2019-11-18 [Num. 748]


Columnistas  - Halajot en la Actualidad

Rav Daniel Shmuels

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Por Rav Daniel Shmuels
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Rav Daniel Shmuels nació en Bogotá, Colombia. Psicólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Psicoanalista del Lacanian School of Psychoanalysis e hizo sus estudios rabínicos en el Rabbinical College of America. Inició como First Assistant Rabbi para Kohel Ohev Shalom y para La Oficina del Chief Rabbi of Florida. Miembro fundador y honorario del Beit Din Of South Florida perteneciente a los Batei Din of America. . Actualmente director del Private Shul of North Miami.

El día de la madre

2016-05-12

Mother

Es nuestro deber como judíos estudiar Torá todos los días de nuestras vidas; una de las formas como llevamos a cabo ello, entre otras tantas, es leyendo la porción respectiva de cada día de la Parashá de la semana. La primera porción de Kedoshim, la que se leyó en Yom Rishon, nos da la Mitzvá positiva de temer a padre y madre (Lev 19:3); paradójicamente, ese mismo día el mundo occidental celebró la muy comercializada festividad del día de la madre. La pregunta que nos concierne en esta ocasión es si la Halajá, o el judaísmo en general, permiten dicha celebración. 

Para responder esta pregunta continuaré con la segunda Mitzvá de Kedoshim; a saber, "no alejarse para llevar a cabo adoración de ídolos" (Lev 19:4). Como todos lo sabemos, esto quiere decir que no debemos seguir los caminos de las demás naciones en sus costumbres; mucho más aún, si ellas están arraigadas en adoración de ídolos. Es más, la Torá misma insiste en este punto, justo después de decirnos que debemos temer a padre y madre, cuando nos dice: "Pero vosotros debéis observar Mis Shabatot" (Lev 19:3). Esto quiere decir que aun cuando debemos amar, honrar, respetar y temer a nuestro padre y madre, no los debemos escuchar si ellos nos dicen que no observemos el Shabat de Dios o cualquier otra Mitzvá. Es decir, bajo ninguna circunstancia nos debemos apartar de nuestras Mitzvot, de nuestras tradiciones y de nuestras costumbres, puesto que al continuar con ellas honramos a padre y madre, así ellos no cumplan con todas las Mitzvot de la Torá. Por consiguiente; la Halajá, indirectamente, prohíbe celebrar el día de la madre, o bueno, por lo menos como lo conocemos hoy en día en más de 46 países del mundo, ese segundo domingo de mayo de cada año porque, como lo veremos, su origen está arraigado en costumbres paganas e idolatras.

Pero, ¿cómo puede ser posible que celebrar el día de la madre sea hacer idolatría? No es un mandamiento positivo honrar a la madre y por consiguiente, ¿no sería celebrar el día de la madre llevar a cabo esa Mitzvá? Para entender esta prohibición indirecta de nuestra sagrada Halajá es necesario entender el concepto Halájico de "seguir costumbres". Tal concepto hace referencia a "actos" cuyo fin primordial es enaltecer otros dioses e incluye acción, discurso, pensamiento y hasta mirar dichos actos (Lev 19:4). La Halajá no hace referencia a ideas (léase objetos o procederes) que provengan de otras culturas y de las cuales podamos tomar provecho.

Ahora bien; en cuanto al origen de esta costumbre y su indirecta prohibición es necesario entender su origen idólatra a nivel histórico. Entonces desde esa perspectiva, podemos observar que la celebración del día de la madre más antigua de la cual se tiene registro es la del festival de primavera que los griegos hacían en honor a la diosa madre, la diosa Rhea, esposa de Cronos. Después tenemos a los romanos que tenían otra fiesta de primavera llamada Hilaria, dedicada a la diosa madre Cybele, celebración que aparece unos 250 años antes de la era común. Enseguida tenemos a los cristianos que deciden honrar a la madre de su dios, la virgen María, en el cuarto domingo de lo que ellos llaman Cuaresma.

