la prohibición retroactiva, obligando a todos los hombres a divorciarse si están casados con foráneas y a evacuar a los hijos de dichas uniones con sus madres para que regresen a su lugar de origen. Todo aquel que no lo haga será borrado del pueblo de Israel, nos relata el Tanaj que efectivamente todos los hombres divorciaron a sus mujeres y echaron a sus hijos no judíos para que regresaran a sus tierras de ídolos. 

Nuestros sabios del Talmud asumieron esa posición como está establecido en la Masejta de Avoda Zara 36b en donde se prohíbe matrimonio con cualquier no judío; es más, fueron un paso más allá de Ezra y en la Masejta de Kidushin 68b establecen que todo aquel que se case con un no judío no requiere de un Guet porque dicho matrimonio no es válido desde un principio. Técnicamente esa es la posición de nuestra Halajá en la actualidad; sin embargo, ello no implicó que a través de la historia no se hicieran unas cuantas excepciones que son dignas de mención de honor. 

El primer índice que tenemos de la persistencia del matrimonio mixto entre los judíos, tal vez la más popular, es la de Rav Moses de Coucy en 1236, donde legisló que este tipo de matrimonios deberían ser disueltos, por lo cual inferimos que de entrada seguía existiendo una gran cantidad de los mismos. Enseguida tenemos el código legal de Napoleón que establece que todo judío se puede casar con quien quiera; entonces, en 1808 el Gran Sanhedrin convocado por él legisla que los matrimonios mixtos no estaban prohibidos para los judíos.

A pesar de todos estos intentos de legislar y favorecer los matrimonios mixtos, nuestra Halajá sigue firme con la legislación de Ezra y la de nuestros sabios del Talmud. Empero, ello no ha evitado que muchos de los judíos en la actualidad vayan tras sus deseos y se casen con personas no judías. Esto sucede tanto en la diáspora como en Medinat Israel. La pregunta que surge entonces es, ¿hasta qué punto debe el judaísmo ser humanista y permitir matrimonios mixtos? Es más, ¿hasta qué punto las leyes de nuestra Halajá tienen que ser respetadas por todos y no solo por aquellos que no son ni jueces ni reyes ni multimillonarios? 



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