2020-04-01 [Num. 767]


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Columnistas  - Halajot en la Actualidad

Rav Daniel Shmuels

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Por Rav Daniel Shmuels
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Rav Daniel Shmuels nació en Bogotá, Colombia. Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Psicoanalista del Lacanian School of Psychoanalysis e hizo sus estudios rabínicos en el Rabbinical College of America. Inició como First Assistant Rabbi para Kohel Ohev Shalom y para La Oficina del Chief Rabbi of Florida. Miembro fundador y honorario del Beit Din Of South Florida perteneciente a los Batei Din of America. . Actualmente director del Private Shul of North Miami.

De un sueño a una realidad o del principio más fundamental de la Torá

2020-03-17

Magen david

El martes anterior celebramos la festividad post bíblica de Purim. A pesar de las vicisitudes actuales, miles de judíos en Medinat Israel salieron a las calles a celebrar el milagro donde Dios nos liberó del exterminio físico hace dos mil quinientos años aproximadamente. Las Mitzvot que rodean Purim son; a saber, Kriat Meguilá (lectura de la Meguilá de Ester), Mishloaj Manot (regalos de comida), Matanot LaEvionim (dinero a los pobres) y Seudat Purim (cena de Purim). 

Algo muy interesante de todas y cada una de estas Mitzvot es que implican una comunidad, un grupo de judíos reunidos en una región o sector para poder compartir y celebrar esta ocasión; lo cual, a su vez, es el común denominador de nuestro judaísmo en general. De cualquier forma, aún en comunidades establecidas existen judíos aislados, judíos satélites que viven el judaísmo como una entidad aparte en dónde la inclusión del otro resulta más y más difícil con el devenir de las circunstancias. Este judío solitario también presenta un problema para el judaísmo porque su actuar va en contra de esa base fundamental del judaísmo que es la de interactuar permanentemente con una comunidad judía; entonces, es nuestro deber apoyarlo y ayudarlo para que su judaísmo se lleve a cabo dentro del marco comunitario.

Pero no sólo se trata del judío solitario, también tenemos el problema, cada vez más acentuado, de la exclusión absoluta entre comunidades, donde ninguna de las partes toma acción para cerrar las brechas y las diferencias existentes para establecer un pueblo judío unido. Si bien cada comunidad tiene sus propios Minjaguim (costumbres), lineamientos y estándares para aceptar a sus miembros, no vendría de más ser un poco más incluyentes también con otras comunidades. 

El milagro de Purim representa la unión de Am Israel, no sólo en arrepentimiento sino también en el regocijo de la salvación Divina de la cual somos testigos. Ese es el motivo por el cual se puede considerar a Purim como la fecha precisa para llevar a cabo este tipo de actos incluyentes, a pesar de lo mucho que nos pueda incomodar. Suena un poco descabellado pero no imposible. Y no me refiero exclusivamente a aquellas comunidades que comparten nuestra misma denominación, considero que esa es una tarea más bien fácil; empero, me refiero a esas otras denominaciones que nos atemorizan tanto por sus diferencias filosóficas, éticas y morales.

La Torá nos da el Mandamiento positivo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Lev 19:18). En muchos aspectos esta es la Mitzvá fundamental de la Torá; de hecho, Rabí Akiva en la Sifra la llama “el gran principio de la Torá”. En el Talmud, en la Masejta de Shabat 31a, vemos como Hillel establece que la totalidad de la Torá se resume, apuntalado en esa Mitzvá, en el concepto de no hacerle a los demás aquello que nos desagrada. Purim, tanto en el ayuno que le precede como en la alegría que su día representa, nos convoca a esa unificación donde nos respetamos y amamos unos a los otros. Ese amor que nos une se presentifica en la alegría que nos invade al entregar Mishloaj Manot y Matanot LaEvionim. Su cúspide es, sin lugar a dudas, la Seudat Purim donde compartimos comida y bebida para que todos seamos un solo pueblo, Am Israel, Am Ejad.