Ahora bien, es hacia 1600 que en Inglaterra los cristianos deciden expandir esta celebración no sólo para la virgen María sino para todas las madres y entonces ese domingo particular, era el domingo en el cual los niños le regalaban flores a sus madres aparte de honrar a la diosa madre, en lo que los ingleses llamaron el domingo maternal. Es de dicha práctica que la norteamericana Julia Ward Howe obtiene la idea en 1872 que se celebre el día de la madre en junio 2 de cada año; empero, su enfoque ya no es religioso, por el contrario, es activista, pacifista, social y lo que hace es poner a la madre como símbolo de paz para así oponerse a la guerra, un día de paz mundial en honor a las madres. Sin embargo, ese enfoque no religioso, el único entre tantos, no logró ser reconocido y es solo hasta 1908 que Anna Jarvis logra institucionalizar el segundo domingo de mayo de cada año como el día de la madre; ello, en honor a su madre fallecida, haciendo un servicio honorífico en una iglesia metodista. Desde este enfoque se puede observar como una festividad plagada de idolatría.

Mencioné a la escritora Julia Ward porque si esa fuese la esencia original del día, tendría mucho sentido llevar a cabo este día sin ningún inconveniente, en dicho caso no se estaría honrando ningún ídolo, se estaría luchando por un objetivo común mundial, un día de paz; pero, la señorita Jarvis dista de una figura social o activista y en cambio desea perpetuar la ascensión de la virgen María con el fallecimiento de su madre en un día que conmemore a todas las madres. Una idea que obviamente contradice principios básicos que la Torá nos enseña y repite una y otra vez. Pero, ¿es esta celebración hoy en día una ofrenda idolatra? Estoy totalmente seguro que en la actualidad ningún hijo, judío o no judío, está pensando en Rhea, Cybele o en la virgen María cuando decide honrar a su madre en este día, sencillamente desea desde lo más profundo de su corazón demostrar su agradecimiento y amor a esa mujer que le ha dado la vida, simplemente es un día común en el cual se desea honrar a la madre.

Ahora bien, lo que sí es cierto es que el concepto de temer a padre y madre, de honrarlos, de respetarlos, no es cosa de un solo día, es una labor de toda una vida y no se refleja en flores o regalos en un día específico. Sin embargo, la idea de escoger un día particular para recordar específicamente la magnífica labor que, en este caso, nuestra madre ha hecho, es excelente y no va contra la Halajá. Lo expongo de la siguiente manera: Así como Dios nos ordena recordar el éxodo de Egipto todos los días de nuestras vidas, Mitzvá que cumplimos al recitar el Shemá, igualmente nos ordena celebrar la festividad de Pesaj anualmente para recalcar la importancia que este hecho tuvo para nosotros como nación. Es de igual manera que tenemos que temer, honrar, respetar y en general amar a nuestra madre todos los días, solo que agregando un día específico para este reconocimiento.

La Halajá no legisla celebrar el día de la madre; sin embargo, dentro del mundo Jasídico y algunos grupos Sefaradim, existe un día judío de la madre; a saber, el 11 de Jeshvan, ese es el día que nuestra matriarca Raquel murió. Esta tradición surge de conceptos kabalísticos en donde a nivel de Guematria, si se cuenta desde el inicio del año hasta el 11 de Jeshvan, da un total de cuarenta y un días, el número 41 es el valor numérico de la palabra "Eim" que significa madre; por consiguiente, el 11 de Jeshvan es, de acuerdo a esta tradición, el día judío de las madres. Dentro del Mejaber no aparece tal día y tampoco aparece como un día especial en nuestros calendarios, pero si nos fuésemos a entregar a este día conmemorativo, creo que lo más apropiado sería seguir esta tradición en lugar de una que está basada en idolatraría (por más que hoy en día no exista el más mínimo trazo de ella). Lo interesante de todo esto es que entonces Jeshvan, conocido como Mar Jeshvan, el Jeshvan triste, ya no sería Mar, sería orgullosamente Jeshvan, como cualquier otro mes porque en él celebramos el día judío de las madres.



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