2019-12-08 [Num. 751]


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Columnistas  - Halajot en la Actualidad

Rav Daniel Shmuels

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Por Rav Daniel Shmuels
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Rav Daniel Shmuels nació en Bogotá, Colombia. Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Psicoanalista del Lacanian School of Psychoanalysis e hizo sus estudios rabínicos en el Rabbinical College of America. Inició como First Assistant Rabbi para Kohel Ohev Shalom y para La Oficina del Chief Rabbi of Florida. Miembro fundador y honorario del Beit Din Of South Florida perteneciente a los Batei Din of America. . Actualmente director del Private Shul of North Miami.

¿Frumkeit (ultra ortodoxia) para todos o para algunos?

2019-11-19

Haredi

Recientemente tuve la oportunidad de ver una película sueca bajo el título “The Awakening of Motti Wolkenbruch” (El Despertar de Motti Wolkenbruch). El título original, para aquellos que la hayan visto o la vayan a ver, resulta un poco peyorativo y supongo que por ende éste fue cambiado para fines comerciales internacionales. De cualquier forma, a pesar de ese percance esta comedia dramática nos presenta un poco la realidad del mundo ultra ortodoxo. 

Sí, a lo largo de la película hay varias fallas en cuanto a la realidad de la cotidianidad de una persona Frum (ultra ortodoxa) e inclusive de un judío ortodoxo promedio como lo es no decir Brajot antes y después de beber o comer algo, lo cual sucede en varias ocasiones, o la posibilidad de tener en el baño mágicamente una cuchilla para afeitarse o no decir Asher Yatzar (bendición después de haber ido al baño), etcétera. Pero sobrepasando esos pequeños detalles, la película no cae en el insensible y peligroso mundo de la explotación y nudismo cinematográfico; todo ello, a pesar del tono que está explícito en el desarrollo de la misma.

Obviamente este espacio específico no es para recomendar, reprochar o exponer críticas cinematográficas; empero, esta película nos abre a un tema bastante complejo, extremadamente frecuente y lamentablemente real dentro del mundo de la ortodoxia; a saber, el abandono completo del judaísmo en pro de una vida absolutamente secular. 

En el caso de esta comedia, se trata de un joven que decide abandonar el judaísmo por completo en pro del amor como único norte para llegar a la felicidad. Es factible que ese sea el caso de algunos pero definitivamente no el de todos. Lo verdaderamente importante de esta película es que nos entrega una situación que no es ajena a nuestra realidad y que no sólo pone en riesgo el judaísmo por venir de muchos judíos sino sus propias vidas. Es imprescindible subrayar este último aspecto porque muchas personas, al verse atrapadas en una ultra ortodoxia sin salida, deciden quitarse la vida. De hecho, esta situación es tan recurrente que en Estados Unidos existen grupos judíos de apoyo para ayudar a esos judíos que están pasando por dichos momentos; por ejemplo, la organización “Footsteps” (Pasos) entre otras tantas que se dedican exclusivamente a esa labor. 

Idealmente, esta película nos debería llevar a preguntarnos, más no a abruptamente confirmar nuestras terribles sospechas acerca de la ultra ortodoxia, sobre lo apropiado que es llevar a cabo una praxis ultra ortodoxa. En otras palabras, ¿es el Yiddishkeit (judaísmo) en su versión de Frumkeit el único camino para ser un judío de verdad? Respuesta simple y sencilla es ¡no! La ultra ortodoxia no es el único camino para ser un judío pleno y saludable. 

Por algún motivo que va más allá de este texto, el término de Frumkeit ha sido apropiado en los últimos dos siglos exclusivamente al mundo Haredí y Jasídico; de hecho, entre ellos hay discordia acerca de quién es el verdadero portador del Frumkeit dentro del Yiddishkeit. Lo paradójico del asunto es que la palabra “Frum” en Yiddish significa piadoso y proviene de la palabra alemana “Fromm” que también significa piadoso o devoto pero que fue utilizada en principio para designar la manera inapropiada de religiosidad de los no judíos. Tal como lo decía Rav Aharon Kotler: “Frum Iz A Galej, Erlij Iz A Yid” (Un pastor es piadoso, un judío es refinado). 