Si bien Rabí Akiva establece en la Sifra que dicha Mitzvá es la idea principal de la Torá, nuestro Taná y gran sabio Ben Azzai propone otro versículo como el más importante; entonces, la Torá nos enseña: “Este es el libro de las generaciones de Adam” (Gen 5:1). A partir de ello se presenta el siguiente argumento: Con la Mitzvá de “ama al prójimo como a ti mismo”, ocasionalmente podemos justificar herir a otros debido a nuestras diferencias, racionalizando que esos “otros” carecen los requisitos establecidos para nuestra definición de “prójimo”. En cambio, “este es el libro de las generaciones de Adam” nos recuerda que todos, absolutamente todos, judíos ortodoxos, conservadores y reformistas, blancos, negros, amarillos, absolutamente todos, el que sea, desciende y proviene de esa primera pareja, todos somos los descendientes de esos primeros padres y todos nosotros juntos somos una gran familia humana. Si todos somos una gran familia, todos nos respetaremos y amaremos mutuamente. Es por ello que ahora resulta obvio para nosotros ver la magnitud y el impacto que tiene la Mitzvá con el Pasuk de Bereshit.

Pero las palabras suelen quedar olvidadas en el aire y aquellas escritas perdidas en los anaqueles de la historia. Es por ello que decidí tomar acción y llevar a cabo un primer paso experimental para promover este respeto y amor al prójimo teniendo como base la inclusión que el Pasuk de Bereshit nos proporciona. 

Hacia Jánuca inicie la ardua labor de comunicarme con la comunidad reformista que está al final de la cuadra de nuestro Shul. Acá tenemos la fortuna de tener tres sinagogas en una cuadra y cinco en la manzana. Cabe anotar que la más imponente físicamente es la reformista en tanto las demás son ortodoxas pequeñas y básicas. En principio fue un poco difícil establecer una comunicación libre con el rabino de la comunidad reformista; empero, logramos tener una primera reunión donde expresé mi deseo por intercambiar experiencias y así promover más unión e inclusión de uno y otro lado. Estando ambos de acuerdo en el objetivo a seguir, nos tomó dos meses de reuniones con presidentes, juntas directivas, y comités religiosos para determinar un plan a seguir. 

Mi objetivo inicial estaba encaminado hacia Pesaj; sin embargo, Hashgajá Pratit (Supervisión Divina), las ideas fueron surgiendo para que se llevara un primer acto inter-comunitario. Llegamos a la decisión que lo más conveniente para nuestras respectivas Keilot era dividir actos en cada una de las sinagogas en donde ambas congregaciones estuvieran juntas. Debido a que subrayamos los deberes y obligaciones que tenemos en la ortodoxia, y dado que ellos tienen una mujer Baal Kore, lo más viable era tener ambas lecturas de la Meguilá en nuestro Shul, incluyendo el acto de los tres medios Shekalim que entregamos antes de la lectura. Por su lado, la Seudat Purim sería llevada a cabo en el salón de comidas de la sinagoga reformista. Las palabras me abandonan al intentar explicar lo magnifico y grandioso que fue para todos nosotros tener semejante experiencia. Unos y otros nos unimos para celebrar el milagro de Purim, unos y otros nos unimos para celebrar el sueño de unificar a todo Israel en una escala microscópica, aceptando nuestras diferencias y reconciliando nuestros objetivos comunes.

No, no pretendemos que ellos se conviertan a la ortodoxia ni viceversa. Y eso es precisamente el punto. El punto es que desde y a pesar de nuestras diferencias, ellos también son nuestro prójimo porque todos descendemos de Adam y Java; entonces, por ende, tenemos que amarlos como a nosotros mismos. Logramos abrir muchos canales y opciones para nuestras propias comunidades y para nuestros comunitarios; sobre todo, logramos y lo digo con gran orgullo y optimismo, unificar e incluir a todo aquel que se denomina judío en varios actos cuyo único fin es el de celebrar nuestra existencia como judíos gracias a la Providencia Divina de nuestro creador. Celebramos Purim como Am Israel, como Am Ejad y eso debería ser nuestro objetivo permanente. 



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