A pesar de ello, con el paso del tiempo, se apropió este término dentro del Yiddishkeit con una definición amplia y benévola que sencillamente hacía referencia a la religiosidad judía o praxis ortodoxa como lo establece el Shulján Aruj. Adelantemos el tiempo para llegar hoy en día a un concepto que compete sólo a aquellos que observan la Halajá de una manera que excede sus requerimientos básicos; es decir, Frum son exclusivamente aquellas personas que cumplen la opinión más estricta del Shulján Aruj, incluyen todos los Minjaguim de su comunidad como guía de vida y todas las Jumrot (obligaciones y prohibiciones dentro del judaísmo que exceden lo que exige la Halajá) establecidas por los rabinos.

Esto nos lleva al caso del joven Wolkenbruch, quien ha nacido en un mundo Frum pero quien ve ese mundo como un mundo oscuro y rutinario donde la alegría y felicidad no forman parte de la cotidianidad y mucho menos de ese momento tan especial como es el de encontrar una pareja. Debido a esto, Motti decide buscar la alegría y la felicidad en los caminos del mundo secular al cual ve brillante y seductor por las múltiples posibilidades que ofrece; entonces, poco a poco, va abandonado su Frumkeit  para convertirse en un “Frei” (término en Yiddish para las personas que abandonan el judaísmo ultra ortodoxo pero que literalmente significa libre) y así acceder al amor de una joven no judía. 

He aquí la idea implícita en la película; a saber, el mundo Frum es triste, oscuro, rutinario y sin amor mientras que el mundo secular es alegre, brillante, sin rutinas y con muchas posibilidades de amor. La verdad, como toda verdad, es subjetiva y ambos mundos presentan ambas posibilidades para diferentes personas. 

La realidad actual nos muestra que la única salida del mundo Frum es el abandono total; empero, nuestra sagrada Halajá y nuestro desarrollo histórico nos pueden mostrar un camino muy diferente. Partamos del punto que para muchas personas el camino perfecto es el de la ultra ortodoxia y tal compromiso consigo mismo como para los demás miembros de una comunidad es perfecto para “ellos” más no para todos.

La ultra ortodoxia no es el único camino que hay para el judaísmo; de hecho, es sólo uno de los tantos posibles caminos qué hay dentro de la ortodoxia. La Halajá nos presenta la posibilidad de una opinión Majmir (estricta) y una opinión Meikel (indulgente). En tanto un judío se mueva dentro del espectro de estas opiniones, su praxis es judía y es sin lugar a dudas ortodoxa. De regreso a nuestro ejemplo: ¡No! La única salida no es el abandono total del judaísmo para llegar a una felicidad diferente a la propuesta por la ultra ortodoxia. Es una posibilidad pero no es la única, tenemos en la actualidad la ortodoxia moderna, la ortodoxia abierta y la ortodoxia central, todas ellas permiten un estilo de vida diferente a la ultra ortodoxia posibilitando la conjunción de dos mundos equitativamente y simultáneamente. 

Obviamente esto desde la perspectiva ortodoxa, pero no olvidemos que en el mundo existen otras ramas del judaísmo que también se identifican como judíos, a pesar de las diferentes opiniones que no vienen al caso. El caso es que el abandono total del judaísmo no es la única opción que existe para alguien que desee alejarse de la ultra ortodoxia. Nuestro judaísmo presenta muchas gamas y muchas posibilidades para ser llevado acabo. Así que no nos cerremos del todo a ninguna de estas posibilidades, incluyendo la ultra ortodoxia, porque en alguna de ellas muchas personas pueden acceder a su concepto propio de felicidad y alegría.



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